Poemas de grandes poetas

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Jesús Ángel Morato © 2011. Poemas de amor

Muchacha de fresa y de limón.

Muchacha de fresa y de limón.
La luna vino y se fue.
Caramelo de limón, desde que te fuiste
no suena tu voz
en el eco de la habitación.
Tiene la sonrisa ocre
y ha perdido su color.
Caramelo de fresa,
luna de algodón.
Las espigas al aire
y los labios con hambre.
Tu falda es una fiesta
de tardes de esperanza
y campos sin tristeza.
Muchacha de fresa y de limón,
a veces solitaria piedra
y a veces ligera ala vana.
Muchacha de fresa y de limón,
¿dónde está tu sonrisa
y dónde dejé mi ilusión?
Muchacha de fresa y de limón.

4

Mi música

Eres mi música,
beso tus labios primerizos
donde evoco tus latidos.
Repito el beso.
Mis mejores momentos contigo.
Falsos mitos de enamorados inquietos,
solitarios placeres de amantes;
la canción de los cuerpos.
Si te amo, te lo dije y te lo digo.
Donde estás, como estás.
Despacio y única.
Eres mi musa y música
de los días de viento
y de las noches de ira.
Do, re, mi te quiero,
solitaria, lasciva, silenciosa,

musa de notas de amor.

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Fumo porque no tengo tu boca.

Lo de beber es una opción alternativa.
¿ O en serio alguien se cree
que por consumir este líquido color caramelo,
tú vas a salir de mi cabeza?

Se puede perder el equilibrio
pero nunca la memoria.
La realidad es que querer olvidar,
es el modo más estúpido de recordar para siempre.

Y yo cada día estoy más seguro de que la felicidad,
solo depende del paisaje
y que el paisaje que puede hacerme feliz,
solo depende de ti.

Y nunca vuelves.
Porque volver si ya te has ido es llevarse la contraria.

Lo malo del cariño,
es que cuando te acostumbras a él,
el amor se parece demasiado a una madre.
No sé si me lo dijiste o lo he soñado.
Pero es cierto.

¿ Como nos íbamos a desear,
si ya no sabíamos insultarnos?

E ignoramos a conciencia que el placer
comenzaba en las rodillas,
que lamer más que un verbo era un idioma.
Y aprendimos a apagar las luces,
pues una vez se conoce el camino del orgasmo,
la rutina se hace cargo de recoger los gemidos.

Pero sin ti la rutina,
nunca es lo mismo que contigo.

Y creo que estoy viviendo demasiado rápido,
para morir tan viejo,
demasiado triste,
para soñar contigo.
Y creo que me estoy queriendo demasiado poco
por quererte tanto.
y fumando demasiado a pecho
por no hallar tus labios.

Y nunca vuelves.

Y yo ya no sé del todo,
si aún tu risa es mi canción preferida,
las veces que te pienso riendo con otros
firmo guerras nucleares en las aceras del barrio donde vives.

Porque yo nunca he sabido amar sin egoísmo,
ni pude desear la felicidad en el amor si no era mutua.
Si la guerra era tu nombre cualquier paz,
era un campo de batallas.

Así de triste.
Como cuando descubres que los amigos son los padres.
O recibes un correo sin posdata.
Así me hallo.
Como cuando se difumina la cicatriz que te recuerda que fuiste niño.
Como observar que en el banco donde nos dimos el primer beso
han puesto una rotonda,
para que gires sin sentido buscando un amor
que se han llevado otros labios.

Así de estúpido.
Como decir te quiero a un número que ya no existe.
O hacer aviones de papel por si vinieras
no descubrieras que ahora tengo miedo a volar.

Pero nunca vuelves.

Y fumo.

— Ernesto Pérez Vallejo, Hola ¿tienes fuego?.

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POESIAS

A veces se ilumina lo que es sombra

A veces se ilumina lo que es sombra, otras veces
lo que es noche perpetua para mi pensamiento,
y sé cómo coinciden las aves y los peces,
los hombres y los árboles, la eternidad y el viento.
Pero también a veces la noche se ilumina
con el relámpago triste hasta lo más lejano;
y no comprendo entonces el rencor de la espina,
ni los pozos sin agua, ni los surcos en vano.
Y así es mejor ser ciegos, vagar en las tormentas
y olvidar las preguntas que nadie nos responde;
y seguir en las sombras, peregrinando a tientas
sin saber hasta cuándo, ni por qué, ni hasta dónde.

José Ángel Buesa

Un beso escrito

Quiero encontrar algo que me ayude a hacerme viejo
Algún recuerdo que de niño fuera un secreto
Quiero llevar algún beso escrito en la cara
Que me levante la sonrisa cuando piense que no queda nada
quiero encontrar una canción que sepa lo que digo
una montaña que pueda llevar en los bolsillos
quiero soñar cada vez que habra los ojos
y olvidar todo verbo que no rime contigo
quiero encontrar una razón para estar vivo
una puerta abierta, un libro en blanco, un amigo
quiero llevar tu reflejo escrito en los ojos
y un poema en la memoria guardado junto a tu foto
Y pasaré cada noche que pueda contigo
Si vuelvo a verte se que será ese mi castigo
Que rocen tus labios con el aire que roza los mios
Y que sea ese aire mi eterno enemigo.

Daniel Sánchez

Tu nombre

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.

Jaime Sabines

Me doy cuenta de que me faltas

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

Jaime Sabines

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Poesías José Ángel Buesa

Veinte años,amiga.

Veinte años,amiga.Y hoy al verte de lejos,
evoque a la muchacha gentil de mi canción.
Y aprendí, en un suspiro,que vamos siendo viejos,
aunque nunca envejezca del todo el corazón.
Veinte años,amiga.Y al decir  “veinte años “,
mi corazón añade:” separado de ti …”
Y pensar que hoy nos vemos igual que dos extraños;
y saber que las rosas se marchitan así…
Veinte años ,amiga,Como duele el olvido.
Pero las cosas pasan y queda la ilusión;
y, aunque con tu belleza tu juventud se ha ido,
tu sigues siendo joven y bella en mi canción…

Era mi amiga.

Era mi amiga, pero yo la amaba
yo la amaba en silencio puramente,
y mientras sus amores me contaba
yo escuchaba sus frases tristemente.
Era mi amiga, pero me gustaba
y mi afán era verla a cada instante.
Nunca supo el amor que yo albergaba
porque siempre me hablaba de su amante.
Era mi amiga para todo el mundo
porque a nadie mi amor yo confesaba,
pero yo la quería muy profundo
y forzosamente me callaba.

Era mi amiga, y mi cuerpo sentía
estremecer si ella me miraba,
al oírla junto a mí feliz me hacía
más de este amor ella nunca supo nada

y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,
era mi amiga, pero yo la amaba.

Brindis.

He aquí dos rosas frescas,

mojadas de rocío:

una blanca, otra roja,

como tu amor y el mío.

Y he aquí que, lentamente,

las dos rosas deshojo;

la roja, en vino blanco;

la blanca, en vino rojo.

Al beber, gota a gota,

los pétalos flotantes

me rozarán los labios,

como labios de amante;

y, en su llama o su nieve

de idéntico destino,

serán como fantasmas

de besos en el vino.

Ahora, elige tú, amiga,

cuál ha de ser tu vaso:

si éste, que es como un alba,

o aquél, como un ocaso.

No me preguntes nada:

yo sé bien que es mejor

embriagarse de vino

que embriagarse de amor…

Y así mientras tú bebes,

sonriéndome -así,

yo, sin que tú lo sepas,

me embriagaré de ti.

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POEMA – A CASTILLA – DE MANUEL MACHADO

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
…El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder… ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal responde… Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules y en los ojos lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
«¡Buen Cid, pasad…! El rey nos dará muerte,
arruinará la casa,
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja…
Idos. El cielo os colme de venturas…
¡En nuestro mal, oh Cid no ganáis nada!»
Calla la niña y llora sin gemido…
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita «¡En marcha!»
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.

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Antonio Machado

Amada, el aurea dice

Amada, el aurea dice
tu pura veste blanca…
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

El viento me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña…
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

En las sombrías torres
repican las campanas…
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

Los golpes del martillo
dicen la negra caja;
y el sitio de la fosa,
los golpes de la azada…
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

Desde el umbral de un sueño me llamaron…

SUEÑO

    Desde el umbral de un sueño me llamaron…
Era la buena voz, la voz querida.

    —Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?…
Llegó a mi corazón una caricia.

    —Contigo siempre… Y avancé en mi sueño
por una larga, escueta galería,
sintiendo el roce de la veste pura
y el palpitar suave de la mano amiga.

La Mancha y sus mujeres… Argamasilla, Infantes

LA MUJER MANCHEGA

  La Mancha y sus mujeres… Argamasilla, Infantes
Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes,
y del manchego heroico, el ama y la sobrina
(el patio, la alacena, la cueva y la cocina,
la rueca y la costura, la cuna y la pitanza),
la esposa de don Diego y la mujer de Panza,
la hija del ventero, y tantas como están
bajo la tierra, y tantas que son y que serán
encanto de manchegos y madres de españoles
por tierras de lagares, molinos y arreboles.

  Es la mujer manchega garrida y bien plantada,
muy sobre sí doncella, perfecta de casada.

  El sol de la caliente llanura vinariega
quemó su piel, mas guarda frescura de bodega
su corazón. Devota, sabe rezar con fe
para que Dios nos libre de cuanto no se ve.
Su obra es la casa —menos celada que en Sevilla,
más gineceo y menos castillo que en Castilla—.
Y es del hogar manchego la musa ordenadora;
alinea los vasares, los lienzos alcanfora;
las cuentas de la plaza anota en su diario,
cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.

  ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego,
dos ojos abrasaron un corazón manchego.

  ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea?
¿No es el Toboso patria de la mujer idea
del corazón, engendro e imán de corazones,
a quien varón no impregna y aun parirá varones?

  Por esta Mancha —prados, viñedos y molinos—
que so el igual del cielo iguala sus caminos,
de cepas arrugadas en el tostado suelo
y mustios pastos como raído terciopelo:
por este seco llano de sol y lejanía,
en donde el ojo alcanza su pleno mediodía
(un diminuto bando de pájaros puntea
el índigo del cielo sobre la blanca aldea,
y allá se yergue un soto de verdes alamillos,
tras leguas y más leguas de campos amarillos),
por esta tierra, lejos del mar y la montaña,
el ancho reverbero del claro sol de España,
anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día
—amor nublóle el juicio: su corazón veía—.

  Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano
eterna compañera y estrella de Quijano,
lozana labradora fincada en tus terrones
—oh madre de manchegos y numen de visiones—,
viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera
cuando ta amante erguía su lanza justiciera,
y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.

Aquel amor de fuego era por ti y contigo.

    Mujeres de la Mancha con el sagrado mote
de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.

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