El amor en los tiempos del cólera.

El amor en los tiempos del cólera – Tráiler español

La historia se desarrolla en Colombia, finales del siglo XIX y principios del XX, un país sumido en la más cruda pobreza y en guerras civiles y a donde por desgracia llega el cólera.

Allí vive un joven que se enamora de una chica de su edad, pero las diferencias entre ambos son muy grandes en todos los aspectos. Con el paso de los años la chica se casa con otro hombre y el joven tiene diversas aventuras con mujeres de distinta índole, pero su amor por la chica es tan grande que es capaz de esperar más de 50 años con tal de intentar conseguir su correspondencia. 

Está dirigida por : Mike Newell y protagonizada entre otros por : Javier Bardem, Giovanna Mezzogiorno, Bejamin Bratt, Liev Schreibber  entre otro. 

Título: El amor en los tiempos del cólera

Título original: Love in the time of cholera

Año: 2007

Duración: 139 minutos

País: EE.UU.

Género: Drama

Fecha de estreno

España: 18 de Enero 2008

Estados Unidos: 16 de Noviembre 2007

Reino Unido: 21 de Marzo 2008

El amor en los tiempos del cólera

La inolvidable novela de Gabriel García Márquez es llevada por primera vez al cine. Javier Bardem interpreta a Florentino Ariza, un hombre que esperó cincuenta años por la única mujer que amó.

 Luego de más de veinte años de su primera edición, “El amor en los tiempos del cólera”, la gran novela de Gabriel García Márquez, tiene su primera y conmovedora versión cinematográfica.

Con el visto bueno del escritor colombiano, el director británico Mike Newell convocó a un elenco nutrido de actores latinoamericanos, y que encabeza el español Javier Bardem, en otra soberbia demostración de su talento.

Newell logró rodar gran parte del film en Cartagena de Indias, en Colombia, el mismo paradisíaco lugar en el que se desarrolla historia de un hombre que espera más de cincuenta años por su único amor verdadero.

Javier Bardem interpreta a Florentino Ariza, un poeta y telegrafista quien descubre a la pasión de su vida cuando ve a Fermina Daza (Giovanna Mezzogiorno) a través de la ventana de la villa de su padre. Por medio de una serie de cartas apasionadas, Florentino gradualmente va despertando el amor de la bella joven, pero su padre (John Leguizamo) está furioso cuando se entera del romance y jura mantenerlos por siempre separados.

Con el paso de los años, Fermina se casa con el sofisticado aristócrata Dr. Juvenal Urbino (Benjamín Bratt), quien ha llevado el orden y la medicina a Cartagena, deteniendo las oleadas de cólera que de manera misteriosa atacan a la ciudad. El Dr. Juvenal la lleva a París en donde permanece durante años, y cuando regresan para comenzar sus vidas de nuevo en Cartagena, ella casi no recuerda a su primer y olvidado amor.

Pero Florentino no se ha olvidado de ella. Ahora, ya como un acaudalado dueño de barcos, Florentino se involucra en una serie de asuntos pero aún añora a Fermina. Su corazón es paciente, y esperará toda una vida porla oportunidad de estar de nuevo con ella.

ernesto___Luna____Sol__

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Carteles

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imagenERNESTO

CINE

Así empezó el cine
La historia del cine comienza a finales del siglo XIX,
cuando el 28 de diciembre de 1895 los hermanos
Lumière proyectaron publicamente la salida
de obreros de una fábrica francesa en París.
 Antoine Lumiere se inspiró en la invención
 del americano Thomas Edison, el
 “kinetoscope”, para crear el dispositivo
 cinematográfico. El éxito de este invento
fue inmediato, no sólo en Francia,
 sino también en toda Europa y en
 Estados Unidos. En un año los
 hermanos Lumiere creaban más
 de 500 películas, entre las más
conocidas: “Arrivée d’un train en gare
de la Ciotat”, “Le goûter des
 bébés”, “La charcuterie
 mécanique”… Las “vues Lumiere”
 se definen por su carácter documental,
marcada por la ausencia de actores
y los decorados naturales, la brevedad,
la ausencia de montaje y la posición fija
 de la cámara. El desarrollo de las nuevas
 técnicas cinematográficas, de una mayor
 narratividad y la elaboración de los
 primeros guiones de ficción, provocó
 que los hermanos Lumière quedaran
en segundo plano en el crecimiento
 de su cinematógrafo.
Nacionalidad:
 
Egipto. 
 

Actores:
Amin Atallah
Istephan Rosti
Por qué se ríe el mar (1928)

Sinopsis: Es la primera película en la historia del

cine egipcio. Cuenta la historia de un policía de tráfico

que por ser fiel a su trabajo es expulsado de su puesto.

 Recorre todos los sitios en busca de una nueva

oportunidad, trabajando como socorrista, camarero,

 traductor, pero siempre se encuentra ante

 la misma suerte: el supuesto fracaso y  la expulsió

del trabajo. Al final decide suicidarse,

 pero en eso también fracasa en su intento.

Hija de la noche 1929
Nacionalidad:

Egipto.
Actores:
Aziza Amer,
Ahmed Alam,
 Abas Fares,
Hasan Albaroudi
Sinopsis: Cuenta la tragedia de una mujer que pierde a su gran amor por el rechazo

 de su familia. Mufida (Aziza Amer) se enamora

 de un arqueólogo que tiene que continuar

 sus estudios en el extranjero, durante

 su viaje, la familia de Mufida pretende

casarla con hombre al que no conocía.

 El día de la boda Mufida envía

 un telegrama a su novio que acababa

de volver de viaje y mientras éste se

 dirige al lugar de la boda le atropella

 un coche y muere, su novia entra en

estado de depresión que acaba con

 sus capacidades mentales.

Ghada del desierto 1929.

Nacionalidad:
Egipto.

Actores: 
Asia
Abdul-Salam Nabolsy

Sinopsis: Una historia sobre el amor en

 el desierto, las revalidades tribales.

 Selma (Asia) es la joven cuya belleza

es el pan de cada día para los que viven

en el desierto. Abuzaid, un jefe de

 un tribu, decide secuestrarla y casarse

con ella, cosa que logra después

de muchas batallas y traiciones.

 Años más tarde, Selma consigue

escapar y volver a su tribu para

casarse de nuevo con el joven

 al que amaba desde su adolescencia.

Bajo la luz de la luna 1930

Nacionalidad:
 Egipto

Actriz:

 Insaf Rushdi

Sinopsis: Es la historia de una larga

revalidad entre un joven campesino

 y un terrateniente para ganar el

 corazón de una mujer. El terrateniente

utiliza todo su poder y sus contactos

 para alejar al joven campesino de

la zona y presionar a los padres de

la chica para aceptar un

 matrimonio entre él y su hija. 

Crimen de la medianoche 1930

Nacionalidad:
Egipto.
Actores:
Nadia Areslan,
Alawia Jamil

Sinopsis: Una historia de amor entre

 una chica joven y su vecino (Fajri).

 La madre de la joven está al borde

 la muerte. Para que su hija pueda

 heredarle, la madre impone una

 condición: casarse con joven

 de la familia (Ahmad) al que

 la chica detesta. Ante el rechazo

 de la hija y su insistencia por

fidelidad a su novio y al saber

Ahmad que el testamento no se

 ejecuta se la hija siguieses

rechazándole, decide matar

a la madre para condenar la hija a la miseria.

El secreto del doctor Ibrahim 1934

Nacionalidad:

 Egipto.
Actores: 
Aquila Ratib

Mujtar Husein
Riad Al-Kasbaji

Sinopsis: Doctor Ibrahim es un hombre

muy discreto, ocupa un cargo muy sensible

 en el Estado. Por la delicadez de su cargo,

 el doctor Ibrahim elude mencionar cualquier

 detalla sobre la naturaleza de su trabajo

incluso a los familiares más cercanos.

 Ante el silencio del doctor sus familiares

 sospechan que esté inmerso en el mundo

del crimen y empiezan a investigarle

hasta descubrir su equivocación.

 

 

 

ERNESTO  

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El borracho.

Charles Henry Bukowski: Apuntes sobre la sinfonía del asco

Una poesía digna de ese nombre comienza
por la experiencia de la fatalidad.
Sólo los malos poetas son libres.
­E. M. CIORAN

Bukowski, el llamado último escritor maldito de Estados Unidos, está sentado
entre varios escritores(as), personalidades e intelectuales famosos. Entre
ellos está el psicoterapeuta que trató a Antonin Artaud hasta la locura
­literalmente­. Bukowski lo mira con horror. Estira las piernas. Lleva
varias horas de beber incansablemente. El moderador de la charla luce
ansioso e incómodo. El viejo Bukowski pide una botella de vino y convida a
su anfitrión un poco. Este lo rechaza. Comienza la charla.
¿Considera que el trabajo literario de X ­una escritora presente­ es bueno?
Bukowski responde a lo solicitado dirigiéndose a la aludida. Déjame ver tus
piernas y lo sabré. El moderador luce irritado. Bukowski no deja hablar a
nadie. Se burla de los presentes y hace ruidos y señas de variopinta
confección. El moderador le pide, intentando ser discreto, que se calme.
Bukowski responde poniéndose de pie y desapareciendo de la cargada escena.
Los insultos salen de su boca con ferocidad. Otra tarde normal para el gran
escritor y poeta estadunidense Charles Henry Bukowski; pero no para los
millones de televidentes franceses que, entre divertidos y horrorizados,
contemplan todas las escenas como si en sus abúlicos aparatos algo se
hubiera echado a perder. La solemnidad y el buen juicio habían sido
destrozados durante unos instantes preciosos. Sus vidas ascépticas y
mortalmente aburridas podían respirar de nueva cuenta.
Charles Henry Bukowski, el legendario borracho creador de buena parte de la
prosa más directa y cruda que jamás se haya escrito en la literatura, ha
fulminado la noche de gala literaria en vivo, planeada ex profeso para
comentar frente al exigente público europeo la importancia de su obra. En
las puertas de la estación de televisión Bukowski saca la navaja que trae
consigo y grita como poseído: Déjenme salir. Déjenme salir, malditos.
Consternados, los empleados de la estación televisiva y los serviciales
guardias de seguridad lo ayudan a salir. Y lo adoran. Después de todo, sólo
alguien como él podía pasar en segundos de invitado de honor a invitado de
horror. Esta es una típica escena de la vida de cualquier borracho, dijo
Bukowski más tarde, al ser cuestionado por la naturaleza de sus actos en
aquel celebérrimo programa literario, lo que pasa es que no a todos los
borrachos los persigue una cámara y un público; ya ni recuerdo qué pasó. Al
otro día, los principales diarios de Francia y buena parte de Europa
comentaron maravillados el hecho. El muy popular pero adormecedor programa
de televisión cultural había sido revivido por un huracán de carisma
inobjetable. Un huracán fabricado con los vientos reconfortantes y
destructivos del alcohol.
El infame horror de la sobriedad
En una ocasión un extraño conocido que me regaló la novela Hollywood de

Bukowski, me dijo ­y lo pude comprobar en los garabatos de la tarjeta que
transportaba entre las hojas del libro funcionando a manera de breve
separador­ que le divertía enormemente estar llevando la cuenta de cuántas
veces y cómo ante cualquier razón o pretexto salía a relucir el tema del
alcohol en dicho libro, sea que lo estuviera consumiendo o compartiendo o
extrañando, o todo a la vez. En menos de cien páginas de lectura llevaba ya
una cuenta de más de 40 momentos alcohólicos de diversa manufactura. La
compleja presencia del alcohol en el trabajo literario de muchos de los más
grandes escritores y poetas es un hecho fundamental. Hemingway, Céline,
Dostoievsky, Morrison, Miller, etcétera, etcétera. Según diversos
especialistas en el tema ­doctores, psiquiatras y alimañas similares­ el
escritor destaca entre los artistas como un ente de sensibilidad exacerbada
que se atreve a no tolerar la crudeza cotidiana de la vida; al menos no sin
recurrir a la droga legal, favorita de la hipócrita sociedad actual. Basados
en la errónea concepción de que el alcohol es un excitante ­como sí lo son
en cambio la cocaína, el café, el cigarro y hasta el té­, olvidamos el
poderoso relajante-deshinbidor que es en realidad el alcohol, un adormecedor
que altera los sentidos a fuerza de entumirlos. En la vida descaradamente
expuesta del alma creadora ­especialmente en la vida de la literatura y de
sus esclavos­ un continuo analizar, teorizar y retratar la patética raíz de
la existencia ­suponiendo que se sea un escritor real, es decir uno que no
escriba sobre ensoñaciones mentales­. Requiere fuerzas más allá de lo
normal, escudos emocionales no aptos para cualquiera y que, si no se
adormecen de vez en vez, llevarán muy probablemente al manipulador del
alfabeto a la locura, o peor aún, a una agregaduría cultural de una
embajada. Según los especialistas y los psicólogos ­esos orates titulados
que pretenden dominar los entresijos de la desesperación­ tal es el casi
incaptable destino del que opta por escribir los detalles de la farsa
existencial. Es muy interesante saber entonces que, al comentar sobre su
alcoholismo feroz, Charles Bukowski decía sin ambages que sólo era una
manera de pasar el tiempo.
La muerte, el dinero, las apuestas, las mujeres y otros engaños
¿Qué otra cosa hacemos los habitantes de este sanguinario planeta que jugar

a matar el tiempo, mientras el tiempo hace exactamente lo propio, resultando
además y siempre el único triunfador? A través de su narrativa truculenta y
exquisitamente baja ­y también de su poesía frenética­, Bukowski halla el
peso neto de la vida: siempre se pierde, sin importar las ganancias
económicas o la fama o los logros y el éxito. Al final del camino sólo nos
espera un cadáver trasquilado por la dureza del camino, una tumba abierta
para la engorda de los gusanos, y para mayor mala suerte, hasta con la
presencia de familiares y demás fantasmas que sólo remarcarán nuestra
soledad amortajada. Pero claro, siempre existirá la esperanza de morir ante
el contacto liberador de un estúpido balazo. Morir antes de que nos
convirtamos en caricaturas fosilizadas. Bukowski analiza a fondo la materia
sucia de la vida, sin teorizar ni filosofar, sin la necesidad de la agresión
del pensamiento. Bukowski descubre a la vida básicamente como un mal viaje,
un mal pasón experimentado por los humanos idiotizados ante el paso
enajenante de la rutina y de sus demonios disfrazados de progreso, moral y
superación. En el cuento Un mal viaje que se puede leer en el libro de
relatos La máquina de follar (Anagrama 1999), escribe lo siguiente ­se
refiere evidentemente a las drogas llamadas fuertes:
…en el fondo, la mayoría de los malos viajes se deben a que el individuo
ha sido moldeado y envenenado previamente por la sociedad misma. Si un
hombre está preocupado por la renta, las letras del coche, los horarios, una
educación universitaria para su hijo, una cena de doce dólares para su
novia, la opinión del vecino, levantarse por la bandera o qué va a pasarle a
Brenda Star; una pastillla de LSD probablemente lo vuelva loco, porque, en
cierto modo ya lo está…, ¿un mal viaje? Todo este país, todo este mundo,
es un mal viaje, amigo. Pero te meterán en la cárcel por tomarte una
pastilla.
Bukowski emplea su inteligencia desolada para detenerse en la consideración
de los hechos tangibles de la vida; no en las taimadas y falsas esperanzas o
en las sórdidas ilusiones que a diario se venden en el mercado de los
ingenuos. Bukowski sabe que el paso del humano por la Tierra es, a fin de
cuentas, una cruenta comedia que se alimenta día a día con los nuevos
humanos que en cantidades nauseabundas llegan a cada segundo a nuestro
enfermo planeta. El humor mordaz y las pinceladas negras en la escritura sin
concesiones de Bukowski desnudan de manera precisa el cadáver apestoso del
Rey de la Creación. Un rey leproso mejor representado en el macho, en ese
varón enclenque que vive sometido a los designios volubles de la mujer y de
su jefe; un fulano que añora abandonar el anonimato a través de una familia
que lo atrapará por el resto de sus días; un animal acomplejado que tragando
los orines del amor hallará el veneno que satisfará su ego y su necesidad de
cadenas. Es en ese marco de cosas que no existe nada como el dinero para
catalizar la basura existencial, la necesidad patética de complacer a los
demás a través del despliegue de una cartera bien nutrida. La lucha de
Bukowski por el dinero es la lucha del perdedor, la lucha del negado al
triunfo, la lucha del forajido que cree en las apuestas de caballos como en
la redención del orgullo hecho jirones.
Bukowski, quien experimentó al final de sus días la extática amargura de
verse obligado a manejar un Mercedes Benz y a vivir en una casa con jardín,
denuncia en sus libros, con habilidad y entereza no exenta de
contradicciones, todos los engaños de la vida, y en esa denuncia cava su
propia tumba. La tumba del renegado holgazán. La tumba del nihilista que va
al circo sólo para ver morir a los equilibristas.
La vida, consternación y risas
La escritura de Bukowski se alimenta de una elocuente y desenfrenada

experiencia de vida, marcada desde su nacimiento en Alemania, que toca fondo
en un cúmulo de historias que se antojan exactas y faltas de tontas
pretensiones literarias y de trascendencia, que se perciben como el corazón
de un deleite liberador por contar historias, por hablar de la vida y de sus
gajes, por vaciarse vomitándose saludablemente sobre el lector para
contaminarlo con la sabiduría que sólo da la práctica. Bukowski se divirtió
indudablemente al escribir y también se convirtió en un asesino virtual que,
sin empacho ni trabazón, escribió sobre el sexo, el aburrimiento, la mugre,
los traseros apestosos, los impuestos, las carreras de caballos, los viajes,
los filósofos, los miserables estadunidenses, los ricos estupidizados a
fuerza de hundirse en su bonanza, las mujeres y sus trucos letales, los
engreídos artistas, la ausencia de Dios, los intelectuales que publican
revistas que nadie lee, etcétera, etcétera. El consabido fraude de la vida,
pero escrito y descrito de manera impecable y sin mayores adornos. Textos
escritos con filo y sin depuraciones preciosistas. Carne arrancada de las
vísceras aplastadas de un humano cualquiera. Humano primero, borracho
después, escritor en las últimas, Bukowski fue una portentosa y muy
afortunada aparición en el mundo de la delicadeza literaria: en sus excesos
vivenciales hay verdades que queman cauterizando lo falso, en sus gráficas
descripciones sexuales hay una desacralización cálida de la vida que sólo
admite consternación y risas. A pesar de esto, Bukowski sin ser en manera
alguna un escritor elitista ­su prosa es fresca, innovadora, sin
rebuscamientos tediosos y además, por si fuera poco, terriblemente
divertida­ no es para cualquiera. Se requiere una mente en óptimo estado
desencantado, en franca rebeldía neuronal; un corazón no mojigato y una
necesidad de ver más allá de lo que todo el sistema ­englobado en la tríada
del infierno de infiernos: familia, religión y sociedad­ quiere que se vea.
Cuatro libros en contra
Los libros de Bukowski pueden servir, entre otras cosas, para darnos cuenta

de que sí hay una vida más allá de las manos incestuosas de los padres, más
allá de la esclavitud quincenal controlada por un reloj checador y más allá
de un Dios que, seguramente, después de mil intentos por enmendar Su error
al habernos fabricado, nos ha abandonado hasta nuevo aviso. La partitura de
la sinfonía del asco ­ese hato de flatulencias, excrecencias, impulsos,
tonterías y credulidades de la cotidianidad reflejadas en la narrativa de
Bukowski­ quedó vilmente interrumpida el 9 de marzo de 1994, pero hay más de
6 mil millones de razones para que se siga interpretando día a día. Aquí hay
un breve resumen de algunos de sus mejores libros (desafortunadamente
traducidos por españoles, pero absolutamente conseguibles gracias a la
fuerza de Editorial Anagrama):
La senda del perdedor ­Palizas, abusos, decepciones, hipocresías y todas las
clásicas joyas familiares que provocaron la furia básica de Bukowski, están
aquí en la forma de una punzante novela que, enmarcada en una Norteamérica
orgullosa de irse a morir en una guerra, conmueve y desgarra más allá de lo
concebible.
Mujeres ­A Bukowski siempre se le tachó de misógino ­honor que él rechazaba
frecuentemente­ simplemente por retratar a las mujeres tal y como son. La
polémica arrecia en este soberbio libro desde su premisa inicial: tenía 50
años y no me había acostado con una mujer desde hacía cuatro. Indispensable
preparar los pañuelos para los frecuentes ataques de risa, y de ira.
Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones ­Libro de cuentos saludablemente
maniáticos que lo mismo obsesionan que humillan, lo mismo acaban con las
seguridades emocionales que se pudieran conservar, que lo obligan a verse en
espejos multiformes embarrados con sangre y estiércol que ocultan oro puro.
Apto para leerlo en voz alta a abuelitas descocadas.
Escritos de un viejo indecente ­Experimentación pura. Dolor y muelas
partidas. Cero signos de puntuación. Historias absolutamente concebibles si
se ha visitado el hospital para morir a los 33 años. En este libro de
relatos no hay reglas preconcebidas ni hay manera de saber qué demonios
sigue. Fuerza brutal cincelada con diamantes, la narrativa de Bukowski
eclosiona hasta el punto de hacernos desear ver a la noche fornicando con el
día y sin red de seguridad.

 El borracho

TITULO ORIGINAL Barfly
AÑO
1987  
DURACIÓN 97 min.
PAÍS   
DIRECTOR Barbet Schroeder
GUIÓN Charles Bukowski (Biografía:  Charles Bukowski)
MUSICA Jack Baran & Varios (W.A.  Mozart, Händel,

 Gustav Mahler, L.V. Beethoven)

FOTOGRAFÍA Robby Müller
REPARTO Mickey Rourke, Faye Dunaway,  Alice Krige, Jack Nance

, Frank Stallone, J.C. Quinn,

 Sandy Martin, Pruitt Taylor Vince

PRODUCTORA The Cannon Group / Zoetrope Studios

 

 

 
 

GÉNERO Y CRÍTICA

 

Drama biográfico / SINOPSIS:  Joven escritor alcohólico y genial,

 Henry Chinaski pasa su vida

 en los bares. Su preferido

 es el “Golden Horn”, frecuentado

 por un variado grupo de vagabundos,

 prostitutas y otros desechos de

 la sociedad. Henry se lleva muy

 bien con Jim, el barman de día,

 pero discute frecuentemente con

 el barman de noche, Eddie,

 iracundo y fanfarrón. Sus peleas

 son objeto de apuestas por parte

 de sus clientes. Cuando gana,

 Henry gasta su dinero recorriendo

 el resto de bares del barrio.

 Así es cómo encuentra a Wanda,

 una mujer todavía bella y tan

alcohólica como él. (FILMAFFINIT

Hank Chinaski es escritor.

 Crea poemas y relatos que

 luego envía a revistas literarias,

 pero éstas siempre rechazan su

trabajo. Para pagar las pensiones

 baratas en que malvive y su

 adicción al alcohol, acepta trabajos

 temporales como obrero, portero

 o taxista, aunque nunca dura

 demasiado en ellos. Sus motivaciones

 vitales no pasan por trabajar para

 tener dinero con el que comprar

 cosas caras; a él le gusta apostar

 en el hipódromo, amar

apasionadamente

 a dos mujeres, Jan y Laura,

 a quienes

 les gusta tanto la bebida

 como a él,

 observar las pequeñas

 cosas y escribir,

 siempre escribir. Hank

 piensa que

 sólo se puede vivir de

 verdaes

i uno está dispuesto a

 llegar hasta

 el final, arriesgándolo todo sin saber

 si te vas a quedar solo y sin nada.

 Después de que Jan, su gran amor,

 le abandone por otro hombre,

 Hank recibe una inesperada llamada

 de una prestigiosa revista literaria.

 (FILMAFFINITY

“Posiblemente una de las mejores

adaptaciones de un trabajo

 de Bukowski, incluso comparable

 a su propio guión de ‘Barfly’

(El borracho, 1987) (…)

 de humor taciturno y

sorprendente

calidez” (Leslie Felperin: Variety)
—————————————-
“Una película honesta y limpia,

 un poco académica para contar

 historias tan tortuosas, es cierto,

 pero no menos efectiva.

 El borracho

Charles Bukowski (1920-1994)

fue el último escritor “maldito”

 de la literatura norteamericana.

 Ha sido comparado con

 Henry Miller, Céline y Hemingway

, entre otros autores, y ha inspirado

numerosas películas como

 Barfly de Barbet Schroeder y

Ordinaria Locura de Marco

Ferreri. Durante cinco décadas,

 sus libros fueron mordientes

 crónicas del lado salvaje de la vida,

 y le ganaron millones de devotos

 lectores en todo el mundo.

 Pero como él mismo indica

 en alguno de sus libros

 autobiográficos (como en su

 diario o en el relato de su gira

 europea) fue en Europa donde

 lo descubrieron. Los lectores

 americanos siempre tuvieron miedo.

En un artículo publicado en el

 periódico californiano San Francisco

 Chronicle se puede leer

 la siguiente reseña:

“Ningún escritor norteamericano

 contemporáneo ha descalificado

 el sueño americano con tanta

perseverancia como

 Charles Bukowski.”

Seguramente fue por la osadía

 de Buk que surgieron sus lectores

 en América: murió en una gran

casa de Hollywood a los 73 años

. Vivía con una hermosa mujer

 y estaba rodeado de gatos.

 

POEMA DE CHARLES BUKOWKI.

pájaro azul

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan

las ventas de mis libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo,

 sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

 RECOMIENDO QUE LA VEAIS

 YO LA TENGO

Y LA HE VISTO INFINIDA

 DE VECES.

ERNESTO.

Cine celos.

Celos

EL MONSTRUO DE LOS OJOS AMARILLOS REAPARECE

Carmen (Aitana Sánchez Gijón) trabaja

 como empaquetadora en una fábrica de naranjas

 y Antonio (Daniel Giménez Cacho) conduce un

 camión y se dedica al transporte. Todo marcha

 bien en el joven matrimonio, hasta que

 Antonio descubre una vieja foto de grupo……en la que aparece Carmen acompañada

 por un hombre con el que manifiestamente

 entonces ella estaba relacionada.La mecha de los celos se enciende y Antonio

 no parará hasta indagar en el pasado de

 su esposa, un pasado del que Carmen pretende

 escapar y que su marido se empeña en resucitar.La tensión crece cuando Antonio, en sus continuos

 viajes va desvelando pistas de lo que cree que

 todo el mundo sabe excepto él y eso irá

 deteriorando su relación de pareja.Y ese misterio, esa incógnita tras la que se

 esconde la humillación, el maltrato y la prostitución,

 es fundamental a la hora de dar vida a Carmen,

 una mujer que se ve abocada a fingir, sobre todo

en el terreno sexual, en una especie de mentira

 piadosa para tranquilizar a su amor. 

Carmen

Aitana Sánchez-Gijón

Antonio

Daniel Giménez Cacho

Cinta

María Botto

La localidad de Tavernes de la Valldigna (Valencia)

es la que ha elegido el cineasta Vicente Aranda para

rodar las escenas exteriores de la película.”Celos” es un guión original firmado por él mismo

 y su habitual colaborador, Alvaro del Amo.Los celos son, según Aranda “algo que está muy

 mal visto en la sociedad, pero que están ahí, más

 o menos reprimidos. Es un fantasma que afecta al

 corazón y al cerebro a un tiempo. Pero en esta

 sociedad no se admite hablar de celos o de otras

 emociones y sentimientos escondidos en las entrañas”.Por su parte, la actriz Aitana Sánchez-Gijón,

 que rueda por primera vez bajo las órdenes de

 Vicente Aranda, dijo haberse sentido atraída “por

 cómo abordaba el tema de los celos y por cómo se

 metía de una manera casi claustrofóbica en la vida

 de una personas aparentemente normal”. 

Título original:

Celos

Distribuidora:

Maestranza Films

Género:

Romántico

Año de producción:

1999

Fotografía:

José Luis Alcaine

Producción:

José Luís Escobar , Eduardo Santana

Dirección:

Vicente Aranda

Guión:

Álvaro del Amo

Producción:

Sogetel

Música:

José Nieto

Idioma:

Inglés

Duración:

105 minutos

ERNESTO

Celos

“Princesas”, de Fernando León de Aranoa .

Ésta es la historia de dos mujeres, de dos putas, de dos princesas. Una de ellas se llama Caye, tiene casi treinta años, el flequillo de peluquería y un atractivo discutible, de barrio. Zulema es una princesa desterrada, dulce y oscura, que vive a diario el exilio forzoso de la desesperación. Cuando se conocen están en lugares diferentes, casi enfrentados: son muchas las chicas aquí que ven con recelo la llegada de inmigrantes a la prostitución. Caye y Zulema no tardan en comprender que, aunque a cierta distancia, las dos caminan por la misma cuerda floja. De su complicidad nace esta historia.
En Princesas, los móviles suenan constantemente, pero no hay cariño ni risa en las llamadas. Las chicas que protagonizan la película de Fernando León de Aranoa trabajan sin horario y a fuerza de politono. Acostumbrados a verlas desde la ventanilla del coche, en “reojos” furtivos al cruzar el paso de cebra o en un fugaz intercambio de miradas, el gran logro de Princesas es trasladarnos desde el primer fotograma al otro lado de la calle. Ellas son putas, pero como cada uno de nosotros, no dejan de soñarse princesas. León de Aranoa tiene una endiablada y envidiable capacidad de introducirnos en mundos que pueden sernos ajenos, pero que lo son menos cuando salen los títulos de crédito y se encienden las luces. Ya conocimos los sueños de los adolescentes periféricos en Barrio y los sinsabores de los parados de edad media en Los lunes al sol. Ahora le toca el turno a las prostitutas de calle, las que “pagan a diario los altos impuestos de la precariedad y el desprecio” (palabras del director), las más marginadas de la marginalidad.
Uno de los problemas a los que se enfrentan los guionistas fértiles en diálogos brillantes es encontrar el contexto adecuado para poder dar rienda suelta a esas excelentes muestras de ingenio. Fernando León de Aranoa lo ha demostrado desde su primera película: es un dialoguista magnífico. Y así son también los diálogos de su nueva película “Princesas”. Pero los detractores del filme se han apresurado en señalar la inconveniencia de esas líneas en un contexto tan árido como el de la prostitución y afirman que no hacen creíble la película. Si el cine nos ha hecho creer mil y una mentiras, no tengo ningún inconveniente en aceptar que esos diálogos salen de los labios de prostitutas, más si dicen cosas tan interesantes y tan bien dichas, y más si el filme desborda realismo en el dibujo de escenas y personajes. Porque hay algo más importante que la forma en que hablan los protagonistas: sus actos, sus vivencias. Y ahí es donde “Princesas” triunfa y de manera avasalladora. Manteniendo una coherencia ejemplar desde el título, el filme traza una línea entre la realidad y la ficción, entre lo que se vive y lo que se anhela, entre lo que se tiene y lo que nunca se tendrá. Más allá del tema de la prostitución, ese conflicto realidad/ficción que determina la vida de la protagonista es extensible a otros personajes cotidianos igualmente anónimos (en este caso, la madre). La película se muestra dura sin parecerlo: utiliza convenientemente elipsis y fueras de campo; y el final es un golpe tremendo. Hasta el momento, “Princesas” es la mejor película española del año y la Academia tiene que decirle ya a Candela Peña cuándo puede pasar a recoger su Goya. Lo que hace la actriz es, literalmente, un prodigio.
Caye tiene una madre a la que no le gusta visitar los domingos porque en ella se ve a sí misma, reflejada: Pilar es un espejo ingrato para Caye, lo que la chica ve en él no le gusta, porque lo sabe futuro probable, cercano.
Zulema es una princesa desterrada, dulce y oscura, que vive a diario el exilio forzoso de la desesperación. Lleva siempre encima una fotografía de su hijo, un trocito de esperanza plastificada en 3×4, que saca a cada rato de su cartera para enseñársela a sus compañeras de cuneta, aunque la que de verdad necesita verla es ella.
Caye se enamora luego de un Manuel. En él quiere ver al que será el hombre de su vida, aunque lo sea sólo por un rato. Caye no sabe amar, porque lo ha hecho poco, por eso se acelera y lo hace con torpeza, a trompicones. Quiere dar todo lo que tiene guardado, que es mucho, y acude a su segunda cita con el corazón en la mano, dispuesta a entregarlo. Como si fuera un maniquí, Caye coloca sobre Manuel todos sus deseos. Y es difícil estar a la altura de los deseos de Caye.
Mientras, Zulema se hace fotografías furtivas entre las cajas de los supermercados: demostrará con ellas a sus padres que trabaja de cajera, como les dijo en sus primeras cartas, hoy ya lejanas. Luego, de noche, camina otra vez desnuda entre los árboles asombrados de la Casa de Campo. Funambulista experimentada, hace equilibrios por el alambre afilado de sus arcenes, entre el caudal lento y metalizado de los coches, dando traspiés sobre la tierna fragilidad de sus veintitantos años desnudos.
Dice Caye que las princesas son tan sensibles que no pueden vivir alejadas de sus reinos porque se morirían de pena. Algo de razón debe tener, porque a Zulema los días cada vez se le hacen más difíciles, los silencios más largos, los alambres más estrechos. Su imprevista amistad les dará a las dos un refugio temporal, una habitación soleada, compartida, en la que sentarse a conversar con desacostumbrada ternura y reírse, de todo y de nada en concreto, ajenas, tranquilas; como si afuera hubieran dejado hoy la culpa y los pasos en falso; como si el tiempo aquí, por verlas mejor, pasara más despacio junto a ellas. En esta historia hay además una peluquería con pretensiones de salón de belleza que las chicas frecuentan más en busca de conversación que de cortes de pelo. En ella discuten, comentan, ríen y se pelean, los móviles siempre a mano, sin dejar de sonar. Aquí conoceremos a Blanca, la princesa desheredada, la que una vez tuvo belleza, juventud y dinero, hoy siempre detrás de un cuarto de baño. La droga se lo quitó todo excepto el encanto, que de tanto no fue capaz.
Y conoceremos también a Caren, a Ángela, a Rosa y a las otras, las mujeres invisibles, las de la mirada secreta. No encontraréis a nadie, político o cliente, que admita haberlas visto, haber escuchado de su boca palabra, risa o lamento. Oiréis a muchos hablar en su nombre, nunca a ellas.
Cuando las quieran salvar, cuando las quieran esconder, cuando las quieran echar, tampoco podréis escucharlas, porque nadie les pregunta, nada, nunca. Pagan a diario los altos impuestos de la precariedad y el desprecio, ponen cada noche su corazón a doble o nada; deambulan confundidas, nocturnas, por los bosques desencantados que circundan las ciudades, buscando acaso el billete de regreso que una vez perdieron.
Sin embargo, cada noche, en la Casa de Campo, sale vaho de sus bocas cuando ríen, reunidas en torno a la hoguera cómplice de su conversación. Si escucháramos con atención las oiríamos hablar con una ternura desacostumbrada de sus novios, de sus hijos, de lo que la vida tiene aún reservado para ellas; las oiríamos discutir, prometer, lamentarse a veces, aunque discretamente, sin perjuicio de la alegría.
Si escucháramos, las oiríamos también celebrar su cumpleaños un día, con un pollo rostizado comprado a los ambulantes que frecuentan sus espacios. Luego el brindis emocionado, cerveza y plástico, las palabras que se anudan en la garganta, los aplausos y las risas, los bolsillos de la memoria cedidos ya a fuerza de tanta ausencia.
Mientras, a su espalda, el horizonte soberbio de la ciudad duerme tranquilo, ajeno a todo. Pero allí arriba, arriba, está la vida, hablando en muchas lenguas distintas el idioma común de la esperanza.
FICHA ARTISTICA

FICHA TECNICA

Director: FERNANDO LEON DE ARANOA
Productor: FERNANDO LEON DE ARANOA. JAUME ROURES
Guionista: FERNANDO LEON DE ARANOA
Música: MANU CHAO
Director Fotografía: RAMIRO CIVITA
Vestuario: BINA DAIGELER

 

Título original: Princesas
Año: 2005
Duración: 113 min.
Nacionalidad: España
Género: Drama
  COLOR

  ______ERNESTO____________________________________________

CANDELA PEÑA ……………………………. “Caye”
MICAELA NEVÁREZ ……………………. “Zulema”
MARIANA CORDERO ………………………. “Pilar”
LLUM BARRERA …………………………… “Gloria”
VIOLETA PEREZ ………………………….. “Caren”
MONICA VAN CAMPEN ……………….. “Ángela”
FLORA ALVAREZ ………………………….. “Rosa”
MARÍA BALLESTEROS ……………….. “Blanca”
ALEJANDRA LLORENTE …………….. “Mamen”
LLUIS CALLEJO …………………………. “Manuel”
ANTONIO DURAN ……………….. “Funcionario”
PERE ARQUILLUE ………………………. “Carlos”
PEPA ANIORTE ……………………………. “Alicia”
ALBERTO FERRERIO …………….. “Voluntario”

 

 
 
 
 
 
 

Como agua para chocolate.

Director: Alfonso Arau.
Año: 1992.
Duración: 114 min.
P
aís: México.
Género: Drama Romántico.
Guión: Laura Esquivel.
Música: Leo Brouwer.
Fotografía: Emmanuel Lubezki & Steve Bernstein.
Intérpretes: Marco Leonardi, Lumi Cavazos, Regina Torné, Ada Carrasco, Yareli Arizmendi, Mario Iván Martínez, Claudette Maille, Pilar Aranda, Rodolfo Arias, Margarita Isabel, Farnersio de Bernal, Joaquín Garrido, Sandra Arau.
Productora: Mexican Film Institute.

-Sinopsis:
Historia de amor y gastronomía ambientada en el México fronterizo de principios de siglo XX. Tita y Pedro ven obstaculizado su amor cuando Mamá Elena decide que Tita, su hija menor, debe quedarse soltera para cuidar de ella en su vejez. Entre los olores y sabores de la cocina tradicional mexicana, Tita sufrirá largos años por un amor que perdurará más allá del tiempo.

-Crítica:
Esta película es sin duda muy interesante, aunque se comenta que el libro es mejor (yo no lo he leído), lo que es normal y pasa siempre. Pero vamos, que está película es buena y si tenéis la oportunidad os recomiendo verla. La interpretación de los actores me parece buena en general, destacando sobretodo la de Lumi Cavazos. Los personajes son de lo mejor de la película, a destacar sobretodo a la madre, al doctor Brown y a Tita, por este orden. La película se hace entretenida de ver, no se hace pesada para nada. El argumento es bueno, sobretodo la relación que tiene el estado de ánimo que tiene Tita al preparar la comida y el efecto que ésta tiene sobre las personas que la comen, magnífico. No se sabe lo que va a pasar hasta el final mismo, y querría comentar que para mi gusto es demasiado jodido ya que… bueno, eso no puedo decirlo porque os destriparía el final a los que no la habéis visto y/o leído el libro.

 Esta basada en la novela de la escritora Laura Esquivel  quien también la adaptó para el cine.   La película es  parte de la  producción del director Alfonso Arau y fue realizada en  México en 1992.   Los personajes  principales  son Lumi Cavazos quien representa el papel de Tita la hija menor de Mamá Elena (Regina Torné). Tita tiene que postergar su relación con Pedro Musquiz (Mario Leonardi) porque las rígidas costumbres familiares la obligan a cuidar a  su madre hasta que muera. La cocina se convierte en el refugio y la sede de una curiosa variante del poder femenino. Entre la comedia, el melodrama y el realismo mágico, la historia atraviesa por la Revolución Mexicana  y presenta algunas ideas sobre la condición de la mujer, el machismo, y el amor. 
ha significado un fenómeno muy interesante dentro de la cultura mexicana contemporánea. La primera novela de Laura Esquivel obtuvo muy buenas críticas y un gran éxito de ventas, algo muy difícil de lograr en un país en el que la gente lee muy poco. Calificada como ejemplo del realismo mágico, la novela logró traspasar los límites de la mera curiosidad y colocarse como el libro de ficción más vendido en México en los últimos veinte años.
Su paso al cine fue producto de la buena suerte. Alfonso Arau -actor y director mexicano muy popular a principios de los setenta- se interesó inmediatamente en producir un filme basado en la novela de Esquivel. Al fin y al cabo ella no podía poner muchas objeciones, pues el interesado en filmar la historia de amor entre Tita y Pedro era su esposo. En los últimos años Arau no era muy popular en México, pues su carrera la había continuado en Hollywood, casualmente el lugar en donde hacer cine es algo de lo más común.

De esta manera llegó Como agua para chocolate el filme. Realizado con un presupuesto mucho mayor que el común para el cine mexicano, con técnicas cinematográficas hollywoodenses y con un gran sentido comercial. El resultado es un filme fiel a la novela original, excelentemente producido y, sobre todo, inteligentemente comercializado. Los diez Arieles otorgados a esta producción y el éxito internacional de la misma comprueban que Arau sabía muy bien lo que estaba haciendo.

¿Cuál fue la clave del éxito de Como agua para chocolate? Indiscutiblemente el filme posee muchos valores estéticos, pero esto no valdría de nada si no tuviera nada qué contar. El cine es un arte que narra historias visualmente. Para que el público se interese por una película, ésta debe contar con personajes interesantes que vivan un conflicto que mantenga la atención del espectador. Una buena historia es la clave principal para un buen filme.

¿Se puede conjuntar un éxito económico con un éxito a nivel artístico? Definitivamente la respuesta es sí. Desgraciadamente el cine mexicano se ha debatido en dos polos artificialmente opuestos: el cine comercial -barato y vulgar- y el cine de arte -pretencioso y aburrido. Los cineastas mexicanos de calidad han insistido en contarnos historias que no nos interesan, ya sea porque no se comprenden, o porque no tienen elementos que apelen a nuestra más elemental atención. Como agua para chocolate encontró el “hilo negro” del cine de éxito: una historia interesante, bien realizada y, no hay que olvidarlo, comercializada de manera inteligente.

Ernesto  

Su paso al cine fue producto de la buena suerte. Alfonso Arau -actor y director mexicano muy popular a principios de los setenta- se interesó inmediatamente en producir un filme basado en la novela de Esquivel. Al fin y al cabo ella no podía poner muchas objeciones, pues el interesado en filmar la historia de amor entre Tita y Pedro era su esposo. En los últimos años Arau no era muy popular en México, pues su carrera la había continuado en Hollywood, casualmente el lugar en donde hacer cine es algo de lo más común.

De esta manera llegó Como agua para chocolate el filme. Realizado con un presupuesto mucho mayor que el común para el cine mexicano, con técnicas cinematográficas hollywoodenses y con un gran sentido comercial. El resultado es un filme fiel a la novela original, excelentemente producido y, sobre todo, inteligentemente comercializado. Los diez Arieles otorgados a esta producción y el éxito internacional de la misma comprueban que Arau sabía muy bien lo que estaba haciendo.

¿Cuál fue la clave del éxito de Como agua para chocolate? Indiscutiblemente el filme posee muchos valores estéticos, pero esto no valdría de nada si no tuviera nada qué contar. El cine es un arte que narra historias visualmente. Para que el público se interese por una película, ésta debe contar con personajes interesantes que vivan un conflicto que mantenga la atención del espectador. Una buena historia es la clave principal para un buen filme.

¿Se puede conjuntar un éxito económico con un éxito a nivel artístico? Definitivamente la respuesta es sí. Desgraciadamente el cine mexicano se ha debatido en dos polos artificialmente opuestos: el cine comercial -barato y vulgar- y el cine de arte -pretencioso y aburrido. Los cineastas mexicanos de calidad han insistido en contarnos historias que no nos interesan, ya sea porque no se comprenden, o porque no tienen elementos que apelen a nuestra más elemental atención. Como agua para chocolate encontró el “hilo negro” del cine de éxito: una historia interesante, bien realizada y, no hay que olvidarlo, comercializada de manera inteligente.

Ernesto  

 
 

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