Para el JOVAN, mi abuelo

sentir aquí el peso aprisionado de una estrella marinera pereciendo en el comedor, mientras teclas desesperadas aúllan a un lobo mecánico fascinado por el amor artificial de una mujer escoba danzando en soledad en la ventana del 6º B. Aclamar la atención de una mueca tierna y febril resulta gratificante cuando eres una manguera de soledades desnutridas.

Y sigue así, cuando pide el amor de la noche, y los buques de guerra duermen en el recuerdo del miliciano somnoliento. Pobre estrellita marinera, sin luz y sin don de amores, sólo fue canción de un hombre que perdió la guerra, que apostó fuerte por el piojo de la izquierda en las carreras del barracón de los vencidos.

Y ya no ofrece calor, y el soldado ya no le pide besos mientras su amor se esfuma por la frontera del norte, por el recodo escondido que aguarda la muerte cualquier día de mayo, cuando se es viejo a medias y se te va el último aliento sin nada más que ofrecer que un beso.

Y ya sólo queda confirmar si era cierto para ponerse a llorar, como se llora cuando estás solo, con un cementerio de colillas en la habitación que ha preparado tu hija, como un chupachups para tu nieta, como una charla futbolera con tu yerno, como 100 pesetas para el quinto de tu nieto.

Y al son de la estrellita marinera, sin Durruti, sin quinielas, sin llanto, sin palabras secas, cualquier 5 de Abril un soldado decide buscar una estrellita marinera.

 

Ernesto ( Con cariño para mi abuelo, allá donde esté )