JULIO OLIVERA- para mi amiga Lunita (Yolanda)

El Vino La Mujer y la Músic

El Vino

 Presentir y olfatear,

acariciar la copa y apetecer,

sorber, gustar y paladear,

volver a repetir y no acabar.

 Tomar para olvidar o soñar

o tomar sólo para embriagarse,

tomar por placer

o por sustentar el buen humor.

 Sorber un borgoña o un jerez

y anegarse en su bouquet

para arrobarse o transportarse

al mundo de la ilusión.

 Subir y elevarse en los vapores del licor,

estar flotando como un celaje

se meciera en una melodía

o se durmiera en la cauda de un ángel.

 Alejarse así del tedio, de la pena,

saber ser feliz cuando el dolor acecha,

reír y cantar

hasta el último instante y zozobrar.

 Estar siempre borracho

para ver en la mente espejismos

de vientres y caderas que se rebullen

en un océano de vino tinto.

 Beber con arte y con placer

como un catador o como un poeta

y estar siempre en farra o jarana

como un juglar.

 

                         La Mujer

 

Es la mujer la deidad que veneramos

o el ídolo ante quien nos posternamos

y es también la esfinge legendaria

ante quien enmudecemos.

 Es la virgen que enlodamos,

el ángel que nos arroba

o la hetaira que nos seduce.

 

                      La Música

   

El vino y la mujer sin la música

no tendrían sentido,

porque el goce de los sentidos es una melodía

que la embriaguez y el amor laudan.

 No hay acorde ni más hondo ni más alto

que el de la embriaguez o el amor,

sin ellos no Shuman ni Lizt habrían creado

“ensoñación” y “Sueño de amor”.

 El sonido y la música son sensuales

como el vino y la mujer,

son lascivos y voluptuosos

como un vals o un tango.

 Berlioz compuso :Sinfonía Fantástica”,

donde el opio alucina y da escuchar notas mórbidas,

como si la melodía brotara de una nube de senos

o de un torbellino de muslos.

 Libar, soñar y acariciar,

entrever mirajes y escuchar fantasías

de copas como senos

o de besos como música de ósculos.

 En una ensoñación celestial,

el ser que integra nuestra vida,

la belleza que nos embelesa

y el manjar que nuestros labios apuran.

 Estar con ella y no apartarse,

estrecharla más hasta confundirse,

seguir así abrazados,

acá y en la eternidad.

 Amarla como a un ángel

y desearla como un demonio

tenerla como a una santa en el altar

o como una vacante en la taberna.

 Vivir por un beso

o por una mirada,

llorar por ella

o morir por sus caprichos.

 Beber su gracia

y estar embriagado de sus encantos

es como quien escanciara una copa

al corazón o al alma.

 Hay melodías tiernas que hacen soñar

ángeles y mariposas de cristal

y hay ritmos eróticos que hacen desear

abrazos y besos de mujer.

 Hay melodías salvajes

apasionadas y sedientas

que como himnos y marchas guerreras

incitan a las lides del amor.

 Wagner en “transfiguración del Isolda”

introdujo ondas perfumadas en la melodía,

tonos de espasmo y éxtasis

para culminar en el paroxismo de la voluptuosidad.

La Luna

 ________ERNESTO ________________________________