COMPRAR LA VERDAD

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo

imaginar qué vendían. Entró, se acercó a la señorita que estaba en el primer

mostrador y preguntó:… -Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí señor, ¿Qué tipo de verdad anda buscando: Verdad parcial, verdad relativa,

verdad estadística, verdad completa?

Mmmmmm…. Así que aquí vendían verdad.

Nunca se había imaginado que eso era posible, llegar a un lugar y llevarse

la verdad, era maravilloso.

Verdad completa, contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras

y de falsificaciones” pensó, “No quiero más generalizaciones, No justificaciones,

engaños ni defraudaciones. -Verdad plena – ratificó –

Bien, señor, sígame. La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando

un vendedor de rostro adusto, le dijo: -El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara. -Vengo a comprar la

Verdad Completa. -Ah, perdón, ¿el señor sabe el precio? -No, cuál es?

– contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar

lo que fuera por toda la verdad.

Si usted se la lleva – dijo el vendedor el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca había imaginado que el precio fuera

tan grande. -Gra… gracias, disculpe… – balbuceó.

Se dió vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse

cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que

todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos

e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener

que enfrentarse consigo mismo. “ Quizás más adelante ”, pensó

 

 715

CABALLERO NEGRO EL SOL 

_____Luna_________Sol____

BUENAS NOCHES Y FIN

HASTA OTRA. ERNESTO

LA HISTORIA DE UN CORAZÓN

    Esta es la historia de un corazón,
que andaba por el mundo buscando una razón,
una razón para vivir,
una razón para morir,
una razón para seguir latiendo,
al ritmo que marcaba el viento.
Una razón para vivir la vida de día y de noche,
de noche y de día,
y latir sin parar buscando la verdad.

El corazón pequeño y fuerte
seguía viajando y conociendo el mundo,
y encontró a otro corazón que como él,
buscaba un sitio para vivir, para morir,
para seguir latiendo al compás de ese ritmo creado por el viento.
Y con todo lo que vio y escuchó por ahí,
escribió una canción,
La canción del corazón que late…

“El corazón se marcho con un sueño en la mano,
conocer el amor,
encontrar un hermano,
un corazón diferente,
que les dieron presente,
que quisiera creerse,
que había un mundo mejor.
Y un día que legó al mar,
y lanzó una botella,
con un breve mensaje,
que aprendió a la carrera,
y era que bajo el cielo,
había un mundo imperfecto,
con un corazón bueno,
que seguía latiendo…”

 
  
________Luna_______ERNESTO_____Sol_____
 

LAS LÁGRIMAS DEL ÁNGEL

Ana y Cristina eran dos hermanas, nacidas en el interior, que

rondaban los 6 y 8 años.

Ana, de carácter cariñoso, inquieta, curiosa, su pelo era oscuro

como la noche y sus ojos claros como el mar.

Cris, totalmente diferente, de carácter tranquilo, cariñosa y algo

distante, sus ojos eran de color miel y su pelo, como el de Ana,

negro como la noche.

Sus padres, desde pequeñas, las llevaban a veranear a la costa,

ya que el padre de las niñas era un enamorado del mar.

Les daba mil paseos por la arena contándoles mil historias sobre

lo que para él significaba el mar.

Las sentaba en la orilla, les enseñaba las conchas caracolas para

que jugasen con ellas y mientras, les decía el sentido de todo lo

que la vista le alcanzaba; cada cosa que encontraba en la playa,

para él era una historia nueva.

Ellas, claro, no podían entender todo, pero aun así, su padre

intentaba avivar en ellas el amor que sentía por el mar.

Cada día les costaba más trabajo a las niñas dejar sus paseos y

volver a casa.

Las explicaciones de su padre les encantaban, en ese entonces

aún eran pequeñas, pero ya empezaban a hacer preguntas.

Ana un día le pregunto: Papá ¿qué es el mar? ¿De donde viene

tanta agua? Su padre le contestó: Son lágrimas de ángeles que

las acumulan en esta gran bañera que parece que va a rebosar,

pero que al llegar al filo se detiene y retrocede.

Ana, alegre, agarraba a su hermana de la mano y le decía:

Cris, corramos a la orilla, mojemos los pies en las lágrimas de los

ángeles, y Cris, arrastrada por su hermana, mojaba sus pies,

pero al ver llegar la ola corría hacia atrás. Ana reía y le decía:

Cris, Cris, mira, son saladas las lágrimas.

Luego se sentaba en la arena a la vera de su hermana y de su

padre y miraba fija como rompían las olas en la roca.

Su padre les decía: Ya es la hora de irnos, y las niñas recogían

sus cubos llenos de conchas y de piedrecillas de colores.

Ana se llevaba toda la tarde dibujando todo lo que había visto en

la playa, mientras su hermana dormía plácidamente.

Al llegar el siguiente día, volvía su padre a llevarlas al mismo

sitio, donde se ponían a hacer castillos de arena y a recoger sus

conchas, mientras su padre les decía: ¡Cris! ¡Ana! mirad esa

caracola, cogedla y escuchar…

Las niñas, para llegar al sitio donde se encontraba, hicieron

carrera. Al llegar junto a la caracola, se sentaron cansadas en la

orilla y empezaron a chapotear sus pies dentro del agua.

Con la caracola ya en sus manitas la acercaban a sus oídos y

volvieron sus caritas hacia donde su padre estaba sentado.

Le gritaron: Papá ¿por qué las caracolas tiene voz? Su padre las

sonrió y las llamó junto a él. Dijo: Cris dame para escucharlas.

Se llevó un rato con los ojos cerrados escuchando el sonido y

luego, mirándolas, dijo a sus dos hijas: Ana, Cris, las caracolas

guardan dentro, los cantos de las sirenas que viven debajo de las

aguas, son hijas de los dioses del Olimpo. Ellas no entendían nada

le miraron sorprendidas y le preguntaron, pero… ¿el mar tiene

hijas? Él volvió a mirar a su hija Ana y le dijo: Sí Ana, es difícil

de entender, pero el mar y el cielo se enamoraron y tuvieron sus

hijos, unos viven en el mar y otros en el cielo.

Cris, la menor, que casi no sabía qué pasaba dijo espontánea:

Hermana, ¿los peces se meten dentro de las caracolas?

Ana se rió a carcajadas y le dijo: No Cris, no son peces, dice papi

que son voces y cantos de sirenas, niñas como nosotras que viven

debajo de las lágrimas saladas.

Como cada día, después de su baño, recogían sus cosas y volvían a

casa.

Ese día, más extrañadas que cualquier otro, entraron corriendo.

¡Mami, mami! dijo Cris alterada.

Cris, tranquila, respira, respondió su madre desde la cocina.

¿Sabes que el mar tiene voz?

Su madre la cogió en brazos y le dijo a Ana: ¿qué está diciendo

tu hermana?

Ana suspiró y dijo, mirando con cara de tristeza a su padre, al

ver que Cris no había entendido nada de lo que su padre les había

explicado:

Mami, papá nos dijo que las caracolas guardan cantos de las

sirenas ¿verdad papi? El padre le sonrió y dijo sí, sí yo se lo

conté.

Ese día, como de costumbre, comieron juntos. Su padre se fue al

sofá a leer y su madre a regar las plantas del jardín. Cris, la

pequeña, dormía y Ana empezó a pintar la playa, el agua y las

caracolas mágicas como ella les decía, pero Ana ese día pintó algo

que su padre no les había enseñado.

Pintó las rocas del acantilado y una muchacha sentada en ellas, el

rostro no se le veía, sólo su hermoso pelo que caía sobre la túnica

que guardaba su cuerpo.

Ana fue a contarle a su padre los colores que podía usar para

colorear su playa.

El padre se quedó confuso y le preguntó:

Mi niña ¿quién es ella? La chiquilla le contestó tan normal:

Cris dice que es el ángel que llora sentado en las rocas para

llenar la bañera y podamos mojar los pies en ella.

El padre rió y no le tomó la mayor importancia.

Al otro día, antes de lo acostumbrado, las niñas se levantaron

corriendo; su madre no tuvo ni que llamarlas. ¡Papá, Papá!

gritaron, levántate ya, el sol está fuera y el mar y las sirenas nos

esperan. El padre, con la almohada en la cabeza, les decía: niñas

que es temprano y el sol está aún dormido, no calienta la gran

bañera.

Anda, porfa, que nos está llamando, dijeron las pequeñas,

repitieron angustiadas: el ángel nos llama.

El padre reía y reía mientras ellas se metían en la cama para

hacerle levantar.

La madre, al escuchar tal alboroto, se asoma a la puerta del

cuarto y preguntó ¿qué pasa aquí? ¡Niñas, Ana, Cris, dejad que

papá descanse!

Mami, dijo Cris, ven hoy con nosotras y escucha como las sirenas

cantan y como los ángeles bajan y llenan la bañera.

Los padres soltaron una carcajada y dijo la madre: Cris, cariño,

los ángeles no bajan a llorar, lo hacen desde el cielo.

La niña se enfadó, salió del cuarto hacia la cocina y se sentó a

esperar con el ceño encogido que los demás bajaran.

Ana llegó la primera, tan viva y alegre como siempre, diciéndole a

Cris en voz bajita:

No le digas más nuestro secreto.

Cris, protestó Ana, sí, es verdad, tú lo viste llorar.

Sí, sí dijo Ana, pero si lo descubrimos no bajaran más.

Al llegar sus padres a la cocina se callaron la boca y sus padres

se dieron cuenta y preguntaron:

Cris, Ana ¿qué tramáis?

Nada, contestaron las niñas, a la vez que el padre arqueaba una

ceja y las miraba fijamente.

Las niñas salieron corriendo mientras decían: Papi, nos ponemos

los bañadores ya estamos listas. Con sus cubos y palas se

apoyaron en el marco de la puerta.

Entraron de nuevo en la cocina tirando de la mano de su padre

que se puso de pie. Las niñas, de nuevo, miraron a su madre que

recogía la mesa y le preguntaron: Mami ¿vienes? Ella les dijo: no

cielo, los ángeles sólo esperan a niñas tan lindas como vosotras.

Las niñas corrieron para abrazarla y besarla y al oído le dijeron:

¡Oh mami!, te queremos.

Anda, anda, les dijo la madre dándoles un suave empujoncito, que

papá se arrepentirá y os dejará sin el baño y sin vuestro paseo.

Llegaron a la playa y como de costumbre se sentaron para hacer

figuras de arena.

Mientras su padre leía Ana corrió a la orilla y llamó a su hermana:

¡Cris, Cris! Ven, las lágrimas de los ángeles hoy están calentitas.

Cris se acercó lentamente el agua, le daba miedo, miró a sus pies

y dijo:

Ana ¿por qué la arena se escapa de las manos?

Ana cogió a su hermana de la mano, fueron al lado de su padre y

le preguntó:

Papá, Cris quiere saber por qué la arena no se puede aguantar

entre las manos.

Su padre les invitó a coger un puñadito cada una y les dijo:

¿veis como es de fina, que se resbala entre los dedos? Pues así

son los cabellos de los ángeles, nadie puede acariciarlos.

Ana y Cris volvieron su vista hacia la roca y se miraron entre sí y

rieron. Su padre les preguntó que por qué miraban tanto y

sonreían al mirar hacia las rocas.

Las pequeñas no sabían qué decirle y salieron corriendo hacia la

orilla y gritaron:

Por nada papi, por nada, mientras las olas o lágrimas de los

ángeles, como ellas decían, mojaban sus piesecitos.

Ese día, al llegar la hora de volver a casa, Ana cogió un puñado de

arena y lo metió en su cubo. Mientras, no dejaba de mirar hacia

la roca.

Creía que su padre no se daba cuenta pero no fue así. Su padre

dijo:

Ana ¿por qué sigues sonriendo al mirar a las rocas?

Me gusta ese sitio, papá, contestó.

¿Sólo por eso? dijo su padre.

Y Cris, al ser más pequeña dijo: no, no, papi, Ana miente, es que el

ángel ha soltado su pelo y Ana ¿ves? se lleva un poco de su

cabello en el cubo, para que mamá vea que es cierto y no se ría.

¡Ah! muy bien, contestó su padre, pues vestíos que es la hora de

irnos.

El padre miraba hacia el sitio donde lo hacía su hija y no lograba

ver a nadie.

Al llegar a casa las niñas llamaron a su madre: ¡mami, mami! ven y

mira lo que hemos traído, para que veas que el ángel que llora va

a la playa.

La madre miró el cubo y dijo:

Ana, Cris, sólo es arena.

Sí, sí, es el cabello del ángel que llora en la playa, respondieron.

Como cada tarde, Cris se quedó dormida viendo lo que Ana

pintaba, que era lo que cada mañana hacían, y de nuevo volvió a

pintar la figura de una mujer sentada en las rocas, a la que sólo

se le distinguía su pelo rubio y largo hasta la cintura y vestida de

blanco.

Ese día al llevar Ana el dibujo a su padre para que le dijera qué

colores usar, este se quedó mirando, pero no preguntó quién era

esa mujer.

Miró a su hija y pensó que sólo era la imaginación de la pequeña

por las historias que él le contaba.

Al día siguiente, el padre vio que las niñas no se levantaban como

cada día para despertarle. Eso le extrañó, pero pensó que

estarían ya en la cocina desayunando, y que la madre no les había

dejado subir a despertarle.

Al llegar a la cocina preguntó a su mujer por las niñas. Ella se dio

la vuelta y dijo:

¡Ah! ¿Pero no estaban contigo?

No, dijo él. Hoy no me han despertado.

Los dos se extrañaron, subieron al cuarto de las niñas y las

encontraron arropadas y dormidas profundamente. El padre les

abrió la ventana y las llamó: ¡Cris! ¡Ana!, el sol está fuera, ya

calienta, levantaos, ¿no queréis ir a bañaros?

Las niñas se entrelazaron las manos al cuello de su padre y le

dijeron:

Papi, el ángel esta noche nos dijo que no estará en la playa, que

tenía trabajo. ¡Jolín!, no será lo mismo si él no está ya.

El padre, enfadado, pues era difícil de creer que, según sus hijas,

el ángel les avisara, les dijo:

Venga, dejaos de tonterías y levantaos. Hay un día genial.

Y ¿vamos a coger caracolas papi?

Venga, dijo él, y sin protestar fueron a la cocina a desayunar y se

pusieron los bañadores con más desgana de lo habitual.

Su padre para animarlas les dijo:

Venga, cojamos los cubos. Hoy iremos a las rocas a coger

renacuajos y veréis lo divertido que es verlos nadar en los

charquitos. Además hoy tenemos una invitada, mamá viene con

nosotros.

Eso hizo que las niñas se animaran a ir a la playa.

Al llegar, las niñas dejaron sus cosas en la arena y explicaron a su

madre todo lo que su padre, en forma de historia, les contaba

sobre el mar y lo que de él se obtenía. La madre hacía como que

se sorprendía en cada detalle contado, pero Ana y Cris sólo

tenían ojos para la roca.

El padre les dijo:

Anda, mientras mamá toma el sol, nosotros vamos a coger los

renacuajos que os dije, que nadan entre los charquitos de las

rocas.

El padre quería ver la reacción de las niñas al llegar a las rocas y

si, en verdad, existía ella. Caminaron hacia las rocas y las niñas,

como si nunca hubieran visto a la joven, reían, hablaban y hacían

todo lo que el padre les decía con la camaronera en la mano; de

charco en charco corrían detrás de los renacuajos.

El padre, por mucho que miraba, no veía la figura que su hija Ana

pintaba cada día después de su paseo. Se puso de pie y dijo:

¡Ana, hija! ¿Dónde se sienta ella?

La niña le dijo: Papá no es ella, es un ángel. Te dije que no

bajaría. Está ocupada. Anoche nos llamó para decirnos de su

ausencia.

Y, sin más explicaciones, siguieron con la camaronera y llenando

su cubo de renacuajos.

La madre llamó al padre: ¡Andrés, Andrés! es la hora de regresar.

El padre levantó la mano como diciendo que ya iban.

Como cada día, al regresar, Ana pintó cada cosa que había

ocurrido en la playa menos la figura de la joven.

Ese verano pasó tan deprisa, que casi no se dieron cuenta. Se

acercaba la hora de irse. Las niñas decían: ¡Papi una semana más!

Porfa, Cris, dijo su madre, el verano acabó y tenemos que volver

a casa. El cole empieza, vuestras amigas os esperan y papá

empieza a trabajar.

¡Jo! protestaron las niñas, no es justo, esta también es nuestra

casa, quedémonos.

¡Ana, Cris!, dijo su padre: Por favor, comportaos, ya no sois niñas

pequeñas.

¡Papá! Déjanos ir por última vez a la playa, ella estará

esperándonos, sólo queremos decirle adiós.

No, pequeñas, dijo el padre, no da tiempo.

Él, lo que en realidad quería era poder ver a esa mujer desde el

camino de la carretera. Si ellas se despedían a solas, ya él no

podría ver la chica de los dibujos.

Sólo es un segundo, protestaron de nuevo

El padre dijo a Ana, que era la que más insistía:

Desde el coche le dices adiós; así mamá y yo nos despedimos

también y ¡basta ya de esta conversación!

Se montaron en el coche mientras sus padres cargaban las

maletas y dejaban las ventanas y las puertas bien cerradas.

Emprendieron la marcha. En los ojos de las niñas se notaba la

tristeza.

Al divisar desde la ventanilla del coche la playa, Ana y Cris

bajaron los cristales. El sol ese día iluminaba más que nunca. Al

ver el cuerpo de la joven sentado en las rocas, mojando sus pies

y el filo de su vestido, las niñas suspiraron y a la vez gritaron:

¡Ángel!, el próximo verano volveremos, ¡espéranos, por favor!

Su padre, al escuchar los gritos angustiosos de sus hijas,

aminoró la velocidad del coche, pero no llegó a ver a nadie en la

roca.

¡Adiós!, ¡adiós!, dijeron una y otra vez las dos pequeñas.

El Ángel hizo girar su cuerpo y sus ojos se clavaron en los de las

dos pequeñas. Ellas era la primera vez que contemplaban su

belleza y se quedaron sin palabras; sólo se miraron y se dijeron

con las lágrimas corriendo por sus mejillas:

Es preciosa ¿verdad papá?

Los padres de las niñas miraron a las rocas y no llegaron a ver

nada. Las rocas a sus ojos estaban vacías. La madre le preguntó:

Ana ¿quién es preciosa? Yo sólo veo los rayos del sol.

Las niñas no hablaron más en todo el camino a su casa

Al llegar y ayudar a su madre con las cosas del viaje, lo primero

que hicieron fue correr a su cuarto y colgar todos los dibujos de

ese precioso verano.

Los días transcurrían con normalidad, los padres de las niñas se

creían que ya se les había olvidado todo, ya que desde su llegada

no se había hablado más de ese tema.

Pero a la llegada casi de abril, las niñas ya empezaron a hacer sus

planes y, día a día, preguntaban a sus padres cuánto faltaba para

el verano.

Cristina, la más pequeña, le dijo a su padre:

Preguntamos porque echamos de menos los paseos por la playa,

además, dijo la niña con voz tímida, el Ángel se encontrará tan

sólo…

Aparte de sus padres nadie sabía esa historia, jamás se la

contaron ni a su mejor amiga.

Ese año, al terminar el colegio estaban tan contentas; las notas

las sacaron de lo mejor y corrieron a su casa, pues sabían que, en

pocos días, emprenderían el viaje a su rincón preferido, donde el

agua eran las lágrimas de un Ángel y las caracolas guardaban el

canto de las sirenas.

Ana le preguntó esa noche a su padre mientras cenaban, que

cuándo irían a la casita de verano.

Sus padres se miraron y él les dijo:

No sabemos si este año iremos.

¿Por qué? ¿Por qué?, gritaron las niñas desesperadas

llorando. Decían: hemos sacado buenas notas, nos portamos bien,

obedecimos a mamita, la ayudamos en todo…

Las niñas, esa noche, se acostaron tristes; casi no pudieron

dormir, no entendían el comportamiento de sus padres.

Cuando los padres vieron que las niñas por fin dormían, se

sentaron con una taza de café y se miraron y comenzaron hablar

de lo que sería mejor para sus hijas, si llevarlas a la playa y

dejarlas soñar, o por lo contrario cortarles las alas de la

imaginación para que maduraran.

La madre suspiró y dijo:

Andrés, creo que el soñar no es tan malo como que, a esta edad,

les cortemos las alas sin haber empezado aún a volar.

El padre se quedó pensativo. Con una mirada de duda en sus ojos

le preguntó a su mujer:

¿Tú crees que mis historias les han hecho daño? Yo sólo quería

que ellas amaran al mar y lo que él nos da, lo que en su entorno

hay, crece y vive.

Su mujer le acarició la mano y le dijo: jamás pienses eso. Me

gusta la sensibilidad que has creado en sus corazones a lo que

nos rodea, y que otras niñas no podrían comprender. Creo y sigo

afirmando que el soñar es bueno.

Así, con esta conversación, el padre de Ana y Cris decidió volver

ese verano de nuevo a la playa. A la mañana siguiente, las niñas, al

enterarse, saltaban de alegría. Decían a gritos: ¡Biennnnn!,

nos espera el Ángel, sus lágrimas saladas, sus cabellos de arena

para peinar con nuestro rastrillo.

Ana dijo: ¿creéis que hablan las sirenas en las caracolas, verdad?

Las niñas rieron y emprendieron el viaje, alegres, cantando; casi

al llegar se quedaron dormidas, agotadas de la emoción y por el

calor.

No se dieron cuenta de que su padre aparcó el coche y las dejó

sólo por un instante, mientras abría la puerta de la casa y

encendía las luces.

Casi dormidas las sacaron del coche a las dos y aun así dijo Ana:

Mami, escucha, él sabe que hemos llegado y nos llama. El canto de

las sirenas dice que las amigas del Ángel llegaron.

Es tarde, dijo su madre, venga, adentro, mañana será un día muy

largo y lo que escucháis, hijas, son las olas que chocan contra las

rocas. Las sirenas a estas horas, creo que estarán dormidas,

como tendríais que estar vosotras.

Ana y Cris, sin rechistar, subieron a su cuarto y sin desnudarse

se tiraron en la cama. Así se quedaron dormidas hasta que los

primeros rayos de sol entraron por la ventana acariciando

sus rostros.

Cristina se despertó antes y llamó a su hermana diciendo:

¡Ana, Ana! ya salió el sol. ¿Tu crees que la bañera está ya

calentita?

Ana dijo:

Sí, creo que sí.

Se levantaron, sus padres aún dormían,

sin hacer ruido para que no se enfadaran se fueron a la cocina,

prepararon su desayuno y con su bañador puesto y sus cubos

preparados, esperaron ansiosas que sus padres bajaran.

La primera en aparecer por la cocina fue la madre.

Ellas, sentadas en sus sillas, le sonrieron.

Su madre les dijo: ¿habéis desayunado y descansado bien?

Las niñas afirmaron que sí con un movimiento de cabeza.

La madre, cariñosamente les dijo:

¿Ya estáis preparadas?

Ellas contestaron: Sí mami, sólo esperamos que papi baje para ir

a la playa.

La madre les guiñó un ojo y les dijo:

Creo que hoy no habrá paseo, hay que deshacer las maletas.

¡Jo mami, no es justo! dijeron las niñas. Todos nos esperan, más

tarde lo haremos, te lo prometemos.

La madre subió los hombros como diciendo que lo sentía y, sin

articular palabra, desapareció en las escaleras que subían a los

dormitorios.

se día, aunque Ana y Cris protestaron, no consiguieron que las

llevaran a su paseo. Entre caras largas y sin apenas hablar, las

niñas empezaron con la tarea de deshacer las maletas.

De vez en cuando se asomaban a la ventana, para escuchar el

sonido del mar romper en las rocas, y aspirar el olor que llegaba

hasta ellas.

Cris decía a Ana:

Mira cómo huelen las lágrimas del Ángel.

Ana reía y le decía:

Se han perfumado para nosotras, mañana les tendremos que

llevar un regalo.

Del jardín de su casa las niñas cortaron flores e hicieron unas

guirnaldas que guardaron cuidadosamente hasta el día siguiente.

Ese día se les hizo largo. Al caer la noche y después de cenar, las

niñas se retiraron a su cuarto y hablaron un buen rato,

emocionadas por la excursión del próximo día.

Les rindió el sueño. Esa noche el viento soplaba más que otras

noches, golpeaba los portalones de las ventanas y Ana se

despertó, se asomó y vio que en la playa había destellos

de luces que no provenían de los rayos de la luna ni de las

estrellas: era una luz diferente.

Ana llamó a su hermana Cris para que lo viera. Cris le preguntó:

Ana ¿son luciérnagas?

Ana le contestó:

No sé qué es, pero en el mar ocurre algo. ¿Ves Cris?, nadie

duerme, las sirenas no cantan, pero todo está como si fuera de

día.

A la mañana siguiente volvieron, como de costumbre, a su paseo,

más inquietas por llegar; querían saber qué pasó esa noche. Al

llegar donde se solían poner, vieron que la arena estaba llena de

huellas de pisadas que entraban y salían del mar. Preguntaron a

su padre sobre esas pisadas, y el padre les dijo que serían de

marineros que volverían de pescar; ellas se miraron y no

quedaron convencidas.

Cuando su padre se puso a leer, las niñas le dijeron:

Padre, vamos a ir a dar una vuelta hasta las rocas.

Vale, él les afirmó con un movimiento de cabeza.

Las niñas, al llegar al sitio donde solían ver al Ángel, lo llamaron:

¡Ángel! anoche te escuchamos llorar y las sirenas no cantaban.

La joven salió de entre las rocas que formaban el acantilado.

Su túnica estaba sucia, mojada, rota; se había recogido sus

cabellos, su aspecto era de agotamiento.

Las niñas se quedaron extrañadas al ver el aspecto que lucía esa

mañana su Ángel.

Le preguntaron:

¿Qué te pasa?

La joven se sentó en la roca y les dijo:

Cris, Ana, mirad mi mirada, ¿qué veis? Las niñas después de

fijarse un rato le dijeron: Tu mirada es más azul, parece que el

mar se metió dentro de tus ojos.

Os diré, dijo la joven con voz triste:

esta noche ha sido muy dura para todos. Tuve que salir mar

adentro a recoger un naufragio.

¡Vaya! contestaron las niñas y… ¿dónde están las personas,

Ángel?

La joven les contestó: En el cofre de las aguas; las sirenas las

cuidan hasta que yo baje por ellas.

Y ¿qué harás tú con ellas? preguntó Ana.

Yo soy el Ángel guardián de las almas perdidas.

De nuevo Cris preguntó: ¿y por qué mis padres no te pueden ver?

La joven sonrió y contestó:

Cris, tus padres perdieron hace mucho su inocencia.

Las niñas se quedaron pensativas, la joven sabía cual sería la

próxima pregunta y se les anticipó. Tocando a las niñas por

primera vez les dijo:

Me veréis siempre que vuestro corazón tenga una parte de niñez,

de sensibilidad. El cielo os escogió.

En ese instante se levantó un viento y del mar salió una luz y

sumergió al Ángel.

Las niñas se miraron y, en ese momento, no entendieron lo que su

joven amiga les había dicho, pero juntaron sus dedos y se

hicieron una promesa: volver cada año a ese lugar.

Y al paso de los años, Ana se hizo escritora y en sus libros relataba

las vivencias en esa playa de su niñez, y Cris se dedicó a navegar,

Cris y Ana no olvidaron nunca su juramento de mantener su alma

pura y, cada verano, solían caminar junto a su Ángel en la playa de

su niñez.

FIN

www.zonade.com/aeii/galeria/amar/Las_lagrimas_del_Angel.pdf

 

ERNESTO 

   

DISCUSION DEL VIENTO Y EL SOL

El sol y el viento discutían sobre cuál de dos era más fuerte.

La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder.

Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus

fuerzas desarrollándolas contra él.

   -Vas a ver – dijo el viento – como con sólo echarme sobre ese hombre,

desgarro sus vestiduras.

Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuanto más esfuerzos hacían,

el hombre más oprimía su capa, gruñendo contra el viento, y seguía caminando.

   El viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no

se detuvo y más cerraba su capa. Comprendió el viento que no era posible

arrancarle la capa.

Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre

hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso

sobre el hombro.

   -Ya ves – le dijo el Sol al Viento – como con la bondad se consigue más

que con la violencia.

  Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de

nuestras acciones.

Utilizamos la violencia, la ironía, la agresividad, la sorna y la burla para

tratar de lograr nuestros objetivos.

   Pero no nos damos cuenta de que, la mayoría de las veces, con esos métodos,

son más difíciles de alcanzarlos. Siempre una sonrisa puede lograr mucho

más que el más fuerte de los gritos.

   Y basta con ponerse por un momento en el lugar de los demás para

comprobarlo. ¿Preferimos una sonrisa o un insulto?… ¿Preferimos una

caricia  o una bofetada?… ¿Preferimos una palabra tierna o una sonrisa irónica?…

   Pensemos que los demás seguramente prefieren lo mismo que nosotros…

Entonces tratemos a nuestros semejantes de la misma manera en la que

nos gustaría ser tratados… Así veremos que todo será mejor… Que el mundo

será mejor… Que la vida será mejor…

Desconozco su autor.

ERNESTO

  

LA ROSA NEGRA

Es la historia de un hombre, un hombre cualquiera, al que el mundo real no le deparaba más que visiones incomprensibles y su  mundo de meditación y ensueño le aporta esas realidades que tanto añoraba. En este mundo había un jardín, que el hombre visitaba cada día, siempre que tenia un rato. Pensaba mientras paseaba por el , observando, disfrutaba con ello aunque sabía que no era un jardín bonito. Apreciaba cada una de las flores que allí había. Pocas muy pocas eran las que tenían algo de vida, la mayoría marchitas o en terrible decadencia, auque era doloroso para el hombre, el sabia que era así como debía de estar.

Un día como tantos otros, el caminaba por su jardín y vio algo que llamo su atención. Poco a poco y paso a paso iba creciendo su curiosidad, fue acercándose a ese punto de atención, descubriendo que aquello era una nueva flor. Había crecido donde antes no había nada una ROSA NEGRA, rodeada de espinas. No había día q no visitase si jardín y sobre todo su nueva flor, veía como lentamente sus pétalos iban cambiando, su aroma y ello le causaba expectación.

La belleza de la rosa iba aumentando cada día que pasaba. Bonita como ninguna otra flor en el jardín cruel con sus espinas, negra y fría como la noche. Todos los intentos de acercamiento eran en vano, pero la belleza le había apresado, y aún con el dolor de los continuos fracasos lo seguía intentado. Pero un día al visitarla descubrió que ella le había abierto un camino entre sus dolorosas espinas, la emoción fue intensa, y paso a paso fue acercándose a ella, no se lo podía creer.

En los días sucesivos visito diariamente la ROSA NEGRA, le hablaba del jardín , de las otras flores, para que así se sintiese más a gusto. Deseaba esto porque al poder haberla  observado tan de cerca, comprendió más su encanto, su belleza y su perfecta imperfección, la mezcla de delicadeza y peligro, todo aquello era increíble. Para el hombre, con la flor se detenía el tiempo, todo lo demás desaparecía mientras una lluvia de sentimientos caía sobre su mente, tan fuerte que en ocasiones sentía ganas de gritar y tan bonitos que descubrió que se puede llorar por amor.

Y un día ocurrió. Ocurrió que como de costumbre fue a ver su flor, pero esta vez no estaba. La sorpresa inicial dio paso a al inquietud, luego a la desesperación, más tarde a la locura, el hombre la busco, lloro y grito de dolor. Se dio cuenta de que jamás había querido tanto a una flor. Sus pasos se convirtieron en un correr alocado, desesperado, en todas direcciones, con el alma rota, porque su flor ya no estaba, suplico que volviera, q no se fuese, peor al rosa no regreso.

Más tarde el hombre comprendió y sonreía mientras le caían lágrimas. Comprendió que desde ese momento el se había convertido en flor, que poco a poco iba muriendo… marchitándose en su jardín.

__Luna___ERNESTO______Sol________

Historias de Terror.

En busca del Asesino Original .
 
 

“¡Que no se escape, que no se escape, Ezequiel!”,
 le decían a éste. Los policías iban corriendo
en busca de Rolando, unos de los psicópatas
 más buscados. Rolando “cara quemada” Mendoza,
 seguía corriendo con mucha rapidez hacia un edificio.
 De pronto éste al ver que otros policías venían
 desde el otro lado de la calle, saca su arma y
 comienza a dar disparos hiriendo o matando
 a todo lo que se cruzase. Ezequiel repentinamente
se detiene y deja que su amigo corra sólo tras él
 y entra por una ventana de uno de los salones del
 edificio. El psicópata asesino, al verse rodeado,
 entra por la puerta principal de aquel edificio -“pero
Ezequiel ¿donde estas, hombre?”- otros policías se
 unían en la persecución de éste, pero sin lograr
 tener éxito en la captura. El psicópata huía a toda
 velocidad, arrojaba cosas a los policías tratando de
 obstaculizar la persecución. Algunos policías torpes
 se resbalaban y caían al suelo por las cosas que
 arrojaba éste. Rolando estaba logrando salir del
 edificio, cuando un detective se pone en frente
 de la puerta para detenerlo, pero Rolando no tuvo
ningún pudor, saca su arma y con un certero tiro
 en el cráneo del detective lo asesina y logra salir.
 Ezequiel, entraba y salía de las habitaciones del
 edificio de no más de cuatro pisos y llega hasta la
azotea. Desde allí ve que Rolando seguía corriendo
 intentando escapar – “¡maldito, ahora sí que no
 te me vas a escapar! Santoro y los demás con
 estupor ven como Ezequiel, jugando a ser
superhéroe, saltaba desde el último piso
amortiguándose con un toldo que había en la
 parte trasera del edificio y lograba detener
 por fin a Rolando. Ezequiel con furia le pegaba
 en el rostro a éste, una y mil veces -“dime…
¿que conexión tienes con Vicente Romero?…
RESPONDEME MALDITO, O QUIERES
QUE TE MATE AHORA MISMO…”Rolando
no hacía nada-“No te voy a decir ninguna
 maldita palabra, quédate con la duda
 para siempre, jajajajjaj…. Ezequiel nuevamente
con una furia incontenible le daba golpes en el rostro
 con el mango de la pistola -“detente, detente,
 Ezequiel, no lo mates aquí….”
decía un policía -“llevémoslo de inmediato”….

 

Ezequiel, Juan, Rubén, Bernardo y los demás

 policías se llevaban a Rolando hasta una cárcel

 de máxima seguridad. En el trayecto Santoro

miraba atentamente a Ezequiel-“oye, y tú ¿cómo

 hiciste eso?” – “la verdad, es que aún

 no lo sé…pude haberme matado…pero la verdad

es que al pensar de que Vicente está aún suelto,

 me da fuerzas para hacer cosas inimaginables”

 decía Ezequiel -“espero que ahora vayas a descansar,

 no podría describir que cara tienes en este momento”

 decía Juan Santoro. -“y tú ¿qué vas a hacer?” –

 “tengo que ir a una vivienda, que está cerca de

 un bosque a investigar unos extraños

 acontecimientos que ocurrieron en un camping

 cercano, hace varios días que trato de investigar

este caso. ¿Lo sabías…cierto?” – “sí lo sabía…pero

 ¿vas a ir sólo?, recuerda que estamos juntos en

esto” – “pero yo te ordeno a que de una vez por todas

 vayas a dormir un rato, despéjate, y mañana nos

 vemos” decía Santoro. Ezequiel resignándose a las

 palabras de su amigo, se bajaba del furgón y

 cruzaba una calle hasta llegar a su hogar.

Ya estando en su casa, Ezequiel se saca el

 celular y su billetera y va a la cocina, abre

 un cajón y saca pastillas para dormir -“estos

 días han sido de los más estresados de mi vida,

 espero que con esto pueda dormir tranquilo” decía

 Ezequiel y se tomaba las respectivas

 pastillas -“dos es más que suficiente”. Este iba

rumbo a su dormitorio entre dormido

 pensando:”te atraparé algún día Vicente,

 y vas a sufrir maldito” se recuesta en su

 cama y se queda inmediatamente dormido,

 el celular que estaba en la mesa de noche,

 empezaba a sonar y a sonar, era Santoro

 quién le había mandado un mensaje de texto

que decía-“espérame dentro de estas 24 horas,

 si no te llamo, ven a buscarme porque

estaré en peligro…….

Ya estando en la cárcel, los policías llevaban

 esposado a Rolando, mientras que los demás

 reos gritaban al ver al asesino, quién era conocido

por ellos. Mientras un grupo lo veneraba y

 cantaban himnos patrios de las diferentes

naciones de los asesinos, otros lo insultaban

 y le escupían en la cara. -“¿estas dispuesto

 hablar ahora basura?” Le decían al asesino -“jejeje,

 ustedes se equivocan si creen que les voy a

 decir una miserable palabra de los que

 ustedes quieren…sólo les puedo decir que

 en comparación con un ratón y un elefante…

 han cazado al ratón…” todos quedaron en

 silencio y con un empujón metieron a Rolando

 a una celda, cumpliendo los 98 años de

cárcel que le dieron, o sea cadena perpetua.

Ezequiel caminaba de noche por un camino

 muy oscuro que apenas veía su cuerpo,

 escuchaba gritos, golpes y disparos, esas

 voces y esos gritos los conocía, era la voz

 de su familia, empezaba correr adivinando

 el camino-“Madre ¿dónde estas?, ¿Padre?”

 también sentía la voz de su pequeña y

 única hija -“Gulianaaaaaaa….¿en donde

 están?”. De pronto una gran luz que provenía

 de la luna llena iluminaba el camino….

 sus ojos no podían creer al ver a su padre

 agonizando con grandes perforaciones en

su pecho indicándole donde estaban los demás.

 Ezequiel desesperado corría en busca de los

demás, su asombro fue mayúsculo al ver a

 su madre tendida en el suelo muerta. Alza su

 vista y ve a Vicente mirándolo fijamente con

 Guliana entre sus brazos-“no le hagas daño,

por favor te lo ruego, es mi razón para vivir

, por favor, estoy dispuesto a hacer todo lo

 que tu me pidas…por lo que más quieras

 haré todo lo que tu me pidas…” al escuchar

 eso, Vicente deja caer a la niña, encañona a

 Ezequiel y dispara, la bala se incrusta en la

 cabeza de éste despertando de la gran

 pesadilla que había tenido.

Ezequiel se levanta con un inquietante zumbido

 en sus oídos, apaga el reloj despertador y

 se levanta, entra al baño y se moja su cara

 repetidas veces, el espejo reflejaba el rostro

 de Ezequiel lleno de ansiedad por continuar

 con su mayor anhelo…

Ezequiel Domínguez repentinamente no se

 encontraba por ningún lado, no estaba ni en

 el baño, ni en la cocina, en ninguna parte.

 Sus ropas estaban tiradas en el suelo,

 algunas cosas estaban quebradas. La mesita

 de noche estaba volteada con las patas arriba,

 Ezequiel había salido apresuradamente de

 su casa, al leer el mensaje que le había

mandado su querido amigo y compañero

Juan Santoro.

Enciende el motor de su auto, y comienza a

dirigirse hasta el lugar en donde se encontraba

Santoro. Su celular sonaba y sonaba, eran los

 compañeros de éste que les avisaba que había

 un motín en una cárcel cercana, luego lo

 llamaban para que se presentara a reuniones,

 lo llamaba su familia, pero él no se concentraba

 en nada que no sea en la búsqueda de su compañero.

Luego del largo trayecto, se encuentra frente

 a frente con un bosque, con su automóvil

 comienza a entrar pausadamente. Ezequiel ve

 a lo lejos un chico salir excitado y horrorizado

de la casa que estaba en aquel bosque.

Inmediatamente éste detiene su automóvil

y lo llama, pero el chico no le prestaba atención

 y se iba alejándose del lugar rápidamente.

Se baja del automóvil, saca su arma y empieza

 a caminar lentamente acercándose al lugar.

Mira a su alrededor, apuntaba al maizal por

 si había alguien escondido, pero nada.

 Hasta que empezó a caminar raudamente

hasta la vivienda, en donde salían olores

desagradables. Tocó varias veces la puerta,

 no les respondía nadie. Descubrió que la

puerta estaba semiabierta, y empezó a darle

 pequeños empujones, algo se oponía,

no podía ver nada. Tapándose un poco

 la nariz y la boca, dio un último empujón

a la puerta en donde el cuerpo de una

 anciana cae a un costado. Ante el pavoroso

 descubrimiento, Ezequiel seguía caminando

 por los alrededores de la casa. Sus ojos

 ansiosos por encontrar algo cambiaron

inmediatamente a unos ojos de una amargura

 innata al ver a su compañero muerto

rca de una habitación. Ante esta situación,

piernas empezaron a temblar como si

 ya no tuvieran fuerzas y cae de rodillas-“haré

todo lo que tú me pidas, haré todo lo que

 tu me pidas”- sentía en su cerebro, lo mismo

 que había dicho él en el sueño que tuvo.

 De pronto unos pasos se escucharon en la

 entrada, rápidamente saca su arma de nuevo

 y ve una sombra que estaba entrando,

 no podía ver absolutamente nada y apunta-

“hey tú, quédate en donde estás, maldito asesino

enfermo” decía aquella sombra. -“¿quién eres tú?”

decía Ezequiel -“soy detective, quédate en

donde estas” – “yo también soy policía, mira mi

 acreditación”, pero está persona a quién Ezequiel

no veía dispara sin razón alguna, lo hiere en

 una de sus piernas y cae al suelo.

El sujeto de a poco empezaba a acercarse a

 éste -“tú, tú no me vas a quitar este caso,

Vicente Romero es mi principal objetivo,

lo que tu haces es estropearlo todo,

inútil…dime ¿cómo te llamas? Insignificante”

 decía este “me llamo Ezequiel Ramiro

 Domínguez Cepeda”. Al escuchar esto,

el policía da media vuelta y empezaba a salir

 velozmente de la casa -“hey, espera,

y tú ¿cómo te llamas?” decía Ezequiel

 tratándose de poner de pie y comenzaba

 a seguirlo. El sujeto estaba a punto de

 entrar al maizal, y al ver que éste lo seguía,

comenzaba a disparar varias veces hiriéndolo

nuevamente en un brazo -“detente maldito

 policía corrupto” decía Ezequiel y dispara lo

suficiente como para herirlo y cae al suelo

 pesadamente.

Comenzó a caminar lentamente hasta el sujeto,

quién estaba en el suelo boca abajo. Al voltearlo,

 su asombro fue mayor al ver que se trataba

de Rubén, uno de sus compañeros, sus balas

 no lo habían herido, lo habían matado

 instantáneamente. Desesperado al ver a Santoro,

 la anciana y a Rubén muertos, llamó a los

demás compañeros para que se presentasen al lugar.

Herido y adolorido, entra como puede a su auto

, y se dirige a un hospital cerca. Estando ya en él,

 algunos enfermeros acudieron en su ayuda,

ya que éste se desmaya apenas entra.

Urgentemente, los doctores comienzan a operarlo,

extrayéndole las balas de su brazo y pierna.

Ezequiel comenzaba a tener el mismo sueño que tuvo.

Caminaba por un lugar oscuro, veía la imagen

de Vicente corriendo alejándose de él.

Este comenzaba a perseguirlo, en el camino,

su padre y su madre se cruzaban tratando de

 que no lo siguiera, pero Ezequiel con furia

 dispara en contra de sus padres, quienes

estaban obstaculizando su camino y caen moribundos,

 veía a su pequeña hija Giulana gritando

por lo acontecido, pero él continuaba corriendo

hasta que lo atrapa, lo agarra de los brazos,

saca su arma y le propina tres disparos en su

 espalda, Vicente cae pero su arma se dispara,

 una bala estaba a punto de llegar al cráneo

 de Ezequiel, cuando despierta asustado

 tocándose la cabeza.

-“Despertó, el bello durmiente”- “quién se lo

 iba a imaginar, el cazador cazado,

jajaja”- “un pescado fresco, jejeje” – escuchaba

 al despertar. En un reflejo del miedo mira

 para todos lados, estaba encerrado junto

 con otro reo en una celda. -“¿QUÉ HAGO

AQUÍ, QUE HAGO AQUÍ? POR LA MISMA

MIERDA” decía. -“acaso no lo sabes” decía

 un compañero de celda -“¿qué cosa?” – “estas aquí

 por corrupción, y además mataste a un policía

compañero tuyo, así que te queda mucho

tiempo aquí” – “no, no, nooooooo, tengo que

encontrar al asesino, lo tengo que encontrar”

decía Ezequiel mientras caminaba desesperadamente

 por toda la celda y tocándose su rostro. -“oye, ¿dime

como te llamas tú?”- “¿Yo?, me llamo Julio,

 los chicos aquí me dicen el enano julio” – “está bien

Julio, ¿qué te parece si planeamos salir

 de aquí?, ¿eh?… ¿hace cuanto tiempo

estoy aquí?” – “desde ayer, tus compañeros

están furiosos contigo por esto, por lo menos

no quieren verte en mucho tiempo” –

“¿tu sabes como descubrieron esto?” –

 “que se yo, hombre, yo nunca he sido

un detective, ni sé como trabajan,

 pero tu sabes, a lo mejor dejaste algo

 que era tuyo, una prenda, o hasta por tus

 mismas huellas digitales, eso lo que yo sé…

pero te podría decir qué es muy difícil salir

 así como así de aquí, nosotros solamente

 salimos para almorzar, u otras veces salimos

 al patio a recrearnos un rato, pero el resto

 del día estamos aquí” decía Julio. Charlaron

durante largo rato, pero Ezequiel desesperado

estaba pensando planear como salir de aquel lugar.

De todas las conversaciones que tuvieron,

 Ezequiel le pregunta -“¿y tu como fue que

 te trajeron? ¿Qué hiciste?”- “bueno mi

 estimado compañero…un día estaba yo

 en mi casa, estaba a punto de conocer

a mi padrastro, lo estaba esperando con

mi madre, quién estaba ansiosa para que

yo lo conociera, yo tenía en ese tiempo 32 años.

Llega el momento, él venía muy bien vestido..

.pero lo que más me llamo la atención de él…

era su hija. Una mujer de un cuerpo

 extremadamente espectacular, ella apenas

me saludo con un beso en la mejilla…

realmente me despertó todas mis pasiones

que tenía dormida durante largo rato por

 causa de mi trabajo y otras cosas personales.

 Era una mujer muy correcta y muy profesional

 en su trabajo…yyyy” – “¿y que fue lo que

pasó entonces…?” interrumpía Ezequiel- “Ella era

 una mujer muy ocupada en sus asuntos,

 no tenía mucho tiempo para el amor,

yo no podía enamorarme de ella,

 porque…es mi hermana, mi hermanastra,

 yo…era…muy correcto… ¿entiendes?,

muy correcto. Un día estábamos solos

 en mi casa, ella venía del trabajo muy

agotada…se fue a la ducha.

 Yo realmente…me estaba volviendo

loco por ella” – decía acongojado el enano Julio –

 “yo soy muy feo, además de chico, pero po

r mi simpatía atraía mucho a las mujeres que

 conocía, pero ella…era especial…yo siempre sabía

 todo lo que hacía, la espiaba…y ese momento no

 fue la excepción, tuve que entrar mientras ella

 se bañaba…pero ella no hizo absolutamente nada…

se entregó a mi, se dejó llevar por la pasión,

 yo le atraía también, igual que a las demás que

 había conocido…hicimos el amor apasionadamente.

Se dejó llevar…” – Ezequiel solamente lo

 escuchaba – “ella se dejaba llevar, yo me movía

y ella se movía también excitada, no resistió

 mis encantos, le daba palmadas en sus nalgas

a su cuerpo inerte y me hacía excitarme más y

 mucho más, su sangre corría junto con el

 agua de la ducha por las certeras apuñaladas

 que le había hecho con mi afiladísimo cuchillo….ohh

esa mujer por fin se había entregado…”

al escuchar eso, Ezequiel, en un arranque de ira,

 lo toma de cuello tratándolo de ahorcar – “

y la mataste maldito, maricón, te voy a matar

 desgraciado, ¿cómo pudiste…?”-

decía enfurecido Ezequiel.

 Los demás reos gritaban y

 llamaban al guardia de turno que

estaba cerca -“¡Están matando al enano Julio,

 están matando al enano Julio!” gritaban.

Apenas el guardia abría la reja, el enano

 julio le cierra el ojo izquierdo a Ezequiel,

 éste inmediatamente supo lo que era.

El guardia estaba a punto de darle un

 golpe en la espalda a Ezequiel, cuando

 éste se da vuelta y lo esquiva tomándolo

 del brazo, luego le tuerce la muñeca y

 le arrebata el madero con que le iban

a golpear, y con el mismo palo le da un

 feroz golpe al guardia dejándolo casi inconsciente.

 Luego le arrebata las llaves y posteriormente

el arma, y sale con él llevándolo como rehén

 mientras que los reos seguían gritando y

 golpeando las rejas-“Pronto sabrán que

 soy inocente” decía.

Pero cuando el enano Julio puso un pie fuera

de la celda, Ezequiel lo mira y le dice-“si te

 veo a ti de nuevo en la calle, volaré todos

 tus sesos, y tus vísceras serán alimento

 para los perros”. Ante la seguridad de las

 palabras de Ezequiel, el enano Julio no lo

 pensó dos veces, y él mismo entró de nuevo

a la celda, incluso cerrando la reja.

Los demás guardias estaban comiendo,

algunos botaron sus platos por el asombro

 al ver a Ezequiel fuera de la celda y a su

 compañero ensangrentado casi inconsciente

 -“ustedes ineptos, sabiendo que hay un

asesino haciendo de las suyas en la calle,

 están aquí, riéndose y comiendo como cerdos…

yo no soy ningún policía corrupto…

yo me largo de aquí…

 ¡ABRAN LA MALDITA PUERTA,

O SINO LE DISPARO EN LA CABEZA A ÉSTE…!”

. Los guardias obedecieron inmediatamente

 y le abrieron la puerta asustados.

Ezequiel ya estaba en la calle, pero seguía

 teniendo en sus brazos al guardia.

 Luego de caminar varias cuadras,

lo suelta y empieza a correr.

 Los demás policías empiezan a pedir

 refuerzos como condenados, pero nunca

volverán a atrapar a Ezequiel Domínguez….

Al perderlos de vista, Ezequiel empezó

 a caminar lentamente en dirección a un metro,

para que lo alejara del lugar. “haré todo

 lo que me pidas, todo lo que me pidas”

seguía sintiendo en su cerebro y tira

 la pistola muy lejos. Se detiene esperando

el metro, se sentía muy observado,

 algunas personas lo miraban extrañados

 por su atuendo.

Se acerca el transporte, se detiene y abre

 sus puertas. Muchas personas entraban y

 salían de allí, él entró rápidamente y se sentó

 en un lugar alejado de los pasajeros, cerca del

 conductor. Luego del largo recorrido del metro,

y detenerse para que salieran las personas del

 transporte ya que era de madrugada,

empezó a levantarse de su asiento,

se había quedado dormido. No lo podía creer

 lo que veía sus ojos, estaba Vicente Romero

 justo justo en el mismo metro, se agacha

 para que no lo viera y trataba de buscar

su arma, pero no lo tenía, se acordó de

que ya no tenía ni su traje, ni sus armas,

 ni sus herramientas de trabajo.

Nuevamente se levanta de a poco, pero

se distrae, al ver a un costado un misterioso

 hombre, que pareciera ser policía, sí, sí,

 lo conocía, es policía, ha trabajado con

 él algún tiempo. Se relaja un momento

 y espera hasta que la máquina se detuviera

 y que saliera Vicente de allí. La maquina

se detiene y Ezequiel se levantaba lentamente,

 ve que Vicente salía, y que el otro sujeto hacía

lo mismo un paradero más allá. Antes que

 las puertas se cerraran nuevamente,

 Ezequiel sale del metro y se dispone

 a seguir al policía. Pero se detiene

 bruscamente para no levantar sospechas,

ya que nadie le creería en ese momento

que es un detective más y dobla en una esquina,

se dispone a esperar que podría pasar en aquel

 encuentro que iban a tener estos dos personajes…

Luego de esperar durante largo rato, siente

 repentinamente unos gritos desgarradores -“

ese grito…ese grito…no es Vicente…es el otro

 sujeto”. Pensaba Ezequiel y se dispone a ir

al lugar de los hechos. Encuentra al policía

 muerto degollado tirado en el suelo-“Vicente Romero,

 Durante años has ido matando y cambiando

 de identidad. Viajando de ciudad en ciudad,

 sembrando el caos por donde pasas…nadie te

 ha visto, no tienes fotos tuyas, pero nosotros

 te conocemos bastante bien…te seguiremos

 en donde vayas…pero el día en que te encontremos

 y te atrapemos…vas a desear que nosotros

 te matemos, ya que te torturaremos de por vida…”

  

        ERNESTO.

  

  

    

 

      

  

 
 
 
 
 
 

El Violinista.

Historia de un famoso concertista
y el mendigo musical, El famoso violinista,
El concertista

Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en su forma de actuar la mediocridad total.

Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su bona, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma displicente y aburrida con que tocaba ese violín.

Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana.

La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor.

Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y entonces, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo.

Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones.

Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: ” ¡Ese es mi violín! ¡Ese es mi violín!”. Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.

Y tú, ¿cómo tocas el violín que te entregó la vida?.

La vida nos da a todos “un violín”. Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes.

Y tenemos libertad absoluta de tocar “ese violín” como nos plazca. Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si hemos de ejecutar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.

Los mejores lugares son para aquellos que no solamente afinan bien ese violín, sino que aprenden con el tiempo también a tocarlo con maestría. Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Y aspirar siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían.

La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades iniciales llegó a ser un concertista con ese violín que es la vida. Y también, por desgracia, registra los casos de muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron con ese violín, ser mendigos musicales.

 ERNESTO_

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