HISTORIAS Y RELATOS^^LA VISITA

La acabo de conocer, y ya deseo que me acompañe durante un tiempo…
Todo empezó hace unos meses. Ella llegó a mi casa sin previo aviso y, al igual que cuando alguien te visita de sorpresa sin estar arreglado, me perturbó. Recuerdo que tras sonar el timbre me pregunté quién habría osado venir a mi casa sin haberme dado la oportunidad de prepararme. Pasados unos segundos, abrí la puerta, y con la tenue luz del hall sólo pude vislumbrar a una mujer de extraña apariencia. Ella fijó su implacable mirada en mis ojos, y una desconocida sensación se apoderó de todo mi cuerpo.
En mi confuso estado, le pregunté a qué debía su visita, y sin responderme ni dar ningún tipo de explicación, entró rápidamente en la casa, se dirigió a la sala de estar y se sentó en el diván. Absolutamente atónito por el curso de los acontecimientos, cerré la puerta y me dirigí adonde se encontraba la atrevida mujer que había allanado mi morada de forma tan resuelta.
Me pregunté en mi estado de estupefacción y no menos desconcierto cómo se podía llegar a ser tan temerario. Yo podía haber sido un peligroso asesino o un perturbado mental y, sin embargo, nada le hizo temer en su irreflexiva entrada. Diríase que me conociera de toda la vida por su forma de actuar, aunque, en principio, a mí no me resultaba familiar. 

Me acerqué a ella, y bajo la potente luz de las lámparas que iluminaban la estancia, descubrí a una atractiva y agradable mujer que tranquilizó mi espíritu. Sus ojos eran de un gris profundo, su cabello negro y largo, su nariz pequeña y redondeada, y sus mejillas brillaban con tonos rosáceos. Sus labios carnosos y grandes parecían querer musitar algunas palabras, aunque no llegué a escuchar sonido alguno salvo un leve y continuo jadeo de cansancio.
A la vista de su estado, le ofrecí un vaso de agua, que se bebió gustosamente. Al poco, su respiración fue calmándose. Tuve la sensación de que necesitaba decirme algo, que para su sosiego precisaba anunciarme una noticia. Yo estaba ávido por salir airoso de mi curiosidad, así que la escuché atentamente.
-Buenos días, -dijo ella-. Disculpe mi atrevimiento y no se preocupe por mi estado. Llevo toda una eternidad visitando casa por casa a muchas personas: solteros, casados, viudos, hijos, enfermos, divorciados… No siempre soy bienvenida, y es tan enorme el esfuerzo que hago que a veces el cansancio puede conmigo.
– Bien, -le contesté-. ¿Y a qué se debe su inesperada visita a esta casa? ¿Y por qué visita a tantas personas, si no es indiscreción? ¿A que se dedica usted para que a veces no sea bienvenida?
– No es fácil de explicar. Empecemos por usted, por ejemplo. Salvo algunos momentos insignificantes, siempre ha compartido su vida con otras personas: sus padres, sus hermanos, sus parejas, sus hijos… Pero desde que vive solo, le asaltan miles de recuerdos, tanto positivos como negativos. A veces, llora en silencio por la pena del desamor y la nostalgia, y de vez en cuando dialoga con usted mismo y se pregunta si eso es normal. Aparecen temores sin conocer a priori los motivos. Hay momentos en los que le gustaría estar con determinadas personas para abrazarlas y besarlas, o llamar a sus amistades para hablar, para desahogarse de la presión mental y emocional que padece, o simplemente para salir y distraerse. Parece que la situación a veces le domina a usted, que no puede controlar lo que piensa y siente. Y en otras ocasiones se desconcierta porque no encuentra una explicación racional a todo lo que le está pasando.
Al instante, y sorprendido por lo que ella estaba narrando, tuve el impulso repentino de preguntarle como había obtenido toda la información, pero a su vez sentí que ella debía seguir hablando, y no la interrumpí:

– La apatía muchas veces le corrompe –prosiguió la mujer-, y cree estar perdiendo el tiempo soberanamente, o se enreda con mil cosas para no pensar y olvidar. Otras veces el deseo sexual se asoma y, al no tener a su pareja al lado, busca sucedáneos que no le satisfacen. Hay momentos en los que siente un vacío enorme, y llega a plantearse incluso en lo bien que se podría estar en la otra vida sin todas estas contrariedades, pero sin pasar de ahí, de un simple pensamiento.
Pues bien, ante todo este cúmulo de dudas, preguntas, sensaciones y confusiones que llenan la vida de muchas personas, he tenido que dedicarme a transmitirles que esta situación no es única, que es compartida y, en ocasiones, mucho más dramática.
Por otro lado, es cierto que el dolor que uno siente tras una separación sentimental es proporcional a la intensidad del amor dado y recibido. Soy consciente de que usted ha dado mucho y también ha recibido mucho, y por eso necesita más tiempo que otras personas para curar sus heridas. No está en su mano controlar sus emociones ni muchos de los pensamientos que abordan su mente. Encontrar el suficiente equilibrio entre el cuerpo mental y el emocional no es un tema baladí, y se torna difícil, pero puede conseguirse siempre con la voluntad necesaria.
¿Qué le asedian temores en algunos momentos? ¡Poderosa energía es la del miedo a estar solo y arriesgarse a enfrentarse con uno mismo! Pero todo esto no hay que verlo como una amenaza, sino como una oportunidad. Todos tenemos debilidades y fortalezas, y se puede aprender a disminuir aquellas y aumentar éstas. El tiempo y la paciencia son trascendentales aliados. Vivir solo puede tener una virtualidad que usted deberá descubrir con la dedicación y el tiempo suficiente para ir aprendiendo de su situación.
No siempre se tiene la oportunidad de hallarse así, y hay que saber aprovecharlo. Cada uno pinta su vida con los colores de sus pensamientos y experiencias, de las sensaciones y emociones con los que se viven: alegría, amor, bondad, sufrimiento, placer, dolor, belleza, amistad, tristeza, cariño, ternura, ansiedad, preocupación, fe, caridad, celo, perdón, confianza, libertad, seguridad….y todas ellas se reflejan en la obra final. Por eso, no hay dos cuadros idénticos, aunque puedan tener el mismo estilo.
En fin, podría pasarme meses hablando sin parar, pero creo que es importante que muchas de las respuestas las vaya descubriendo usted mismo con la paciencia y el tiempo necesarios, que son en este momento, como le decía antes, dos fundamentales aliados.
Empecé a comprender todo lo que me había dicho aquella atractiva mujer. Tras escucharla, llegó a resultarme tan familiar que incluso sentí el impulso de abrazarla y de agradecerle la manera tan sutil y delicada con la que había descrito mi situación personal y la forma tan positiva de tratarlo. En vez de eso, y sin saber qué me indujo a hacerlo, la invité a permanecer en mi casa todo el tiempo que necesitara.
Yo no esperaba una respuesta positiva de su parte. Sin embargo, mi sorpresa fue que admitió quedarse y me agradeció el ofrecimiento. Y creo, al menos es la sensación que tengo, que nunca me arrepentiré de haberlo hecho, pues era posible que muchos de los temores y dudas que ella había descrito desaparecieran de mi vida con su compañía.
– Por cierto, -dijo la mujer-. Estoy encantada de conocerle, pero no he tenido aún el gusto de presentarme. Mi nombre es… Soledad.

(Por: Luis Escribano)

ERNESTO

YO SIEMPRE TE ESPERÉ.HISTORIAS Y RELATOS

 

El tren hacia mucho rato que había partido.

Pero él seguía allí, sentado, esperando.

La sensación de que hoy por fin pasaría algo extraordinario

cada vez se hacia más patente, más próxima, más real.

Ya entrando la noche y la nevada cada vez más débil.

¿A que esperaba? se preguntó.

En fin, se dijo, volvería a casa a prepararse algo para cenar.

Y cuando fue a levantarse… entonces la vio, al final del anden.

Su viejo corazón empezó a latir con fuerza.

Por fin, después de tantos años ella había venido, 

la espera había valido la pena, 

tras tantos años de soledad al final su ilusión se cumplía. 

Y supo que la angustia que poseía se desvanecía.

Pero ni en los mas profundo de su ser podía llegar a imaginar…

Entornó los ojos, la luz de la estación no le permitían ver su cara,

pero interiormente algo dentro le decía que si, que era ella.

Pero… no, no podía ser.

La mujer que lentamente se acercaba a él era muy joven…¡no comprendía!

No, no era ella , no… Pero … ¡¡se parecía tanto!!

Su vista le confundía, pero su corazón le indicaba todo lo contrario.

Al fin llegó hasta él y se sentó a su lado y se sintió desfallecer.

¡sí que lo era!. Tal y como él la recordaba 

cuando se separaron hacia ya trece largos años.

Era imposible que fuera la misma mujer.

Y le dio igual , que más daba, al final ha regresado y eso era lo importante.

¿Que tal estás? le dijo -Temía que no me esperaras ya.

Y posando su blanca y larga mano sobre la de él, le susurro al oído

¡Amor mío!… lo siento, pero te ha durado más la esperanza que la vida.

Y así, tomados de la mano desaparecieron en la noche.

Al día siguiente encontraron el cuerpo del pobre viejo, al lado del río,

inerte sobre la nieve y a su lado escrito ,estas palabras:

“YO SIEMPRE TE ESPERÉ”

(Desconozco su autor)

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Tommy, un pastor alemán, desde que murió su dueña va a misa todos los días y llora a su dueña en una iglesia

Desde que murió la dueña hace dos meses, su perro Tommy asiste todos los días a misa en la Iglesia de Maria Asunta, en San Donaci, en el sur de Italia, donde espera el regreso de la anciana propietaria.

El perro, un pastor alemán de 12 años, pasa todos los días de la plaza central del pueblito, en donde se reúnen los ancianos, a la iglesia y se instala al lado del altar, con autorización del párroco.

Tommy no ha dejado de ir ni un día a la iglesia desde que asistió a las exequias de su dueña, cuenta el diario Il Messaggero.

Desde entonces, el párroco, Donato Panna, le permite entrar al templo para asistir a bautizos, bodas y entierros.

Apenas escucha las campanas o ve llegar el coche fúnebre, el perro entra a la iglesia y sigue al ataúd como si la dueña pudiera resucitar.

Tommy era un perro vagabundo que la dueña adoptó; ahora que quedó solo, todo el pueblo lo protege, lo alimenta y acaricia como emblema de fidelidad.

Desde que murió la dueña hace dos meses, su perro Tommy asiste todos los días a misa en la Iglesia de Maria Asunta, en San Donaci, en el sur de Italia, donde espera el regreso de la anciana propietaria.

El perro no sólo es el mejor amigo del hombre sino el

compañero más fiel.

ERNESTO YO

EL TREN DE LA VIDA

La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.
Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje: nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No obstante, esto no impide a que se suban otras personas que nos serán muy especiales.
Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y nuestros maravillosos amores. De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite.
Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son tan queridos se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos… pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento.
No importa – el viaje se hace de este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas… pero jamás regresos.
Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo que tengan de mejor.
Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos donde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.
Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia..
Creo que sí. Separarme de algunos amigos de los que me hice en el viaje será dolorido. Dejar a que mis hijos sigan solitos, será muy triste. Pero me afierro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron.
Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se hiciera valiosa.
hagamos con que nuestra estadía en este tren sea tranquila, que haya valido la pena. Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan
AUTOR DESCONOCIDO

COMO INSTALAR EL PROGRAMA AMOR

 Cliente: ¿Estoy llamando al departamento de Atención a Clientes?
– Empleado: Así es; buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? – Cliente: Estuve revisando mi equipo y encontré un sistema que se llama AMOR pero no funciona. ¿Me puede ayudar con eso?
– Empleado: Seguro que si. Pero yo no puedo instalárselo; tendrá que instalarlo usted mismo, yo lo oriento por teléfono, ¿le parece?
– Cliente: Si, puedo intentarlo. No se mucho de estas cosas, pero creo que estoy listo para instalarlo ahora. ¿Por donde empiezo?
– Empleado: El primer paso es abrir tu CORAZÓN. ¿Ya lo localizaste? – Cliente: Si, ya. ¿Pero hay varios programas ejecutándose en este momento? ¿No hay problema para instalar mientras siguen ejecutándose?
– Empleado: ¿Cuáles son esos programas?
– Cliente: Déjame ver… Tengo DOLORPASADO.EXE, BAJAESTIMA.EXE, CORAJE.EXE y RESENTIMIENTO.COM ejecutándose en este momento.
– Empleado: No hay problema. AMOR borrará automáticamente DOLORPASADO.EXE de tu sistema operativo actual. Puede que se quede grabado en tu memoria permanente, pero ya no afectará otros programas.
AMOR eventualmente reemplazara BAJAESTIMA.EXE con un módulo propietario del sistema llamado ALTAESTIMA.EXE. Sin embargo, tienes que apagar completamente los programas CORAJE.EXE y RESENTIMIENTO.COM. Estos programas evitan que AMOR se instale adecuadamente. ¿Los puedes apagar?
– Cliente: No se como apagarlos. ¿Me puedes decir cómo?
– Empleado: Con gusto. Ve al menú INICIO e invoca PERDON.EXE. Ejecútalo tantas veces como sea necesario hasta que CORAJE.EXE y RESENTIMIENTO.COM hayan sido borrados completamente.
– Cliente: Ok… listo. AMOR ha empezado a instalarse automáticamente. ¿Es esto normal? – Empleado: Si. En breve recibirás un mensaje que dice que AMOR estará activo mientras CORAZÓN este vigente. ¿Puedes ver ese mensaje?
– Cliente: Si, si lo veo. ¿Ya se terminó la instalación?
– Empleado: Si, pero recuerda que solo tienes el programa base. Necesitas empezar a conectarte con otros CORAZONES para poder recibir actualizaciones. – Cliente: Oh, oh… Ya me apareció un mensaje de error. ¿Qué hago? – Empleado: ¿Qué dice el mensaje de error?
– Cliente: Dice “Error 412 – programa no activo en componentes internos“. ¿Qué significa eso? – Empleado: No te preocupes, ese es un problema común. Significa que AMOR está configurado para ejecutarse en CORAZONES externos, pero no ha sido ejecutado en tu CORAZÓN. Es una de esas cosas técnicas complicadas de la programación, pero en términos no técnicos significa que tienes que “AMAR” tu propio equipo antes de poder “AMAR” a otros.
– Cliente: Entonces, ¿qué hago? – Empleado: ¿Puedes localizar el directorio llamado “AUTO ACEPTACIÓN“? – Cliente: Si, aquí lo tengo.
– Empleado: Excelente, aprendes rápido.
– Cliente: Gracias.
– Empleado: De nada. Haz “clic” en los siguientes archivos para copiarlos al directorio “MICORAZON”: AUTOPERDON.DOC, AUTOESTIMA.TXT, VALOR.INF y REALIZACION.HTM. El sistema reemplazara cualquier archivo que haga conflicto y entrará en un modo de reparación para cualquier programa dañado. También, debes eliminar AUTOCRITICA.EXE de todos los directorios, y después borrar todos Los archivos temporales y la papelera de reciclaje, para asegurar que se borre completamente y nunca se active.
– Cliente: Entendido. ¡Hey! Mi CORAZÓN se está llenando con unos archivos muy bonitos. SONRISA.MPG se está desplegando en mi monitor e indica que CALOR.COM, PAZ.EXE y FELICIDAD.COM se está replicando en todo mi CORAZON. – Empleado: Eso indica que AMOR está instalado y ejecutándose. Ya lo puedes manejar de aquí. Una cosa mas antes de irme…
– Cliente: ¿Si?
– Empleado: AMOR es un software sin costo. Asegúrate de dárselo, junto con sus diferentes módulos, a todos los que conozcas y te encuentres.
EJECUTA TU PROGRAMA “CORAZON”
AUTOR DESCONOCIDO

___El anillo___

Un alumno llego a su profesor con un problema:

-Estoy aqui, profesor, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Dicen que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy tonto y muy idiota. Como puedo mejorar? Que puedo hacer para que me valoren mas?

El profesor, sin mirarlo, le dijo:

-Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero debo resolver mi propio problema, tal vez despues…

Y haciendo una pausa dijo:

-Si tu me ayudas y puedo resolver mi problema rapidamente, quiza pueda ayudarte a resolver el tuyo.

-Claro, profesor, murmuro el joven.

Pero se sintio otravez desvalorizado.

El profesor se saco un anillo que llevaba en el dedo pequeño, se lo dio y le dijo:

-Coge el caballo y vete al mercado. Debes vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es preciso que obtengas por el el maximo posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y vuelve con la moneda lo mas rapido posible.

El joven cogio el anillo y partio. Cuando llego al mercado empezo a ofrecer el anillo a mercaderes. Ellos miraban con algun interes, atendiendo al joven cuando decia cuanto pretendia por el anillo.

Cuando decia que una moneda de oro, algunos se reian, otros se apartaban sin mirarlo. Solamente un viejecito fue amable de explicarle que una moneda de oro era MUCHO valor para comprar un anillo.

Intentando ayudar al joven, llegaron a ofrecerle una moneda de plata y una jicara de cobre, pero el joven seguia las instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazaba las ofertas.

Despues de ofrecer la joya a todos los que pasaban por el mercado, y abatido por el fracaso, monto en el caballo y regreso. El joven deseaba tener una moneda de oro para comprar el mismo el anillo, librando de la preocupacion a su profesor pudiendo asi recibir su ayuda y consejos. Entro el joven en la casa y dijo:

-Profesor, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidio. Talvez pudiese conseguir 2 o 3 monedas de plata, pero no creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor del anillo.

-Importante lo que me dices, joven, contesto el profesor sonriendo. Primero debemos saber el valor del anillo. Vuelve a coger el caballo y vas a ver al joyero. Quien mejor para saber su valor exacto? Pero no importa cuanto te ofrezca, no lo vendas. Vuelve aqui con mi anillo.

El joven fue a ver al joyero y le dio el anillo para que lo examinara. El joyero lo examino con una lupa, lo peso y le dijo:

-Dile a tu profesor que si lo quiere vender ahora no puedo darle mas de 58 monedas de oro.

-58 MONEDAS DE ORO!!!, exclamo el joven.

-Si, contesto el joyero, y creo que con el tiempo podria ofrecer cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrio emocionado a casa del profesor para contarlo lo ocurrido.

-Sientate, dijo el profesor, y despues de escuchar todo lo que el joven le conto, le dijo:

-Tu eres como ese anillo, una joya valiosa y unica. Solamente puede ser valorada por un especialista. Pensabas que cualquiera podia descubrir su verdadero valor? Y diciendo esto, volvio a colocarse su anillo en el dedo.

Todos somos como esta joya. Valiosos y unicos y andamos por todos los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos valoren.

– Desconozco el autor –

UNA HISTORIA DE AMOR VERDADERO

……….(Siempre nos dan ejemplo) por eso amo tanto a los animales…

_Luna___Sol__ERNESTO_Luna____Sol__Luna___Sol

COMPRAR LA VERDAD

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo

imaginar qué vendían. Entró, se acercó a la señorita que estaba en el primer

mostrador y preguntó:… -Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí señor, ¿Qué tipo de verdad anda buscando: Verdad parcial, verdad relativa,

verdad estadística, verdad completa?

Mmmmmm…. Así que aquí vendían verdad.

Nunca se había imaginado que eso era posible, llegar a un lugar y llevarse

la verdad, era maravilloso.

Verdad completa, contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras

y de falsificaciones” pensó, “No quiero más generalizaciones, No justificaciones,

engaños ni defraudaciones. -Verdad plena – ratificó –

Bien, señor, sígame. La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando

un vendedor de rostro adusto, le dijo: -El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara. -Vengo a comprar la

Verdad Completa. -Ah, perdón, ¿el señor sabe el precio? -No, cuál es?

– contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar

lo que fuera por toda la verdad.

Si usted se la lleva – dijo el vendedor el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca había imaginado que el precio fuera

tan grande. -Gra… gracias, disculpe… – balbuceó.

Se dió vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse

cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que

todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos

e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener

que enfrentarse consigo mismo. “ Quizás más adelante ”, pensó

 

 715

CABALLERO NEGRO EL SOL 

_____Luna_________Sol____

BUENAS NOCHES Y FIN

HASTA OTRA. ERNESTO

LA HISTORIA DE UN CORAZÓN

    Esta es la historia de un corazón,
que andaba por el mundo buscando una razón,
una razón para vivir,
una razón para morir,
una razón para seguir latiendo,
al ritmo que marcaba el viento.
Una razón para vivir la vida de día y de noche,
de noche y de día,
y latir sin parar buscando la verdad.

El corazón pequeño y fuerte
seguía viajando y conociendo el mundo,
y encontró a otro corazón que como él,
buscaba un sitio para vivir, para morir,
para seguir latiendo al compás de ese ritmo creado por el viento.
Y con todo lo que vio y escuchó por ahí,
escribió una canción,
La canción del corazón que late…

“El corazón se marcho con un sueño en la mano,
conocer el amor,
encontrar un hermano,
un corazón diferente,
que les dieron presente,
que quisiera creerse,
que había un mundo mejor.
Y un día que legó al mar,
y lanzó una botella,
con un breve mensaje,
que aprendió a la carrera,
y era que bajo el cielo,
había un mundo imperfecto,
con un corazón bueno,
que seguía latiendo…”

 
  
________Luna_______ERNESTO_____Sol_____
 

LAS LÁGRIMAS DEL ÁNGEL

Ana y Cristina eran dos hermanas, nacidas en el interior, que

rondaban los 6 y 8 años.

Ana, de carácter cariñoso, inquieta, curiosa, su pelo era oscuro

como la noche y sus ojos claros como el mar.

Cris, totalmente diferente, de carácter tranquilo, cariñosa y algo

distante, sus ojos eran de color miel y su pelo, como el de Ana,

negro como la noche.

Sus padres, desde pequeñas, las llevaban a veranear a la costa,

ya que el padre de las niñas era un enamorado del mar.

Les daba mil paseos por la arena contándoles mil historias sobre

lo que para él significaba el mar.

Las sentaba en la orilla, les enseñaba las conchas caracolas para

que jugasen con ellas y mientras, les decía el sentido de todo lo

que la vista le alcanzaba; cada cosa que encontraba en la playa,

para él era una historia nueva.

Ellas, claro, no podían entender todo, pero aun así, su padre

intentaba avivar en ellas el amor que sentía por el mar.

Cada día les costaba más trabajo a las niñas dejar sus paseos y

volver a casa.

Las explicaciones de su padre les encantaban, en ese entonces

aún eran pequeñas, pero ya empezaban a hacer preguntas.

Ana un día le pregunto: Papá ¿qué es el mar? ¿De donde viene

tanta agua? Su padre le contestó: Son lágrimas de ángeles que

las acumulan en esta gran bañera que parece que va a rebosar,

pero que al llegar al filo se detiene y retrocede.

Ana, alegre, agarraba a su hermana de la mano y le decía:

Cris, corramos a la orilla, mojemos los pies en las lágrimas de los

ángeles, y Cris, arrastrada por su hermana, mojaba sus pies,

pero al ver llegar la ola corría hacia atrás. Ana reía y le decía:

Cris, Cris, mira, son saladas las lágrimas.

Luego se sentaba en la arena a la vera de su hermana y de su

padre y miraba fija como rompían las olas en la roca.

Su padre les decía: Ya es la hora de irnos, y las niñas recogían

sus cubos llenos de conchas y de piedrecillas de colores.

Ana se llevaba toda la tarde dibujando todo lo que había visto en

la playa, mientras su hermana dormía plácidamente.

Al llegar el siguiente día, volvía su padre a llevarlas al mismo

sitio, donde se ponían a hacer castillos de arena y a recoger sus

conchas, mientras su padre les decía: ¡Cris! ¡Ana! mirad esa

caracola, cogedla y escuchar…

Las niñas, para llegar al sitio donde se encontraba, hicieron

carrera. Al llegar junto a la caracola, se sentaron cansadas en la

orilla y empezaron a chapotear sus pies dentro del agua.

Con la caracola ya en sus manitas la acercaban a sus oídos y

volvieron sus caritas hacia donde su padre estaba sentado.

Le gritaron: Papá ¿por qué las caracolas tiene voz? Su padre las

sonrió y las llamó junto a él. Dijo: Cris dame para escucharlas.

Se llevó un rato con los ojos cerrados escuchando el sonido y

luego, mirándolas, dijo a sus dos hijas: Ana, Cris, las caracolas

guardan dentro, los cantos de las sirenas que viven debajo de las

aguas, son hijas de los dioses del Olimpo. Ellas no entendían nada

le miraron sorprendidas y le preguntaron, pero… ¿el mar tiene

hijas? Él volvió a mirar a su hija Ana y le dijo: Sí Ana, es difícil

de entender, pero el mar y el cielo se enamoraron y tuvieron sus

hijos, unos viven en el mar y otros en el cielo.

Cris, la menor, que casi no sabía qué pasaba dijo espontánea:

Hermana, ¿los peces se meten dentro de las caracolas?

Ana se rió a carcajadas y le dijo: No Cris, no son peces, dice papi

que son voces y cantos de sirenas, niñas como nosotras que viven

debajo de las lágrimas saladas.

Como cada día, después de su baño, recogían sus cosas y volvían a

casa.

Ese día, más extrañadas que cualquier otro, entraron corriendo.

¡Mami, mami! dijo Cris alterada.

Cris, tranquila, respira, respondió su madre desde la cocina.

¿Sabes que el mar tiene voz?

Su madre la cogió en brazos y le dijo a Ana: ¿qué está diciendo

tu hermana?

Ana suspiró y dijo, mirando con cara de tristeza a su padre, al

ver que Cris no había entendido nada de lo que su padre les había

explicado:

Mami, papá nos dijo que las caracolas guardan cantos de las

sirenas ¿verdad papi? El padre le sonrió y dijo sí, sí yo se lo

conté.

Ese día, como de costumbre, comieron juntos. Su padre se fue al

sofá a leer y su madre a regar las plantas del jardín. Cris, la

pequeña, dormía y Ana empezó a pintar la playa, el agua y las

caracolas mágicas como ella les decía, pero Ana ese día pintó algo

que su padre no les había enseñado.

Pintó las rocas del acantilado y una muchacha sentada en ellas, el

rostro no se le veía, sólo su hermoso pelo que caía sobre la túnica

que guardaba su cuerpo.

Ana fue a contarle a su padre los colores que podía usar para

colorear su playa.

El padre se quedó confuso y le preguntó:

Mi niña ¿quién es ella? La chiquilla le contestó tan normal:

Cris dice que es el ángel que llora sentado en las rocas para

llenar la bañera y podamos mojar los pies en ella.

El padre rió y no le tomó la mayor importancia.

Al otro día, antes de lo acostumbrado, las niñas se levantaron

corriendo; su madre no tuvo ni que llamarlas. ¡Papá, Papá!

gritaron, levántate ya, el sol está fuera y el mar y las sirenas nos

esperan. El padre, con la almohada en la cabeza, les decía: niñas

que es temprano y el sol está aún dormido, no calienta la gran

bañera.

Anda, porfa, que nos está llamando, dijeron las pequeñas,

repitieron angustiadas: el ángel nos llama.

El padre reía y reía mientras ellas se metían en la cama para

hacerle levantar.

La madre, al escuchar tal alboroto, se asoma a la puerta del

cuarto y preguntó ¿qué pasa aquí? ¡Niñas, Ana, Cris, dejad que

papá descanse!

Mami, dijo Cris, ven hoy con nosotras y escucha como las sirenas

cantan y como los ángeles bajan y llenan la bañera.

Los padres soltaron una carcajada y dijo la madre: Cris, cariño,

los ángeles no bajan a llorar, lo hacen desde el cielo.

La niña se enfadó, salió del cuarto hacia la cocina y se sentó a

esperar con el ceño encogido que los demás bajaran.

Ana llegó la primera, tan viva y alegre como siempre, diciéndole a

Cris en voz bajita:

No le digas más nuestro secreto.

Cris, protestó Ana, sí, es verdad, tú lo viste llorar.

Sí, sí dijo Ana, pero si lo descubrimos no bajaran más.

Al llegar sus padres a la cocina se callaron la boca y sus padres

se dieron cuenta y preguntaron:

Cris, Ana ¿qué tramáis?

Nada, contestaron las niñas, a la vez que el padre arqueaba una

ceja y las miraba fijamente.

Las niñas salieron corriendo mientras decían: Papi, nos ponemos

los bañadores ya estamos listas. Con sus cubos y palas se

apoyaron en el marco de la puerta.

Entraron de nuevo en la cocina tirando de la mano de su padre

que se puso de pie. Las niñas, de nuevo, miraron a su madre que

recogía la mesa y le preguntaron: Mami ¿vienes? Ella les dijo: no

cielo, los ángeles sólo esperan a niñas tan lindas como vosotras.

Las niñas corrieron para abrazarla y besarla y al oído le dijeron:

¡Oh mami!, te queremos.

Anda, anda, les dijo la madre dándoles un suave empujoncito, que

papá se arrepentirá y os dejará sin el baño y sin vuestro paseo.

Llegaron a la playa y como de costumbre se sentaron para hacer

figuras de arena.

Mientras su padre leía Ana corrió a la orilla y llamó a su hermana:

¡Cris, Cris! Ven, las lágrimas de los ángeles hoy están calentitas.

Cris se acercó lentamente el agua, le daba miedo, miró a sus pies

y dijo:

Ana ¿por qué la arena se escapa de las manos?

Ana cogió a su hermana de la mano, fueron al lado de su padre y

le preguntó:

Papá, Cris quiere saber por qué la arena no se puede aguantar

entre las manos.

Su padre les invitó a coger un puñadito cada una y les dijo:

¿veis como es de fina, que se resbala entre los dedos? Pues así

son los cabellos de los ángeles, nadie puede acariciarlos.

Ana y Cris volvieron su vista hacia la roca y se miraron entre sí y

rieron. Su padre les preguntó que por qué miraban tanto y

sonreían al mirar hacia las rocas.

Las pequeñas no sabían qué decirle y salieron corriendo hacia la

orilla y gritaron:

Por nada papi, por nada, mientras las olas o lágrimas de los

ángeles, como ellas decían, mojaban sus piesecitos.

Ese día, al llegar la hora de volver a casa, Ana cogió un puñado de

arena y lo metió en su cubo. Mientras, no dejaba de mirar hacia

la roca.

Creía que su padre no se daba cuenta pero no fue así. Su padre

dijo:

Ana ¿por qué sigues sonriendo al mirar a las rocas?

Me gusta ese sitio, papá, contestó.

¿Sólo por eso? dijo su padre.

Y Cris, al ser más pequeña dijo: no, no, papi, Ana miente, es que el

ángel ha soltado su pelo y Ana ¿ves? se lleva un poco de su

cabello en el cubo, para que mamá vea que es cierto y no se ría.

¡Ah! muy bien, contestó su padre, pues vestíos que es la hora de

irnos.

El padre miraba hacia el sitio donde lo hacía su hija y no lograba

ver a nadie.

Al llegar a casa las niñas llamaron a su madre: ¡mami, mami! ven y

mira lo que hemos traído, para que veas que el ángel que llora va

a la playa.

La madre miró el cubo y dijo:

Ana, Cris, sólo es arena.

Sí, sí, es el cabello del ángel que llora en la playa, respondieron.

Como cada tarde, Cris se quedó dormida viendo lo que Ana

pintaba, que era lo que cada mañana hacían, y de nuevo volvió a

pintar la figura de una mujer sentada en las rocas, a la que sólo

se le distinguía su pelo rubio y largo hasta la cintura y vestida de

blanco.

Ese día al llevar Ana el dibujo a su padre para que le dijera qué

colores usar, este se quedó mirando, pero no preguntó quién era

esa mujer.

Miró a su hija y pensó que sólo era la imaginación de la pequeña

por las historias que él le contaba.

Al día siguiente, el padre vio que las niñas no se levantaban como

cada día para despertarle. Eso le extrañó, pero pensó que

estarían ya en la cocina desayunando, y que la madre no les había

dejado subir a despertarle.

Al llegar a la cocina preguntó a su mujer por las niñas. Ella se dio

la vuelta y dijo:

¡Ah! ¿Pero no estaban contigo?

No, dijo él. Hoy no me han despertado.

Los dos se extrañaron, subieron al cuarto de las niñas y las

encontraron arropadas y dormidas profundamente. El padre les

abrió la ventana y las llamó: ¡Cris! ¡Ana!, el sol está fuera, ya

calienta, levantaos, ¿no queréis ir a bañaros?

Las niñas se entrelazaron las manos al cuello de su padre y le

dijeron:

Papi, el ángel esta noche nos dijo que no estará en la playa, que

tenía trabajo. ¡Jolín!, no será lo mismo si él no está ya.

El padre, enfadado, pues era difícil de creer que, según sus hijas,

el ángel les avisara, les dijo:

Venga, dejaos de tonterías y levantaos. Hay un día genial.

Y ¿vamos a coger caracolas papi?

Venga, dijo él, y sin protestar fueron a la cocina a desayunar y se

pusieron los bañadores con más desgana de lo habitual.

Su padre para animarlas les dijo:

Venga, cojamos los cubos. Hoy iremos a las rocas a coger

renacuajos y veréis lo divertido que es verlos nadar en los

charquitos. Además hoy tenemos una invitada, mamá viene con

nosotros.

Eso hizo que las niñas se animaran a ir a la playa.

Al llegar, las niñas dejaron sus cosas en la arena y explicaron a su

madre todo lo que su padre, en forma de historia, les contaba

sobre el mar y lo que de él se obtenía. La madre hacía como que

se sorprendía en cada detalle contado, pero Ana y Cris sólo

tenían ojos para la roca.

El padre les dijo:

Anda, mientras mamá toma el sol, nosotros vamos a coger los

renacuajos que os dije, que nadan entre los charquitos de las

rocas.

El padre quería ver la reacción de las niñas al llegar a las rocas y

si, en verdad, existía ella. Caminaron hacia las rocas y las niñas,

como si nunca hubieran visto a la joven, reían, hablaban y hacían

todo lo que el padre les decía con la camaronera en la mano; de

charco en charco corrían detrás de los renacuajos.

El padre, por mucho que miraba, no veía la figura que su hija Ana

pintaba cada día después de su paseo. Se puso de pie y dijo:

¡Ana, hija! ¿Dónde se sienta ella?

La niña le dijo: Papá no es ella, es un ángel. Te dije que no

bajaría. Está ocupada. Anoche nos llamó para decirnos de su

ausencia.

Y, sin más explicaciones, siguieron con la camaronera y llenando

su cubo de renacuajos.

La madre llamó al padre: ¡Andrés, Andrés! es la hora de regresar.

El padre levantó la mano como diciendo que ya iban.

Como cada día, al regresar, Ana pintó cada cosa que había

ocurrido en la playa menos la figura de la joven.

Ese verano pasó tan deprisa, que casi no se dieron cuenta. Se

acercaba la hora de irse. Las niñas decían: ¡Papi una semana más!

Porfa, Cris, dijo su madre, el verano acabó y tenemos que volver

a casa. El cole empieza, vuestras amigas os esperan y papá

empieza a trabajar.

¡Jo! protestaron las niñas, no es justo, esta también es nuestra

casa, quedémonos.

¡Ana, Cris!, dijo su padre: Por favor, comportaos, ya no sois niñas

pequeñas.

¡Papá! Déjanos ir por última vez a la playa, ella estará

esperándonos, sólo queremos decirle adiós.

No, pequeñas, dijo el padre, no da tiempo.

Él, lo que en realidad quería era poder ver a esa mujer desde el

camino de la carretera. Si ellas se despedían a solas, ya él no

podría ver la chica de los dibujos.

Sólo es un segundo, protestaron de nuevo

El padre dijo a Ana, que era la que más insistía:

Desde el coche le dices adiós; así mamá y yo nos despedimos

también y ¡basta ya de esta conversación!

Se montaron en el coche mientras sus padres cargaban las

maletas y dejaban las ventanas y las puertas bien cerradas.

Emprendieron la marcha. En los ojos de las niñas se notaba la

tristeza.

Al divisar desde la ventanilla del coche la playa, Ana y Cris

bajaron los cristales. El sol ese día iluminaba más que nunca. Al

ver el cuerpo de la joven sentado en las rocas, mojando sus pies

y el filo de su vestido, las niñas suspiraron y a la vez gritaron:

¡Ángel!, el próximo verano volveremos, ¡espéranos, por favor!

Su padre, al escuchar los gritos angustiosos de sus hijas,

aminoró la velocidad del coche, pero no llegó a ver a nadie en la

roca.

¡Adiós!, ¡adiós!, dijeron una y otra vez las dos pequeñas.

El Ángel hizo girar su cuerpo y sus ojos se clavaron en los de las

dos pequeñas. Ellas era la primera vez que contemplaban su

belleza y se quedaron sin palabras; sólo se miraron y se dijeron

con las lágrimas corriendo por sus mejillas:

Es preciosa ¿verdad papá?

Los padres de las niñas miraron a las rocas y no llegaron a ver

nada. Las rocas a sus ojos estaban vacías. La madre le preguntó:

Ana ¿quién es preciosa? Yo sólo veo los rayos del sol.

Las niñas no hablaron más en todo el camino a su casa

Al llegar y ayudar a su madre con las cosas del viaje, lo primero

que hicieron fue correr a su cuarto y colgar todos los dibujos de

ese precioso verano.

Los días transcurrían con normalidad, los padres de las niñas se

creían que ya se les había olvidado todo, ya que desde su llegada

no se había hablado más de ese tema.

Pero a la llegada casi de abril, las niñas ya empezaron a hacer sus

planes y, día a día, preguntaban a sus padres cuánto faltaba para

el verano.

Cristina, la más pequeña, le dijo a su padre:

Preguntamos porque echamos de menos los paseos por la playa,

además, dijo la niña con voz tímida, el Ángel se encontrará tan

sólo…

Aparte de sus padres nadie sabía esa historia, jamás se la

contaron ni a su mejor amiga.

Ese año, al terminar el colegio estaban tan contentas; las notas

las sacaron de lo mejor y corrieron a su casa, pues sabían que, en

pocos días, emprenderían el viaje a su rincón preferido, donde el

agua eran las lágrimas de un Ángel y las caracolas guardaban el

canto de las sirenas.

Ana le preguntó esa noche a su padre mientras cenaban, que

cuándo irían a la casita de verano.

Sus padres se miraron y él les dijo:

No sabemos si este año iremos.

¿Por qué? ¿Por qué?, gritaron las niñas desesperadas

llorando. Decían: hemos sacado buenas notas, nos portamos bien,

obedecimos a mamita, la ayudamos en todo…

Las niñas, esa noche, se acostaron tristes; casi no pudieron

dormir, no entendían el comportamiento de sus padres.

Cuando los padres vieron que las niñas por fin dormían, se

sentaron con una taza de café y se miraron y comenzaron hablar

de lo que sería mejor para sus hijas, si llevarlas a la playa y

dejarlas soñar, o por lo contrario cortarles las alas de la

imaginación para que maduraran.

La madre suspiró y dijo:

Andrés, creo que el soñar no es tan malo como que, a esta edad,

les cortemos las alas sin haber empezado aún a volar.

El padre se quedó pensativo. Con una mirada de duda en sus ojos

le preguntó a su mujer:

¿Tú crees que mis historias les han hecho daño? Yo sólo quería

que ellas amaran al mar y lo que él nos da, lo que en su entorno

hay, crece y vive.

Su mujer le acarició la mano y le dijo: jamás pienses eso. Me

gusta la sensibilidad que has creado en sus corazones a lo que

nos rodea, y que otras niñas no podrían comprender. Creo y sigo

afirmando que el soñar es bueno.

Así, con esta conversación, el padre de Ana y Cris decidió volver

ese verano de nuevo a la playa. A la mañana siguiente, las niñas, al

enterarse, saltaban de alegría. Decían a gritos: ¡Biennnnn!,

nos espera el Ángel, sus lágrimas saladas, sus cabellos de arena

para peinar con nuestro rastrillo.

Ana dijo: ¿creéis que hablan las sirenas en las caracolas, verdad?

Las niñas rieron y emprendieron el viaje, alegres, cantando; casi

al llegar se quedaron dormidas, agotadas de la emoción y por el

calor.

No se dieron cuenta de que su padre aparcó el coche y las dejó

sólo por un instante, mientras abría la puerta de la casa y

encendía las luces.

Casi dormidas las sacaron del coche a las dos y aun así dijo Ana:

Mami, escucha, él sabe que hemos llegado y nos llama. El canto de

las sirenas dice que las amigas del Ángel llegaron.

Es tarde, dijo su madre, venga, adentro, mañana será un día muy

largo y lo que escucháis, hijas, son las olas que chocan contra las

rocas. Las sirenas a estas horas, creo que estarán dormidas,

como tendríais que estar vosotras.

Ana y Cris, sin rechistar, subieron a su cuarto y sin desnudarse

se tiraron en la cama. Así se quedaron dormidas hasta que los

primeros rayos de sol entraron por la ventana acariciando

sus rostros.

Cristina se despertó antes y llamó a su hermana diciendo:

¡Ana, Ana! ya salió el sol. ¿Tu crees que la bañera está ya

calentita?

Ana dijo:

Sí, creo que sí.

Se levantaron, sus padres aún dormían,

sin hacer ruido para que no se enfadaran se fueron a la cocina,

prepararon su desayuno y con su bañador puesto y sus cubos

preparados, esperaron ansiosas que sus padres bajaran.

La primera en aparecer por la cocina fue la madre.

Ellas, sentadas en sus sillas, le sonrieron.

Su madre les dijo: ¿habéis desayunado y descansado bien?

Las niñas afirmaron que sí con un movimiento de cabeza.

La madre, cariñosamente les dijo:

¿Ya estáis preparadas?

Ellas contestaron: Sí mami, sólo esperamos que papi baje para ir

a la playa.

La madre les guiñó un ojo y les dijo:

Creo que hoy no habrá paseo, hay que deshacer las maletas.

¡Jo mami, no es justo! dijeron las niñas. Todos nos esperan, más

tarde lo haremos, te lo prometemos.

La madre subió los hombros como diciendo que lo sentía y, sin

articular palabra, desapareció en las escaleras que subían a los

dormitorios.

se día, aunque Ana y Cris protestaron, no consiguieron que las

llevaran a su paseo. Entre caras largas y sin apenas hablar, las

niñas empezaron con la tarea de deshacer las maletas.

De vez en cuando se asomaban a la ventana, para escuchar el

sonido del mar romper en las rocas, y aspirar el olor que llegaba

hasta ellas.

Cris decía a Ana:

Mira cómo huelen las lágrimas del Ángel.

Ana reía y le decía:

Se han perfumado para nosotras, mañana les tendremos que

llevar un regalo.

Del jardín de su casa las niñas cortaron flores e hicieron unas

guirnaldas que guardaron cuidadosamente hasta el día siguiente.

Ese día se les hizo largo. Al caer la noche y después de cenar, las

niñas se retiraron a su cuarto y hablaron un buen rato,

emocionadas por la excursión del próximo día.

Les rindió el sueño. Esa noche el viento soplaba más que otras

noches, golpeaba los portalones de las ventanas y Ana se

despertó, se asomó y vio que en la playa había destellos

de luces que no provenían de los rayos de la luna ni de las

estrellas: era una luz diferente.

Ana llamó a su hermana Cris para que lo viera. Cris le preguntó:

Ana ¿son luciérnagas?

Ana le contestó:

No sé qué es, pero en el mar ocurre algo. ¿Ves Cris?, nadie

duerme, las sirenas no cantan, pero todo está como si fuera de

día.

A la mañana siguiente volvieron, como de costumbre, a su paseo,

más inquietas por llegar; querían saber qué pasó esa noche. Al

llegar donde se solían poner, vieron que la arena estaba llena de

huellas de pisadas que entraban y salían del mar. Preguntaron a

su padre sobre esas pisadas, y el padre les dijo que serían de

marineros que volverían de pescar; ellas se miraron y no

quedaron convencidas.

Cuando su padre se puso a leer, las niñas le dijeron:

Padre, vamos a ir a dar una vuelta hasta las rocas.

Vale, él les afirmó con un movimiento de cabeza.

Las niñas, al llegar al sitio donde solían ver al Ángel, lo llamaron:

¡Ángel! anoche te escuchamos llorar y las sirenas no cantaban.

La joven salió de entre las rocas que formaban el acantilado.

Su túnica estaba sucia, mojada, rota; se había recogido sus

cabellos, su aspecto era de agotamiento.

Las niñas se quedaron extrañadas al ver el aspecto que lucía esa

mañana su Ángel.

Le preguntaron:

¿Qué te pasa?

La joven se sentó en la roca y les dijo:

Cris, Ana, mirad mi mirada, ¿qué veis? Las niñas después de

fijarse un rato le dijeron: Tu mirada es más azul, parece que el

mar se metió dentro de tus ojos.

Os diré, dijo la joven con voz triste:

esta noche ha sido muy dura para todos. Tuve que salir mar

adentro a recoger un naufragio.

¡Vaya! contestaron las niñas y… ¿dónde están las personas,

Ángel?

La joven les contestó: En el cofre de las aguas; las sirenas las

cuidan hasta que yo baje por ellas.

Y ¿qué harás tú con ellas? preguntó Ana.

Yo soy el Ángel guardián de las almas perdidas.

De nuevo Cris preguntó: ¿y por qué mis padres no te pueden ver?

La joven sonrió y contestó:

Cris, tus padres perdieron hace mucho su inocencia.

Las niñas se quedaron pensativas, la joven sabía cual sería la

próxima pregunta y se les anticipó. Tocando a las niñas por

primera vez les dijo:

Me veréis siempre que vuestro corazón tenga una parte de niñez,

de sensibilidad. El cielo os escogió.

En ese instante se levantó un viento y del mar salió una luz y

sumergió al Ángel.

Las niñas se miraron y, en ese momento, no entendieron lo que su

joven amiga les había dicho, pero juntaron sus dedos y se

hicieron una promesa: volver cada año a ese lugar.

Y al paso de los años, Ana se hizo escritora y en sus libros relataba

las vivencias en esa playa de su niñez, y Cris se dedicó a navegar,

Cris y Ana no olvidaron nunca su juramento de mantener su alma

pura y, cada verano, solían caminar junto a su Ángel en la playa de

su niñez.

FIN

www.zonade.com/aeii/galeria/amar/Las_lagrimas_del_Angel.pdf

 

ERNESTO 

   

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