‘Ernest Hemingway’

Ernest hemingway frases celebres

Al oír un eco muchos creen que el sonido proviene de él.

Conocer a un hombre y conocer lo que tiene 

entro de la cabeza, son asuntos distintos.

El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro,

empieza a vivir más sencillamente por fuera.

El hombre tiene corazón, aunque no siga sus dictados.

El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad.

Es moral lo que hace que uno se sienta bien, inmoral lo que hace

que uno se sienta mal. Juzgadas según estos criterios morales

que no trato de defender, las corridas de toros son muy morales para mí.

Intenta comprender, no eres un personaje de tragedia.

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre.

La moral es lo que hace a uno sentirse bien y lo inmoral es lo que hace a uno sentirse mal.

La obra clásica es un libro que todo el mundo admira, pero que nadie lee.

Quédate siempre detrás del hombre que dispara y delante del hombre que está

cagando. Así estás a salvo de las balas y de la mierda.

Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.

Sin duda, no hay cacería como la caza de hombres y aquellos que han cazado hombres armados durante el suficiente tiempo y les ha gustado, en realidad nunca se interesarán por nada más.

Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido.

Un idealista es un hombre que, partiendo de que una rosa huele mejor que una col, deduce que una sopa de rosas tendría también mejor sabor.

Un rico es diferente al que no lo es: tiene más dinero.

El mundo es tan bonito y valioso que se lucha por él.-

Mi psicoanalista es mi máquina de escribir.

Ernest Miller Hemingway; Oak Park, 1899 – Ketchum, 1961) Narrador estadounidense cuya obra, considerada ya clásica en la literatura del siglo XX, ha ejercido una notable influencia tanto por la sobriedad de su estilo como por los elementos trágicos y el retrato de una época que representa. Recibió el premio Nobel en 1954.

Ya se había iniciado en el periodismo cuando se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial, como conductor de ambulancias, hasta que fue herido de gravedad. De vuelta a Estados Unidos retomó el periodismo hasta que se trasladó a París, donde alternó con las vanguardias y conoció a E. Pound, Pablo Picasso, J. Joyce y G. Stein, entre otros. Participó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencias que luego incorporaría a sus relatos y novelas.

Él mismo declaró que su labor como periodista lo había influido incluso estéticamente, pues lo obligó a escribir frases directas, cortas y duras, excluyendo todo lo que no fuera significativo. Su propio periodismo, por otra parte, también influyó en el reportaje y las crónicas de los corresponsales futuros.

Entre sus primeros libros se encuentran Tres relatos y diez poemas (1923), En nuestro tiempo (1924) y Hombres sin mujeres (1927), que incluye el antológico cuento “Los asesinos”. Ya en este cuento es visible el estilo de narrar que lo haría famoso y maestro de varias generaciones. El relato se sustenta en diálogos cortos que van creando un suspense invisible, como si lo que sucediera estuviera oculto o velado por la realidad. El autor explicaba su técnica con el modelo del témpano de hielo, que oculta la mayor parte de su materia bajo el agua, dejando visible sólo una pequeña parte a la luz del día.

Otros cuentos de parecida factura también son antológicos, como “Un lugar limpio y bien iluminado”, “La breve vida feliz de Francis Macomber”, “Las nieves del Kilimanjaro”, “Colinas como elefantes blancos”, “Un gato bajo la lluvia” y muchos más. En algunas de sus mejores historias hay un vago elemento simbólico sobre el que gira el relato, como una metáfora que se desarrolla en el plano de la realidad.

La mayor parte de su obra plantea a un héroe enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor; de ahí que sean matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros seres sometidos a presión. Tal vez su obra debe ser comprendida como una especie de romanticismo moderno, que aúna el sentido del honor, la acción, el amor, el escepticismo y la nostalgia como sus vectores principales. Sus relatos inauguran un nuevo tipo de “realismo” que, aunque tiene sus raíces en el cuento norteamericano del siglo XIX, lo transforma hacia una cotidianidad dura y a la vez poética, que influiría en grandes narradores posteriores como R. Carver.

Uno de los personajes de Hemingway expresa: “El hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Y uno de sus críticos corrobora: “Es un código que relaciona al hombre con la muerte, que le enseña cómo morir, ya que la vida es una tragedia. Pero sus héroes no aman mórbidamente la muerte, sino que constituyen una exaltación solitaria de la vida, y a veces sus muertes constituyen la salvaguarda de otras vidas”. A este tipo de héroe suele contraponer Hemingway una especie de antihéroe, como su conocido personaje Nick Adams, basado en su propia juventud, y que hilvana buena parte de los relatos como una línea casi novelesca.

Sus novelas tal vez sean más populares aunque menos perfectas estilísticamente que los cuentos. Sin embargo, Fiesta (1926) puede ser considerada una excepción; en ella se cuenta la historia de un grupo de norteamericanos y británicos, integrantes de la llamada “generación perdida”, que vagan sin rumbo fijo por España y Francia. En 1929 publicó Adiós a las armas, historia sentimental y bélica que se desarrolla en Italia durante la guerra. En Tener y no tener (1937), condena las injusticias económicas y sociales. En 1940 publicó Por quién doblan las campanas, basada en la Guerra Civil española. Esta obra fue un éxito de ventas y se llevó a la pantalla.

En 1952 dio a conocer El viejo y el mar, que tiene como protagonista a un modesto pescador de La Habana, donde vivió y escribió durante muchos años enfrentado a la naturaleza. Algunos críticos han visto en este texto la culminación de su obra, porque en él confluyen el humanismo y la economía artística; otros, sin embargo, opinan que éste no es el mejor Hemingway, por una cierta pretensión didáctica. Hacia el final de una vida aventurera, cansado y enfermo, se suicidó como lo haría alguno de sus personajes, disparándose con una escopeta de caza. Para muchos, es uno de los escasos autores míticos de la literatura contemporánea.

Por Quien Doblan Las Campanas

 

Título original: “For whom the bell tolls”

Año: 1943

País: Estados Unidos

Duración: 168 minutos (2 horas 48 minutos)

Género: drama

Director: Sam Wood

Producción: Sam Wood

Guión: Dudley Nichols (novela:Fotografía: Ray Rennahan

Reparto:

Gary Cooper

Ingrid Bergman

Akim Tamiroff

Arturo de Córdova

Vladimir Sokoloff

Mikhail Rasumny

Fortunio Bonanova

Eric Feldary

Victor Varconi

Katina Paxinou

Joseph Calleia

Lilo Yarson

Sinopsis:

El estadounidense Robert Jordan, apodado “El inglés”, que vino a la guerra Civil española con la Brigada Lincoln, está especializado en acciones especiales detrás de las líneas enemigas. Ha volado trenes, redes eléctricas, depósitos de armas… Ahora, en vísperas de una gran ofensiva, es encargado por el mando republicano para destruir un puente que es la principal arteria logística del ejército de Franco. María, una joven salvada del pelotón de ejecución y Pilar, esposa de Pablo, un hombre rudo y testarudo, serán parte importante de la operación y mantendrán el espíritu de lucha hasta el final de la contienda.

     

Ernesto

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