Hilario Camacho-Tristeza de amor

José Vélez – Piel Romantica

Jesús Ángel Morato © 2011. Poemas de amor

Muchacha de fresa y de limón.

Muchacha de fresa y de limón.
La luna vino y se fue.
Caramelo de limón, desde que te fuiste
no suena tu voz
en el eco de la habitación.
Tiene la sonrisa ocre
y ha perdido su color.
Caramelo de fresa,
luna de algodón.
Las espigas al aire
y los labios con hambre.
Tu falda es una fiesta
de tardes de esperanza
y campos sin tristeza.
Muchacha de fresa y de limón,
a veces solitaria piedra
y a veces ligera ala vana.
Muchacha de fresa y de limón,
¿dónde está tu sonrisa
y dónde dejé mi ilusión?
Muchacha de fresa y de limón.

4

Mi música

Eres mi música,
beso tus labios primerizos
donde evoco tus latidos.
Repito el beso.
Mis mejores momentos contigo.
Falsos mitos de enamorados inquietos,
solitarios placeres de amantes;
la canción de los cuerpos.
Si te amo, te lo dije y te lo digo.
Donde estás, como estás.
Despacio y única.
Eres mi musa y música
de los días de viento
y de las noches de ira.
Do, re, mi te quiero,
solitaria, lasciva, silenciosa,

musa de notas de amor.

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Sherlock Holmes. Opening Español.

Fumo porque no tengo tu boca.

Lo de beber es una opción alternativa.
¿ O en serio alguien se cree
que por consumir este líquido color caramelo,
tú vas a salir de mi cabeza?

Se puede perder el equilibrio
pero nunca la memoria.
La realidad es que querer olvidar,
es el modo más estúpido de recordar para siempre.

Y yo cada día estoy más seguro de que la felicidad,
solo depende del paisaje
y que el paisaje que puede hacerme feliz,
solo depende de ti.

Y nunca vuelves.
Porque volver si ya te has ido es llevarse la contraria.

Lo malo del cariño,
es que cuando te acostumbras a él,
el amor se parece demasiado a una madre.
No sé si me lo dijiste o lo he soñado.
Pero es cierto.

¿ Como nos íbamos a desear,
si ya no sabíamos insultarnos?

E ignoramos a conciencia que el placer
comenzaba en las rodillas,
que lamer más que un verbo era un idioma.
Y aprendimos a apagar las luces,
pues una vez se conoce el camino del orgasmo,
la rutina se hace cargo de recoger los gemidos.

Pero sin ti la rutina,
nunca es lo mismo que contigo.

Y creo que estoy viviendo demasiado rápido,
para morir tan viejo,
demasiado triste,
para soñar contigo.
Y creo que me estoy queriendo demasiado poco
por quererte tanto.
y fumando demasiado a pecho
por no hallar tus labios.

Y nunca vuelves.

Y yo ya no sé del todo,
si aún tu risa es mi canción preferida,
las veces que te pienso riendo con otros
firmo guerras nucleares en las aceras del barrio donde vives.

Porque yo nunca he sabido amar sin egoísmo,
ni pude desear la felicidad en el amor si no era mutua.
Si la guerra era tu nombre cualquier paz,
era un campo de batallas.

Así de triste.
Como cuando descubres que los amigos son los padres.
O recibes un correo sin posdata.
Así me hallo.
Como cuando se difumina la cicatriz que te recuerda que fuiste niño.
Como observar que en el banco donde nos dimos el primer beso
han puesto una rotonda,
para que gires sin sentido buscando un amor
que se han llevado otros labios.

Así de estúpido.
Como decir te quiero a un número que ya no existe.
O hacer aviones de papel por si vinieras
no descubrieras que ahora tengo miedo a volar.

Pero nunca vuelves.

Y fumo.

— Ernesto Pérez Vallejo, Hola ¿tienes fuego?.

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