El beso de la Luna

El beso de la Luna

El beso de la Luna Elvis Eberth Huanca Machaca. Escritor peruano. Cuentos para padres. Historias de la luna y el sol.   Los ancianos de Perú, descendientes de los mismos Incas, cuentan que hace mucho, mucho tiempo, más del que se pueda recordar, las estrellas vivían de día, mas no de noche. Escuche El beso […]

Los ancianos de Perú, descendientes de los mismos Incas, cuentan que hace mucho, mucho tiempo, más del que se pueda recordar, las estrellas vivían de día, mas no de noche.

 

Dicen que el día era aún más claro de lo que es hoy, y la noche, era tan oscuro y tan vacía, que si intentabas buscar a alguien en la oscuridad, jamás encontrabas a esa persona.

Las estrellas, todas ellas, jugaban y cantaban alrededor del sol, el Sol, muy orgulloso de sus compañeras se enaltecía entre todos los demás astros del cielo, porque ninguno de ellos tenía lo que el poseía, estar ahí arriba, tan solo, por bastante tiempo, era algo muy triste. Existían estrellas que eran casi tan, tan grandes como el mismo Sol, y habían otras tan, tan pequeñitas como el polvo estelar. Todo el día, las estrellas cantaban y jugaban entre sí.

Pero llegada la noche, las estrellas se escondían, ya que el sol les contó que durante la noche, una extraña criatura sale del vacío, es tan, tan fea, que hasta tiene miedo de ella misma, y si alguien le mira a los ojos, lo más probable es que nunca más volverá a ver la luz de un nuevo día.

Entre todas las estrellas del cielo, había una estrella que parecía no ser tan normal, como lo eran las demás estrellas, esta estrella, no tenia habilidad para hacer mejor lo que hacían las estrellas, que era cantar. Si las estrellas llenaban el cielo de alegría, esta estrella cuando cantaba, hacía que todos las demás estrellas, se sintieran tristes y muy infelices, su canto hacia que las demás estrellas ya no quisiesen cantar.

El sol muy molesto, le prohibió volver a cantar a esta estrella, las demás estrellas trataron de animarle, pero nunca lo consiguieron y esta estrella, cada vez se fue  apartando y apartando de todos los demás. Y pronto ellas terminaron olvidándolo, así como se olvida un mal recuerdo.

-¡Estoy tan solo! En este lugar nadie me quiere, así que lo mejor será que me vaya, muy lejos – se dijo un día la estrella.

La estrella esperó que cayera la noche, y sin mirar hacia atrás, partió rumbo al olvido. Se adentró en lo más profundo del cielo, y entre más y más avanzaba, el camino se hacía más y más oscuro.

-Tengo miedo, en este lugar, todo es oscuridad, no logro ver nada- Se decía la estrella.

En este mundo de vacío y soledad, encontró un pequeño rayo de luz, el cual rompía la nada, así que la estrella decidió buscar aquello que iluminaba tanto la noche. Entre más y más se acercaba, empezó a escuchar sonidos tan extraños y atemorizantes, que terminaron atemorizándole.

Y cuando al fin llego, vio algo que nunca en su vida había visto. Era lo más hermoso que había visto en su vida, este ser tan hermoso no podía ser el miedo y caos que el Sol tanto les había contado… Pero este ser, estaba llorando… La estrella se acercó a ella, y le preguntó

– ¿Por qué lloras?

Y ella con mucha sorpresa le respondió

– Porque en este lugar tan vacío estoy muy sola.

La estrella, sabía más que nadie que era estar solo en el mundo, y también sabía lo que era ser olvidado. El sabia, que era llegar a casa y no encontrar a nadie para que te reciba. Así que sintió mucha pena por ella. Y con una sonrisa en el rostro le dijo:

-Si quieres yo me puedo quedar contigo…

Y ella muy sorprendida, le dijo que si, con una enorme sonrisa…

-¿Cómo te llamas? – le pregunto la estrella.

Y ella con una enorme sonrisa le respondió

– Lu… Luna…

-Bueno Lu… Luna… es un gusto, los dos se miraron y empezaron a reír…

Esta era la primera vez que ambos sonreían.  Yo soy sólo una estrella, nosotros no tenemos nombres, así que puedes llamarme estrella. Al caer la noche la estrella volvió a casa, y durante todas las noches se iba a jugar con la Luna, y en el día, solo dormía. Todas las noches la estrella cantaba para Luna.

-Gracias por estar conmigo a mi lado, muy nervioso, camino contigo, aunque sean incómodas mis palabras, que digo frente a ti, espero que siempre seas feliz. Todos los días oro, para que tus sueños se cumplan, y el cielo te bendiga. Lo siento, porque conociste a alguien como yo, sé que es triste, porque nunca aprendo y sigo y sigo fallándote, pero aun así, yo sigo amándote. A pesar de todo voy a  estar a tu lado hasta la eternidad, incluso si es difícil voy  protegerte. Ruego que nunca me separen de tu mano.

Porque el amor, puede ser tan extremo y desgastante. Incluso puede hacernos llorar, pero quiero pintar mis sueños con tu felicidad. Aunque soy malo, aunque soy imperfecto, aunque fallo en todos los sentidos, sólo tú puedes creer en mí. Sólo tú puedes perdonar a mi corazón, yo, sinceramente te quiero a ti, y juro guardar cada recuerdo tuyo, incluso los días en que lloramos… Gracias por estar siempre a mi lado…

La Luna, aplaudía y suspiraba desde su asiento, jamás había sido tan feliz. Quizás era, algo torpe y tonto, pero esto era amor. Pero, no todas las historias de amor tienen un final feliz, ya que, cuando crees alcanzar lo máximo de la felicidad, cuando estás en lo mejor de tu vida, llega el destino y te arrebata todo lo que has amado.

El Sol empezó a sospechar que algo extraño pasaba, ya que aquella estrella tan infeliz, ahora siempre andaba sonriendo. Así que una noche, apagó su luz y decidió seguirle en silencio, la sorpresa que tuvo cuando lo vio con la Luna fue enorme. Y pensaba dentro de sí, que si las demás estrellas sabían la verdad sobre la Luna, quizás muy pronto terminen dejándolo solo, en su angustia, urdió un plan para acabar con su preocupación.

Muy pronto el se dio cuenta, que aquella estrella, quizás sentiría algo muy especial por la Luna, así que se le acercó y le preguntó un día:

-Amigo, te veo preocupado, como si algo no andada bien, ¿Qué será? – pregunto el Sol con una sonrisa.

Y la estrella le dijo

– Hace poco conocí a alguien, y no sé porque, pero no dejo de pensar en ella. Y solo cuando sonríe soy feliz.

El Sol, poniendo su mano sobre el hombre de la estrella dijo

– Lo que pasa es que estas enamorado.

Fue ahí cuando la estrella se dio cuenta, de sus verdaderos sentimientos

–Pero quizás, éste sea un amor no correspondido, dijo entre suspiros.

-Debes decírselo, yo conozco algo que haría que cuando te declares, ella no te rechace – dijo el Sol. En la tierra existe unas joyas muy preciosas, los hombres las llaman flores, los humanos dicen que si se las entregas a tu amada, ella no rechazara tu amor…

La estrella se levantó muy rápido y con una sonrisa agradeció al Sol, y bajó lo más rápido que podía a la tierra.  Pensando en todo lo que pasaría cuando le entregue estas flores a su amada. Pero había algo que la estrella no sabía, no sabía, que si una estrella baja del cielo, jamás vuelve a subir.

En muy poco tiempo llego a la tierra y recogió cuantas flores pudo cargar, pero cuando trató de volar, se dio cuenta que no podía, así que, pensó que era por el peso extra que llevaba, dejo poco a poco las flores, hasta que al final sólo se quedo con una sola, pero por más que lo intentó, no pudo volar.

La idea de no volver a su amada, rompieron su corazón. Pobre estrella, había sido engañada y ni cuenta se había dado, nunca mas volvería a ver la sonrisa de la Luna, y menos volver a escuchar su voz llamándole. Pasaron los días, y la Luna muy preocupada lo buscaba sin éxito, las estrellas al sentir la ausencia de su hermano, también se organizaron y empezaron la búsqueda, lo buscaron por días y días, pero jamás dieron con él.

Todos pensaron, que su hermano se había extinguido, y que quizás su vida ya había acabado… Hasta que un día, una estrella pasó cerca a la tierra, y creyó escuchar la canción de su hermano, aquella canción tan triste y solitaria, que con solo oírla te rompía el corazón. Bajó lo mas que pudo, y pronto vio a su hermano llorando entre las flores.

-Te encontré, ¿Qué haces aquí? , todos te están buscando – le dijo la estrella muy emocionada a su hermano.

Y él le dijo

– El Sol me ha engañado, me dijo que bajara a la tierra, y le contó todo sobre la Luna y sobre él.

Su hermano muy triste, escuchó todo esto.

-Yo nunca más volveré a volar con ustedes, para mí este es el  fin, y pronto mi luz se extinguirá. Pero, ella aun puede ser feliz, dile a la Luna, que estoy bien, que quiero que ella sea feliz, muy, muy feliz, después de todo se lo merece. Por favor no la dejen sola, ella siempre ha estado sola… -Sólo si ella es feliz, yo seré feliz…

Y entonces, la estrella voló por el cielo, buscó a sus demás hermanos y hermanas, y les contó la pena de su hermano perdido, todas escucharon con atención, y lloraron por el destino que le había tocado, y tomaron una decisión.

En ese momento la Luna, estaba desesperada, no sabía qué hacer,  ella sabía que la estrella no era capaz de abandonarle, lo único que pudo hacer fue llorar, no importaba que tanto le llamaba el jamás respondía, no importa donde lo busque jamás lo encontraba.

Entonces notó que poco a poco, pequeños destellos de luces la rodeaban, eran las estrellas quienes se habían puesto a su alrededor, todas y cada una de ellas estaban ahí, muy pronto la Luna, pudo ver a la tierra, y divisó en un bosque de flores, a su amado, a aquel ser que le hacía estar completa. A pesar de que nunca mas volvería a tocarlo, al menos podría verlo, todas las estrellas abandonaron al Sol, por su accionar tan ruin, y decidieron quedarse con la Luna, cumpliendo el deseo de su hermano.

La Luna al fin lo veía de nuevo… Y lo único que pudo hacer, fue cantar para aquella persona que le enseñó a ser feliz, la voz de la Luna era muy dulce, hacia que el mar abrazara la tierra, que todos los seres vivientes de aquel planeta cantaran con ella, esta canción era dedicada a su amado.

-Estas lejos, en un lugar inalcanzable, nunca te dije que te amaba, o que te esperaría toda la vida, jamás imagine, volver a verte, encontrarte a ti… Sólo una vez más, confieso que estoy enamorada de ti, quiero amarte por siempre… Tener por siempre…

La estrella estaba muy agradecido con sus hermanos y hermanas, porque le ayudaron a encontrar su felicidad, aquello que un día había perdido, nunca podría abrazar a su amada, pero al menos podía dedicarle su vida entera a ella, así que todas las noches le cantaba a ella y su amor, pero sus canciones ya no lastimaban, sino que daban alegría a los corazones lastimados y otras traían recuerdos del pasado, de un pasado añorado, pasó mucho, mucho tiempo, y aquella estrella con el tiempo, se convirtió en un espíritu que corría por toda la tierra, y cada noche de Luna llena estaba así de cerca de su amada, cantándole.

-De pronto, cuando seguía tu sombra, aparecí en lo profundo de la oscuridad, tu mano junto a la mía por siempre, tú y yo por siempre juntos.

-Eres la única para mi, a quien sólo deseo hacer feliz, eres tú, la única que vive dentro de mí, iluminas mis noches oscuras, conviertes mis tristezas en alegrías, secas mis lagrimas tan tiernamente.

-Eres tú mi gran amor, pero, sin embargo, no he sido capaz de darte un simple beso, no he sido capaz de sujetar tu mano, y menos darte todo lo que deseabas de este mundo. ¿Podrás perdonarme algún día? -Desde que me conociste, sólo te he hecho llorar. Tu hermoso rostro se tornaba en tristeza, y yo, no pude hacer nada, me hubiese gustado dibujarte una sonrisa.

-Eres tu… la única para mi, y a pesar de todo, aun no he podido decirte… te amo… -En tu cumpleaños, no pude darte ni un ramo de flores, esas que tanto quería que conocieras, perdón, lo siento… He vivido una vida difícil, quería escapar de todo, pero tus tibias lagrimas aun pesan dentro de mí.  Eres tú… la única que vive dentro de mi corazón, eres tú, la que se convirtió en cada latido de este corazón…

-Eres tu…… la única para  mi, y al fin puedo decirte,  te amo…

Fin

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La promesa de un demonio

La promesa de un demonio

La promesa de un demonio. Elvis Eberth Huanca Machaca, escritor peruano. Cuento para adultos. Hace mucho tiempo, los monstruos y los demonios, decidieron que ya no debían ocultarse más de los hombres, y salieron de sus escondites, muy pronto, muchos de ellos atacaron a muchos humanos, quienes nada podían hacer para defenderse. Escuche La promesa […]

Hace mucho tiempo, los monstruos y los demonios, decidieron que ya no debían ocultarse más de los hombres, y salieron de sus escondites, muy pronto, muchos de ellos atacaron a muchos humanos, quienes nada podían hacer para defenderse.

Y convirtieron al mundo, en una tierra de miedo y angustia.  Entonces un día, un demonio muy herido, huía desesperadamente de los humanos, no encontraba refugio, así que se escondió en las afueras del pueblo.

Y cuando empezaba a desfallecer, vio una luz, que venía de una lámpara, que estaba en la ventana de una casa, cuando se acercó a la casa, encontró dentro de ella a una hermosa mujer, quien vivía muy sola, en ese lugar tan peligroso.

El pensó que quizás, si se comía a la mujer, el podría recuperar sus fuerzas y pelear contra sus perseguidores.  Pero antes de entrar a la casa, se desvaneció,  y por más que intentaba levantarse no podía hacerlo, y muy pronto terminó perdiendo el conocimiento, y cuando despertó, notó que aquella mujer, había curado de cada una de sus heridas, el demonio muy conmovido por lo que la mujer había hecho, le hizo una promesa.  Que jamás intentaría comérsela. Por más que el hambre lo ciegue. El jamás haría de ella su presa.

Todos los días el demonio iba a visitarla, y cada vez que estaba herido, siempre iba donde aquella dulce joven, de hermosos ojos verdes cafeados, cabellera negra, y con un rostro de ángel.  Muy pronto aquel demonio lo entendió todo, estaba enamorado de aquella mujer humana.

Mejor dicho, los dos estaban muy enamorados.  Los dos se juraron amor eterno sobre la cima de una colina, pero ella antes de darle el sí, le hizo que prometiera algo, que jamás se comería a un ser humano, menos les quitaría la vida. El demonio muy perturbado, aceptó sin ni siquiera pensarlo.  Los dos fueron muy felices por un tiempo, pero los humanos y los demonios, no estaban de acuerdo con esta unión.  ¿Y si tenían hijos?, se preguntaban, de seguro seria una maldición, lo que de ellos naciera.

Una noche, atacaron la casa de la mujer, y mientras ella se consumía en las llamas del fuego, él era atacado por otros demonios, sin poder hacer nada para rescatar a su amada, sin poder hacer nada para calmar ese dolor que cortaba su corazón en pedazos. Sólo se resignó a llorarla.

El dolor que le embargaba era tal, que se dejó consumir por la furia, mató a todos aquellos demonios que habían conspirado contra él sin tener ni un poco de piedad.  Pero cuando iba a ir por aquellos humanos, algo en él se compareció, recordó la promesa hecha a su gran amor, y con mucha resignación, tuvo que cumplir aquella promesa hecha.

Lloró, y lloró por días, entonces Dios comparecido de él, decidió hacer algo, después de todo aquel demonio había respetado la promesa hecha a su amor. Y los demonios no eran muy confiables, menos se conocía de un demonio que cumpliera con lo decía.

– Si honras por siempre la promesa hecha a aquella mujer, yo te la devolveré – le dijo Dios desde el cielo.

Entonces ante sus ojos, su amor recobró la vida. El demonio muy agradecido, juró que siempre hondaría su palabra.  El demonio muy feliz, se retiró a lo más profundo de la tierra, y ahí se quedó. Se dice que cuando el viento suena muy fuerte, después de golpear las rocas, es en realidad el estomago del demonio, que extraña la carne de los humanos.

El demonio y la mujer fueron muy felices por siempre, ya que él honró cada día aquella promesa hecha, aún después de la partida de ella. El siguió honrando lo que prometió.

Fin

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El hijo de la luna

El hijo de la luna

El hijo de la Luna. Elvis Eberth Huanca Machaca. Escritor peruano. Cuento sobre la luna. Hace mucho, mucho tiempo, la Luna nunca se mostraba de noche, las noches en ese tiempo, eran tan oscuras como la nada. Entonces un día, en un lejano país, ocurrió algo que cambio todo. Una mujer pedía al cielo que […]

Hace mucho, mucho tiempo, la Luna nunca se mostraba de noche, las noches en ese tiempo, eran tan oscuras como la nada. Entonces un día, en un lejano país, ocurrió algo que cambio todo.  Una mujer pedía al cielo que le traiga de regresó al hombre que ella amaba, quién, había partido rumbo a la guerra.

Lloró todas las noches frente al mar, esperando que algún Dios se compareciera de ella, e hiciera caso a su petición. Pero nadie respondía a sus suplicas, a veces los dioses suelen ser algo egoístas con los humanos.

Cuando ella se resignó  a su mala suerte, alguien a su llamado respondió.

– Tendrás a tu hombre, aquel valiente caballero, de ojos verdes, hermosa cabellera rubia, y piel tan blanca como las nubes – le dijo la Luna a la mujer.

Ella muy emocionada, no tardó en agradecer, a su benefactora.

Pero entonces la Luna dijo

– A cambió de cumplir tu deseo, quiero que me des algo muy tuyo.

La mujer muy perturbada le respondió

– Pero ahora, todo lo que tengo es de mi amado.

– Entonces quiero a tu primer hijo… Le dijo la Luna desde el cielo.

La mujer muy feliz por saber que pronto tendría a su amado juntó a ella, le dijo que sí, sin importarle regalar a su propia sangre y carne, fruto de su gran amor por su amado.

La Luna, muy decepcionada por la respuesta de la mujer, aceptó pensando en el futuro que le esperaría aquel niño, que ni había nacido, y su madre le regalaba a cambio del amor de un hombre. Muy dentro de ella, pensaba que podría ser una mejor madre que la mujer.

Después de todo estar todo el tiempo ahí arriba, era muy solitario, pensaba la Luna.  Todos los astros del cielo, se preguntaban, ¿Cuáles eran las intenciones de la Luna, para criar a un niño, de carne y hueso?

Pasó muy poco tiempo, y el valiente caballero, regresó a los brazos de su amada, sin saber el trato que esta había hecho, para su retorno seguro.

De padre rubio, de ojos verdes,  y piel muy blanca, nació este niño, teniendo como madre, a la más hermosa de las mujeres del mundo, quien tenía ojos del color del cielo, y un cabello tan dorado como el sol, cuya piel era tan blanca como las nubes, a esta mujer le nació un niño, de piel no negra, sino canela, tan canela como el color de la tierra, tan canela como el tronco de un árbol.

Con ojos cafés oscuros, en vez de verdes o azules como sus padres, su cabello era de un color negro, como la noche. No rubio como el Sol.  El esposo pensó, que su mujer le había engañado, y cuando preguntó por el padre de este niño.

La madre solo atinó a echarle la culpa a la Luna, diciendo que le había engañado. Que ella era la culpable de tal desgracia.  Los padres de aquel niño, maldijeron su tan mala suerte, y no entendiendo la rareza de esta criatura, decidieron matarlo.

Antes de entregar este niño a la Luna, ellos matarían al niño.  Así que aprovechando la luz del Sol, fueron al lugar más alto que conocían, y desde ahí arrojaron a este niño al vacío.

Cuando la Luna vino donde la mujer, ella le preguntó por el niño.  La Luna esperaba que la mujer peleara por su hijo, muy en el fondo, ella pensaba que el niño estaría mejor con su verdadera madre.  Pero la mujer le respondió

– La vida del niño es del vacío, se lo entregamos al vacío. La  Luna muy triste por el destino de aquella criatura tan pura, se retiró a lo más profundo del cielo.

El Sol, quien había sido testigo de todo, estaba muy conmovido por el destino del niño, así que decidió intervenir, y bajo a la tierra, tomo un poco de tierra entre sus dedos, el cuál esparció sobre el cuerpo del niño, y con un soplo de él, el niño volvió a la vida.

Y cuando la Luna escuchó los llantos de este niño, por primera vez mostró su rostro completo en la tierra, por primera vez la noche no fue tan oscura.

Pero cuando quiso llevarse al niño con ella, el Sol le dijo

– Si él abandona la tierra morirá de seguro, puedes cuidarlo desde donde estás, y siempre ver por él.

– En el día, bajarás hasta la tierra y en la noche deberás regresar al cielo. Yo te daré las noches – le dijo el Sol.

La Luna muy feliz, por tener a alguien quien le acompañe en su soledad, aceptó la propuesta del Sol, por fin no estaría tan sola, este tenía que ser el mejor día de su vida.

Desde ese momento el niño se convirtió en el hijo de la Luna.  En las noches en que hay Luna llena, es porque aquel niño llama a su madre.  Y cuando ella desaparece del cielo, es porque baja a la tierra para abrazar a su hijo.

Fin

El hijo de la luna

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Edith Piaf – La Vie En Rose

Cada vez que te veo me gustas más – Ernesto Autino.

Cada vez que te veo me gustas más.

 

Cada vez que te veo pierdo el aliento

El corazón me late mas y mas fuerte
Y siento que una llama me arde por dentro
Cada vez que te veo me gustas más.

Cada vez que te encuentro ¿ves lo que pasa?
Me estoy quedando mudo y sin palabras
Y no puedo expresarte lo que yo siento.
Cada vez que te veo me gustas más.

Y cada vez, cuando tu y yo nos despedimos
Pregunta mi corazón
Cuando volveré a verte.
Te extrañaré
Y cuando medie la distancia
Yo rezaré por regresar pronto a ti.

Cada vez que me abrazas
Me vibra el alma
Cuando agarras mi mano
Siento que vuelo
Y entre besos y abrazos
Quiero contarte:
Cada vez que te veo me gustas más.

Saben a miel tus labios cuando te beso
Cuando el amor hacemos
Parece un sueño
Y entre tantas caricias
Yo te confieso:

Cada vez que te veo me gustas más.

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Mujeres a la hora de dormir

Mujeres, a la hora de dormir.

 

Si ya despiertas y vestidas, ellas nos resultan originales, imprevisibles y sorprendentes, durmiendo lo son mucho más.

A saber:

1) La que “esconde” cosas debajo de su almohada, no sólo ropa interior, pañuelos o alguna muñeca de trapo antigua. Puede guardar libros, cartas, y cualquier otro papel que estuviera leyendo antes del reposo, como así también un tapón de sidra, una flor disecada o algún recuerdo del casamiento de su mejor amiga, para ver si le pasa lo mismo.

2) La que nos hace poner celosos del cojín (léase almohadón) al que suele aferrarse como sobreviviente del Titanic hundido a un trozo de madera flotante, toda la noche.

3) La que se viste para ir a la cama: usa pijamas en invierno y en verano, pero cuando hace frío se agrega gorrito, camiseta y medias. Es la que muchas veces desiste de hacer el amor por el trabajo que le causaría sacarse toda esa ropa para después tener que volver a ponérsela.

4) La locutora sonámbula: da discursos en voz alta estando dormida, y lo que es peor, no se le entiende lo que dice. No es su inconsciente confesando travesuras el que habla, sino su hígado inflamado denunciando que la chica lo roció con un menú cargado pocas horas antes.

5) La que tiene pesadillas en cuotas: es la que te permite abrazarla por detrás y refugiarte en una agradable posición cucharita, pero como cada tanto, en su imaginación somnolienta, está cayéndose en precipicios o pisando suelos en medio de un terremotos. Entonces la dama pega saltos bruscos y uno siente que está recostado en el asiento de atrás de un Jeep de la película Pelotón.

6) La ensalada primavera humana: se acuesta boca arriba con crema de palta
en la frente y una mixtura de hortalizas en cada mejilla, para conservar la juventud que de todas maneras no está disfrutando en el aquí y ahora.

7) La estilo Tupac Amarú. Si se acuesta primero se estira como una estrella y para dormir tenés que enrollarte en la posición fetal en el centímetro cuadrado que te deja de espacio.

8) La que ( como acostumbraba hacer Marilyn Monroe, según sus propias palabras) sólo se coloca perfume para dormir. Esa es la que más nos gusta porque apenas al estirar el brazo ya tenemos el premio al alcance de la mano, salvo que su voz en tono agrio nos devuelva un “ ¡no molestes que tengo sueño!”

9) La contraria al ejemplo anterior, la boy scout del deseo nocturno. Está tan dormida y fría que parece que te la enviaron de la morgue, pero le das un besito en medio de la nunca, y al segundo te hace sentir que mantiene todas las fantasías despiertas, y que una buena dosis de vitaminas en grageas no te vendrían mal en esta época del año.

10) Hay otras que necesitan tener la radio o la luz encendidas, la persiana
abierta o la mano del amante aferrada a su pecho.

Pero todas tienen algo en común: son maravillosas, y sin ellas las noches del varón serían muy, muy, pero muy aburridas.

 

Autor desconocido por mí.

 

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Pregunté al poeta…Ninfa Duarte

Pregunté al poeta…

-¿Todavía escribes versos de amor?

¿de dónde sacas las palabras?

-Del misterio…

ven arúspice inclemente,

agorero, embustero;

escarba mis entrañas

en busca de algún signo

que te dé esa respuesta!

En vano intento desmenuza,

examina, hurga, araña,

rasga, excava, despedaza,

moja en sangre sus manos,

todo en vano…

El misterio no está allí,

es viajero de mis letras,

vuela en alas de mis versos,

es aliento de mi pluma,

desahogo de mis penas,

un suspiro en mis estrofas,

habitante invisible de mi ser…

… y el amor está en mi alma

exprimiendo la esencia del misterio…

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