Bonnie y Clyde

 

 

Archivo:Bonnie Parker BC10.jpg

 

Bonnie y Clyde fueron unos famosos forajidos, ladrones y criminales

de Estados Unidos durante la Gran Depresión. Esta pareja de delincuentes

captaron la atención de la prensa norteamericana y fueron considerados como

“enemigos públicos” entre 1931 y 1935. Aunque la banda fue conocida por los

robos a bancos, Clyde Barrow prefirió el robo a pequeños comercios y gasolineras.

Hay numerosas historias de cómo se conocieron Bonnie Parker y Clyde Barrow.

La más creíble es la que dice que se conocieron en enero de 1930 en la casa de

unos amigos comunes. Bonnie se ausentó de su trabajo de camarera para

acompañar a una amiga que se había roto un brazo, que recibió la visita de Clyde Barrow.

Al charlar un poco, ellos se reconocieron mutuamente como personas amantes de las armas

de fuego y de los coches rápidos. Ella tenía femeninas formas y una rapidez mental envidiable.

En cambio, él era robusto y su espíritu oscilaba impredeciblemente entre la ternura y la violencia.

Tenían 22 años cuando comenzaron a vivir un gran romance sobre ruedas y a ser perseguidos por la ley.

La prensa sensacionalista los ayudó a ganar notoriedad. Sus audaces fugas generaron

simpatía en la población porque ridiculizaban a un gobierno jaqueado por la recesión y las autoridades

decidieron detenerlos de forma aleccionadora.

Poco tiempo después de su primer encuentro, Clyde fue arrestado y lo condenaron a 14 años

de prisión sin contemplar que una mujer enamorada es capaz de cualquier cosa.

La delicada Bonnie fue a visitarlo a la cárcel escondiendo dos pistolas en su sensual cuerpo.

Cuando los guardias no miraban, se las pasó y él encaró una cinematográfica fuga.

Pero no siempre quisieron llevar una vida de prófugos, en una carta escrita de Bonnie a Clyde,

ella sueña con una vida normal y corriente:“Sé, cielo, que nunca podrás volver a vivir en Dallas,

porque no podrás soportar la horrible fama que te has hecho por aquí. Pero puedes irte a otro lado,

buscar un empleo y ponerte a trabajar. Quiero que seas un hombre, nene, y no un matón.

Sé que eres bueno y sé que puedes portarte bien”.

A pesar de estar palabras, entre 1932 y 1934, la llamada banda de Barrow realizó unas

cuantas fechorías raptando a hombres de la ley o atracando establecimientos, normalmente

lejos de su hogar y para conseguir el dinero que les permitiera volver a casa. Normalmente,

la banda de Barrow no disparaba a nadie, siempre que tuvieran una vía de escape. De todas maneras,

se contabilizan diez víctimas, todas a cargo de Clyde. Un ciudadano responsable acabó por denunciar

en la Missouri State Highway Patrol a ese extraño grupo de inquilinos que se hospedaban

en los apartamentos. A las 16 horas del 13 de abril de 1933, el sargento G. B. Kahler

de la MSHP, dirigió una redada. Los coches de policía bloquearon las salidas de los coches.

Aunque cogidos por sorpresa, la banda respondió con rapidez y consiguieron matar a dos policías

antes de poder huir. Con las prisas se dejaron la mayoría de sus posesiones en el apartamento

donde se cobijaron, incluyendo la cámara con las que habían hecho las fotos que ya formarían

parte de la leyenda. Estas fotos fueron difundidas por todo el estado. A partir de ese momento,

Bonnie y Clyde tuvieron que utilizar sombreros y abrigos para ocultar su identidad.

Conocidos por todo el país, tuvieron varias emboscadas sin éxito alguno por parte de las

autoridades, debido a la cantidad de denuncias de los ciudadanos dada la fama obtenida en la época.

Acosados, Bonnie y Clyde pasaron sus últimos días como prófugos sin la excitación de otras épocas.

En ese clima de introspección, la muchacha escribió un poema que decía: “No son tan despiadados

como los muestran / tienen un temperamento rudo / odian a todos los guardianes

de la ley / a los soplones, a los buchones y a los desertores”.

Bonnie y Clyde fueron asesinados el 23 de mayo de 1934, en una carretera secundaria

Cerca de Bienville Parish (Louisiana). Murieron a causa de una emboscada de cuatro

oficiales de policía de Texas y dos de Louisiana. Según el levantamiento de los cadáveres,

el coche contaba con un total de 167 agujeros de bala. Los oficiales tuvieron órdenes

específicas de vaciar los cargadores de sus rifles y de sus pistolas. Según las declaraciones

de Ted Hinton y Bob Alcorn: “Cada uno de nosotros tenía una pistola, una ametralladora

y un rifle automático. Abrimos fuego con las automáticas. Se vaciaron antes de que el coche

llegara a nosotros. Entonces usamos las ametralladoras. Había humo en el coche, y parecía

que se iba a incendiar. Después de vaciar las ametralladoras, vaciamos las pistolas en el coche,

que pasó por delante de nosotros y rodó 50 yardas por la carretera. Continuamos disparando

incluso después de que el coche se parase. No teníamos otra alternativa.” Las versiones

narradas por policías, cazarrecompensas y mercenarios eran tan contradictorias que en

vez de desatar los festejos soñados, impulsaron una ola de críticas y los testigos denunciaron

un sinfín de irregularidades.

No sólo no les dieron la señal de alto ni la oportunidad de rendirse pacíficamente sino que, además,

después se dedicaron a limpiar la escena del crimen y robaron las pertenencias de los

dos prófugos para venderlas como souvenirs, mientras que el cuerpo de Clyde fue trozado con saña.

En su artículo “Bonnie and Clyde: Romeo and Juliet in a Getaway Car”, el escritor

Joseph Geringer explica que Bonnie y Clyde gozaron de la simpatía de parte de la sociedad

norteamericana, comparándolos con unos Robin Hood modernos y que, gracias a su muerte trágica,

los encuadró en la leyenda. Tal y como pasó con Jack el Destripador, se puede

considerar a Bonnie y Clyde como los primeros criminales famosos de la era moderna y su

leyenda será perdurable en el tiempo al igual que el inmenso “amor entre balazos” que se predestinaban

uno sobre el otro.

El amor nunca muere. Eso dicen los poetas románticos y los seductores empedernidos aunque

pocas veces sea cierto. Sin embargo, nadie puede negar que hay amores que

sobreviven a sus protagonistas. Este es el caso de Bonnie Elizabeth Parker y Clyde Barrow,

la pareja de asaltantes que los estadounidenses aprendieron a temer y admirar con igual intensidad.

El trágico final del bravo Romeo y la astuta Julieta provocó que al entierro asistieran 20 mil personas.

Su violenta muerte no sólo inspiró normas que hoy rigen la labor policial sino

también un apasionante mito que sigue creciendo. Todavía, cada año, miles de parejas

visitan el lugar de masacre en la Autopista 154 al sur de Gibsland, Louisiana.

No lo hacen para seguir sus malas artes, sino para prometerse el

mismo amor que unió a Bonnie y Clyde.

bonnie y clyde fotos

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