CUENTO_

amistad

Había una vez una bruja llamada Blanca que vivía en un castillo; tenía una verruga muy grande en la nariz y una rata mascota llamada “bigotines”. Su pelo era blanco, su cara verde y vestía un amplio vestido de color negro que le llegaba hasta los pies.

Se pasaba el día haciendo pociones, mezclas mágicas en las que usaba saltamontes

, hierbas y otras cosas extrañas. Hacía pociones y formulaba hechizos para divertirse.

Un día por su “cumple” le regalaron un abrelatas que a ella no le gustó mucho, entonces su abuela le contó que era un abrelatas mágico y que en vez de abrir latas, abría las cerraduras de algunos castillos encantados. Así que cogió el abrelatas y se dirigió a un castillo muy antiguo.

Como no tenía ganas de andar, cogió a su rata “bigotines” y con unos pases mágicos rápidamente la transformó en un caballo volador y en un plis plas se plantó en el castillo.

La puerta del castillo llevaba siglos sin abrirse, muchos fueron los que lo intentaron, pero ninguno lo consiguió. Ella solo tuvo que poner el abrelatas sobre la cerradura y al momento se abrió, dejando ver en su interior a un enorme dragón.

Al momento la bruja Blanca reconoció al dragón, era el dragón Camiñas, “el que nunca le hace daño a las niñas”, así es que se disfrazó de niña y pasó por su lado sin problemas.

Apareció una gallina con 1 cabeza, con 2 patas, con alas y muchas plumas en cada ala. La gallina estaba muy asustada. El dragón era bueno, pero a la gallina le había encerrado una bruja muy mala. El dragón intentaba sacarla de allí pero no podía, entonces la bruja Blanca hizo un truco de magia y consiguió sacarla.

De repente se puso ha llover y la bruja se protegió del agua bajo un árbol con un paraguas abierto. ¡ Brrummm ! – sonó un trueno y cayó un rayo encima de la bruja que la dejó negra y chamuscada. Muy asustada se fue a una casa que tenía en una cueva para darse un baño y tranquilizarse.

Un día un payaso actuaba en un circo al aire libre haciendo reír mucho a todo el mundo. Vino la bruja Blanca y dijo unas palabras mágicas; “zis – zas – cataplun”, entonces empezó a llover mojándose toda la gente que veía el espectáculo. Metió la bruja su mano en uno de sus bolsillos mágicos donde guardaba de todo y notó sorprendida  un agujero en el fondo por el cual se le habían caído todos los artilugios mágicos que allí guardaba.

De repente apareció otra vez la gallina, pero esta vez perseguida por un enorme perro, la bruja intentó ayudarle, pero no encontró en su roto bolsillo ningún artilugio.

Pero como tenía muy buena memoria recordó las palabras mágicas para convertir a los perros en tortugas: “abracadabra, abracadugra, que este perro se convierta en tortuga”.

El perro, dándose cuenta de su mala acción pidió perdón a la gallina, entonces la bruja dijo: “El perro dice _guau_ y el pájaro dice _pio_, que todo vuelva a ser como al principio”. Al instante, la tortuga volvió a ser un perro, pero también el caballo alado volvió a ser de nuevo la rata mascota llamada bigotines. ¿Cómo volvería la bruja Blanca ahora a su castillo?.

La bruja Blanca vio una serpiente con unas gafas muy bonitas. Blanca pensó que podía convertir a la serpiente en un globo, para así montarse en él y volver a su castillo. Pensó y pensó en una fórmula y al final dijo: -¡abra cadabra pata de cabra que esta serpiente se convierta en un globo!

Blanca se montó en el globo multicolor que en realidad era una serpiente y voló hacia su castillo. El aire movía su pelo gris que se ondulaba como una nube.

Al llegar a su castillo, la bruja Blanca construyó a su alrededor un gran muro para protegerse de sus enemigos y ocultarse de los curiosos.

Fuera del muro quedó el árbol, donde se refugió la bruja Blanca de la lluvia, y donde por cierto se dejó olvidado su paraguas, así es que fue a recogerlo.

Cuando lo cogió, y por arte de magia, se volvió a convertir en una niña. Fue entonces cuando escuchó una voz que le decía; quiero ser un niño, para poder moverme, saltar y jugar… era una flor que le estaba hablando.

Y como la bruja Blanca era muy buena, convirtió a la flor en un niño y juntos se fueron a su casa a merendar.

La bruja Blanca con un hechizo convirtió su enorme castillo en una preciosa casa de campo donde vivía con sus padres y su amigo. La bruja convirtió a su rata en dos peces, pero lo que ella no sabía es que eran un tiburón y un delfín.

El tiburón tenía tres filas de dientes muy afilados. Blanca les dio de comer comida de peces, pero ellos no la comieron. La bruja investigó a uno de los peces para ver por qué no comían. ¡Se dió cuenta de que era un tiburón agresivo! y solo se le ocurrió devolverlo al mar.

Luego investigó al otro pez. Este no era tan agresivo pero era un pez del mar. Ella no quería devolverlo al mar porque era su pez preferido y le puso el nombre de Chispitas. Luego lo metió en la piscina del jardín de su casa. Unos días después sus padres le dijeron que no podía estar más tiempo en casa, y no tuvo más remedio que echarlo al mar. Aún así iba todos los días a ver a su Chispitas.

Una de las veces que volvía de ver a su amigo Chispitas, pasó por una charca donde le saltó a la cara una rana, que como loca le decía: “dame un beso, dame un beso” y como la brujita andaba buscando novio la besó para ver si se convertía en un apuesto príncipe.

Pero en vez de en un príncipe se convirtió en un loro que salió volando y chocándose con todos los árboles. La brujita Blanca corrió detrás del loro ciego gritando: ¡ ven aquí príncipe que te vas a matar !.

Finalmente el loro ciego acabó chocando con una jaula llena de gusanos, los cuales cayeron al suelo. Como el loro estaba hambriento comenzó a comer los gusanos, sin saber las extrañas propiedades que tenían…

 

Dibujos de caballos

 

ERNESTO