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ALBERT  HAMMOND-EHAMW A MI LA CULPA

LA LOBA SHAKIRA

 

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Para construir un bello sueño

Para construir un bello sueño lo primero es estar despierto, mano firme para sostener las bridas y hacerse un proyecto a medida teniendo en cuenta que todo encoge.Materiales de primera. Anchos y profundos los cimientos, a prueba de malentendidos, compromisos, intereses y accidentes.

Orientado al sur y protegido de los vientos.

Nada cura las heridas como un bello sueño. ¿Quién no arriesga la vida por un bello sueño? ¿Qué sería de nosotros sin un bello sueño? ¿Qué haríamos del día y de la noche?

Para construir un bello sueño hay que dedicarse plenamente a él y estar pendiente en todo momento de si ríe, si duerme, si llora como si fuese un recién nacido.

Y por el bien de la empresa es indispensable estar enterado de que al final de la proeza será una sorpresa su resultado.

Hay un buen trecho entre los sueños y la realidad.

Nada cura las heridas como un bello sueño. ¿Quién no arriesga la vida por un bello sueño? ¿Qué sería de nosotros sin un bello sueño? ¿Qué haríamos del día y de la noche?

Para construir un bello sueño es preciso, además, ser lo bastante espabilado –cuando se da vuelta la fortuna– para salir de entre las ruinas y hacer otro inmediatamente. (Joan Manuel Serrat)

ERNESTO_LunaSol

POESÍA

PENSANDO EN TI…

 

Vengo pensando en ti, desde hace tiempo
y las horas perdieron
importancia.Ya solo soy feliz en los momentos
en que evoco tu amor, en la
distancia.

Cuando, de noche, escribo mis poemas
con dulce voz mi corazón te
nombra

y por ser tú el alivio de mís penas
te busco, con amor, entre la
sombra.

Yo vivo de tu amor, sin que tú sepas,
que palpitas en todos mis
sentidos,

que te llevo en mi cuerpo y en mi sangre,
como las flores llevan los
rocíos.

Siempre que el sol declina sobre el día,
vuelvo, en mis versos a
busacarte,

para decirte, en cada poesía,
que nunca, nunca…dejare de
amarte…

 

 

 

Oscar Jiménez Efrez
(Oscar.J)
ERNESTO
LunaSol

POESÍA

 TU AMOR EN LA DISTANCIA
Nuestros dos corazones se unen día a día
como se une un lucero a la estrella que lo guía…

Y,…allá, en la distancia, me piensas y te pienso…
unidas nuestras almas por un amor inmenso

Los mares, los ríos, el sol y las estrellas,
nos hablan solamente de nuestras cosas bellas…

Aunque lejos estemos, el amor nos reclama
y en las noches de luna…mi corazón te ama

Es corta la distancia, se disipa la sombra,
cuando amorosamente, el corazón te nombra…

Que bello amarte así,… con dulce sentimiento,
con los sueños dormidos mecidos por el viento,

mientras lejos…muy lejos, te traen al momento,
los rayos de luna que alumbra el firmamento…

y entre mis sueños locos aprisiono tus besos,
esos besos de amor en mis labios impresos…

Aspiro en el aire…, esa sutil fragancia,
aromas de un amor,…tu amor en la distancia…

Oscar Jiménez Efrez
(Oscar.J)

ERNESTOLunaSol

La estrella y la Dama leyenda

Cuenta la Leyenda que una estrella se desprendió del firmamento.

En su caída arrancó de sus entrañas un lamento; un grito agónico, ahora de ayuda, ahora de nostalgia… y el cielo empezó a llorar. Las nubes lo cubrieron y sus lágrimas inundaron la Tierra que aquella estrella pisó.

Convertida en Dama y Señora, perdida en su camino, sola y abatida, se debatía sobre qué camino seguir.

Parecía aquel mundo tan desconocido y tan lejano, que se encontraba perdida y, curiosamente, recordaba verlo desde sus alturas, no hace mucho, con envidia y celo por tenerlo. “¿Y ahora qué?”, se preguntaba. “Te extraño, Orión”, “ya no me acompañas, Sirio”, pensó mirando a su cielo protector… sola… y el cielo seguía llorando…

De rodillas en el suelo, empapada por la pena divina; la cara cubierta por sus pálidas manos; los ojos húmedos por el llanto contenido, sintió una mano firme sobre su hombro.

“Ven, acompáñame”, le dijo una voz. “Resguardémonos bajo aquel frondoso roble”.

Aún a sabiendas de que aquél podía no ser un lugar seguro en aquellos momentos difíciles, encaminó sus pasos hacia el árbol: la cabeza gacha, los pasos dudosos, pero la mano apretada por la de aquel joven.

Bajo aquel roble por primera vez sus miradas se encontraron. Y lo supo: el destino, el sentido de su pasado, el por qué de su presente; los pasos hacia su futuro; y por un momento recobró aquel anhelo juvenil que parecía retenido por las aterradoras fauces de antiguas tristezas.

… y el cielo se abrió… los rayos de Sol dibujaron un paraíso de sueños, y su pelo brilló dorado, como en aquellos días en que no eran cabellos sino brazos de luz que alumbraban al mundo. Ya no brillarían sólo por todos; ya no lucirían sólo para darle paz y calor a quienes a su alrededor parecían disfrutar de la vida. Aquella energía que un día irradiaba su estrella jamás se había perdido. Siempre había estado ahí, esperando, oculta en el rincón más remoto para volver a cegar con su sonrisa esperanzada.

Difuminados por el rocío de la hierba mojada, sus siluetas comenzaron a desaparecer entre las últimas luces del día, y del roble, la estrella caída y el joven sólo quedaron la mágica historia que los lugareños se contaban de padres a hijos.

Desde entonces, esos mismos lugareños cuentan que cuando llueve sobre la Tierra, el cielo llora por otra estrella caída, pero aquel preciso lugar en que un día un roble ofreció su cobijo siempre permanecía seco.

Cuenta la leyenda que desde entonces dos estrellas brillan entre las nubes despejando el camino de la luz, siempre con sus sonrisas puestas.

Estrella y Dama

__Luna

_________Sol________ERNESTO_

POESÍA

CORAZON HERIDO

 

¿Que te pasa corazón adolorido?

  

¿Por que quisiste entregar tu vida?

 

¿Para quedar inmensamente herido,

  

    y el alma destrozada y compungida?

 

 No debíste amarla, corazón herido,

 

entregaste tu amor a un imposible.

 

Fue error, corazón, haber querido

 

 sabiendo que su alma era insensible.

 

Te engaño, corazón, su hipocresía,

 

su mentira, su traición y su falsía

 

destruyeron tu fe, tus ilusiones.

  

Olvídala corazón ya no la nombres.

 

Es una maldición para los hombres;

 

su placer es herir los corazones.

  

Oscar Jiménez Efrez

(Oscar.J)

ERNESTOLunaSol

POESÍA

CELOS DE FIERA

  

Duerme un viejo leon

en su guarida

 

y sueña que su amada

ruge en el bosque

inmenso,…

! enamorada  de otro leon

de sangre enardecida¡

!Y siente celos,

y con rabia loca,

desgarrandose el pecho,

al querer levantarse

 sobre el lecho,

un rugido fatal truena

en su boca¡

Y despierta;

satanica alegria

cruza por su semblante;

su leona esta alli,

y en ese instante

en lamerle la cara

 se extasia.

Pero aleve,

con fuerza soberana,

al verla tan hermosa,

la sacude en sus garras

temblorosa,

!y la asfixia creyendola

liviana¡

La mira luego,

inmovil y sombria;

siente profundo espanto,

!y rueda de sus ojos

todo el llanto

que en lo mas hondo

de su pecho hervia.

Despues…,

como si huyera de si mismo

sale tambaleando,

ve la sierra

y… se acuerda, sollozando,

de ciertas rocas…

!y de cierto abismo¡

Y alli corre,

deteniendose

en las breñas,

mira al fondo profundo.

!Gira¡ !Salta¡

y al fin…, en un segundo,

!hecho trizas desciende

por las peñas¡

JULIO FLOREZ

Poeta Colombiano.

ERNESTOLunaSol

POESÍA

  A U S E N C I A  
LunaSol
LunaSol

 

 

 

Van pasando los días de la ausencia 

en el silencio

y mi dolor sin verte.

 

Cada instante añorando tu presencia

sin poder apartarte

 de la mente.

 

Parece que fue ayer y sin embargo

ha mucho tiempo

 que ese adiós dijiste

 

 dejándome el recuerdo amargo,

del injusto reproche

 que me hiciste.

 

 Ya es tarde para que el destino

nos devuelva

las horas del pasado.

 

Ya perdimos el rumbo en el camino,

las huellas del cariño

 se  han borrado.

 

Cuando todo se pierde en el olvido

y nada al corazón 

 le  pertenece,

 

sabemos que fue vano haber querido

y una pena de amor

nos entristece….

OSCAR JIMENEZ EFREZ

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El hombre que quiso conocer a la luna

Del libro “Mitos, cuentos y leyendas de los cinco continentes”, narrados por José Manuel de Prada. Ed.: Juventud. Barcelona, 1995.

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CUENTO KÍWAI

Un día, dos hombres se pusieron a discutir si el Sol y la Luna eran una única persona, o dos personas diferentes.

– Te equivocas -decía uno-. Son dos personas distintas.

– No, no -insistía el otro-. Te digo que son la misma persona.

Como ninguno quería dar su brazo a torcer, la discusión se acaloró, y los dos hombres se comenzaron a dar de golpes. Terminada la pelea, el hombre que decía que el Sol y la Luna eran personas distintas quedó tendido en el suelo, dolorido y magullado. Al pobre le daba tanta vergüenza haber llevado las de perder que decidió encontrar la casa de Ganúmi, la Luna, y salir definitivamente de dudas. Así que se dirigió a la orilla del mar, montó en su canoa y se puso a remar en dirección al lugar por donde sale la Luna. Navegó día y noche, adentrándose cada vez más en el mar, hasta que, finalmente, llegó a la casa de la Luna. En aquel momento la marea estaba baja, así que arrastró la canoa orilla adentro y luego se sentó en ella.

Al cabo de un rato, apareció Ganúmi. Como eran días de luna nueva, Ganúmi tenía entonces el aspecto de un niño pequeño.

– Bienvenido a mi hogar -dijo-. Por favor, te ruego que vengas conmigo.

Pero el hombre no quiso creerse que aquél era verdaderamente Ganúmi y se negó en redondo a apearse de la canoa.

– No -dijo en tono firme-. Tú eres un niño pequeño. Yo quiero que Ganúmi, la Luna, venga personalmente a invitarme.

– ¡Pero si yo soy Ganúmi! -insistió el pequeño-. Vamos, desembarca.

– Nada de eso -repuso el hombre-. Yo quiero a un hombre mayor, y tú eres un pequeñajo. No. No puedes ser Ganúmi.

Y se quedó en la canoa con los brazos cruzados.

Pasaron unos días y la Luna se hizo más grande. Ganúmi volvió a presentarse ante el hombre, esta vez con el aspecto de un muchacho joven.

– Vamos, ¿es que no vas a bajar nunca de esa canoa? -preguntó-. Yo, Ganúmi, te invito a mi casa.

Pero el hombre seguía en sus trece, y replicó:

– Muchacho, ya le dije al niño que vino el otro día que yo quiero ver a Ganúmi, y que sea él quien venga a invitarme. Así que no me muevo de aquí.

Pasó más tiempo. Ganúmi se convirtió en todo un hombre,y una abundante barba le cubría a cara. Con ese aspecto, fue a ver al viajero, que seguía obstinadamente montado en su canoa.

– Te lo ruego -le dijo con gran cortesía-. Desembarca y ven conmigo. Eres mi invitado.

Pero el hombre seguía sin creerse que aquél fuera Ganúmi.

– No, no- explicó-. Ya se lo he dicho a los otros. Yo a quien quiero ver es a Ganúmi.

– ¡Pero si yo soy Ganúmi! -exclamó el otro.

Pero no hubo nada más que hacer, así que se marchó.

Al cabo de pocos días, Ganúmi volvió a la orilla del mar para intentar que su invitado desembarcara. Esta vez era ya un hombre entrado en años, cuyo cabello comenzaba a cubrirse de canas.

– Acompáñame, por favor -le dijo al hombre de la canoa-. Yo soy Ganúmi y quiero que vengas a mi casa.

– ¿Cómo? ¿Tú Ganúmi? ¡Ni hablar! Yo quiero que el Ganúmi de verdad venga aquí para invitarme.

Finalmente, Ganúmi apareció en forma de un hombre muy viejo que caminaba con la ayuda de un bastón.

– ¡Al fin! -dijo el hombre, que ya comenzaba a cansarse de esperar-. ¡Tú sí que eres Ganúmi!

Y, tras apearse de su canoa, siguió a su huésped, que le llevó a ver sus dominios. Primero le enseñó un lugar donde todo era blanco. La casa, la tierra, las plantas, nada había allí que no fuese blanco.

– Todo esto -dijo Ganúmi-, es mío.

Después le llevó a otro lugar. Allí todo era negro como la pez.

– Este lugar es de Dúo, la Noche.

Por último, Ganúmi llevó a su invitado a un lugar en el que todo era rojo.

– Esto -explicó-, es de Hiwío, el Sol.. Cuando Noche vuelve a su casa, el Sol sale desde aquí.

A continuación, Ganúmi llevó al hombre a su casa y allí comieron juntos. Cuando hubieron terminado, Ganúmi dijo:

– Ahora verás cómo asciendo hasta el cielo. Primero surge Noche, y yo voy detrás. Después, cuando los dos hemos vuelto a nuestra casa, sale el Sol. Como ves, Sol y Luna son personas distintas.

Dicho esto, Ganúmi trepó por un alto árbol y desde allí se lanzó hacia el cielo. Se posó al borde de una nube y todo el lugar quedó inundado por sus rayos. El hombre, después de ver aquello, pensó: “Bien, está claro que yo tenía razón. La Luna y el Sol son personas distintas, así que el otro tipo estaba equivocado”.

Aquella noche el hombre no durmió sino que estuvo paseando por la casa de la Luna. Se fijó en que allí no crecía nada, salvo arbolitos y arbustos, pues el lugar estaba demasiado cerca del sitio de donde surgen la luz y el calor.

Comenzó a clarear el alba. La Luna seguía en el cielo, pero no tardó en salir el Sol. Ganúmi volvió a casa y le dijo a su invitado.

– Bueno, ¿has visto ya cómo son las cosas por aquí?

– Sí, he podido ver a la Luna, el Sol y la Noche; creo que ya puedo volver a mi casa.

Pero antes de que regresara, Sol, Luna y Noche, obsequiaron al hombre con un fruto de sus respectivos huertos. El fruto del Sol era rojo, el de Luna blanco y el de Noche negro.

Entonces Ganúmi le dijo al hombre:

– Espera a que se ponga el Sol y yo esté en lo alto. Yo te tenderé mi soga y tú la atarás a tu canoa. De este modo, mientras me desplace por el cielo, te arrastraré hasta tu casa. Una vez lleguemos allí tira de la cuerda y yo me detendré. Cuando vuelvas a tirar de ella la recogeré, pero antes enséñasela a los tuyos. Enséñales también los frutos que te hemos dado y nadie dudará de que has estado aquí.

Al anochecer, Ganúmi le tendió al hombre su soga y éste la ató a su embarcación. Después, juntos se desplazaron sobre las aguas, hasta llegar al hogar del hombre. Éste, cuando vio que ya estaba en su casa, tiró de la soga. La Luna se detuvo. El hombre convocó entonces a los habitantes de su aldea, sin olvidar al hombre con el que había discutido. Entonces les explicó que había estado en el hogar de la Luna, el Sol y la Noche, contó lo que había visto allí y mostró los frutos que le habían dado.

– Todo esto prueba -insistió-, que el Sol y la Luna son dos personas diferentes, y que con ellos hay una tercera persona, la Noche.

Sin embargo, como notaba cierto aire de duda en el rostro de la gente, el hombre señaló hacia la cuerda.

– Mirad -dijo-, con esta soga Ganúmi me ha traído hasta aquí. Esta cuerda pertenece a la Luna, y ahora voy a devolvérsela.

Así que desató la cuerda de la canoa y tiró de ella. Al instante, se oyó un gran estallido, y, ante el asombro de todos, Ganúmi comenzó a recoger su cuerda hasta hacerla desaparecer en el cielo. Después de eso, el hombre invitó a los demás a probar los frutos que le habían dado. Al principio la gente no quiso ni tocarlos, temiendo que fueran venenosos, pero el hombre les aseguró que eran buenos, así que todo el mundo tomó un poco.

 

Los kíwai viven en la parte oriental de lo que hoy es Papúa Nueva Guinea, a orillas del Pacífico. Como todos los pueblos papúas los kíwai son fundamentalmente agricultores)

 

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