BAMBÚ EL ELEFANTE NEGRO

La señora Noche vivía allá arriba, muy arriba, en una esquina del cielo. La señora Noche se pasaba el día sentada en un sillón, escondida en su alta casa, oculta en el alto cielo. Pero en cuanto desaparecía el Sol, la señora Noche se calzaba los guantes, se envolvía en su chal y salía de paseo.

Pero no paseaba sola, no. La señora Noche paseaba con todos sus elefantes negros, andando de una punta a otra del cielo.

La gente levantaba los ojos y decía: -¡Cuánta sombra… y cuántas estrellas!-. La gente decía así porque no sabía que estaba mirando los elefantes negros de la señora Noche y sus ojitos brillantes como chispas de luz.

A la señora Noche jamás se le había perdido un elefante. Ni un elefante grande, ni un elefante chico, aunque los paseaba de una punta a otra del cielo. Pero una vez…

Una vez un elefante chiquito se perdió.

El elefantito se llamaba Bambú. Y aunque era apenas un elefante bebé, cuando se vio solo, justo en la mitad del cielo, no se asustó. ¡Qué va! El elefantito negro sacudió las orejas suaves, estiró la larga trompa y llamó: -¡Papá!… ¡Mamá!…

Bambú confiaba en que sus papás lo escucharían y en seguida correrían a reunirse con él.

Pero los papás de Bambú, el elefantito negro, ya estaban muy lejos, y por más q Bambú llamara y llamara, no podían escucharlo. Entonces Bambú se dijo: -Tendré que arreglarme solo. Mi papá, mi mamá, todos mis tíos elefantes y la señora Noche siempre van para el lado de la Luna. Miraré con mis ojitos donde está la Luna redonda y blanca, y me iré para allá.

Y así Bambú miró y miró, para arriba y para abajo y para aquí y para allá, pero en ningún lado veía a la Luna redonda y blanca.

Y miró otra vez; entonces descubrió algo redondo y blanco, y lleno de alegría gritó: -¡Allí está la Luna!… ¡Corro para el lado de la Luna!…

Con sus patitas de terciopelo negro, y sus orejas al viento, Bambú corrió y corrió.

Pero cuando llegó hasta aquello que él creía la Luna, no encontró la Luna. Se encontró con un sombrero redondo y blanco. El sombrero que el señor Pipilán había olvidado en su patio sobre una silla. El elefantito negro, perplejo, miraba el sombrero del señor Pipilán. Entonces Mari-Sá, la nena del señor Pipilán. Se asomó por una ventana:

 -Elefante negro- le preguntó a Bambú -, ¿qué estás haciendo en mi patio?

-Estoy buscando a mi papá y a mi mamá- le contestó Bambú.

-Yo te ayudaré- le dijo Mari-Sá-. Los buscaremos cuando sea de día. Ya falta poco para que salga el Sol.

-¡No, no! –exclamó asustado Bambú- . Cuando salga el Sol, tendré que esconderme. Yo no puedo tomar el Sol, porque me destiño todo.

Y decía la verdad. Porque los elefantes de la señora Noche, si se exponen al Sol, se aclaran, se aclaran… ¡ Y se quedan color celeste! ¿ Y a qué elefante, grande o chico, le va a gustar ser un elefante desteñido?

-No te aflijas- dijo la nena-, te esconderé mientras esté el Sol. Y cuando llegue la Noche, entre los dos buscaremos a tus papás.

Mari-Sá hizo pasar al elefantito por la ventana y, cuando Bambú estuvo dentro de la casa, le dijo: -Escóndete en mi ropero.

Pero… en el ropero ya estaba la ropa de Mari-Sá, y no había lugar para Bambú.

-¿Dónde te esconderé?-se preguntaba la nena.

-¿Dónde me esconderé?-se preguntó Bambú.

Porque ya faltaba poco para que saliera el Sol, y el Sol seguramente revisaría toda la casa, buscando al elefantito para desteñirlo.

Entonces Mari-Sá dijo a Bambú:

-Achícate un poco, y podré esconderte dentro de mi alcancía.

Bambú, el elefantito negro, se apretó, se apretó… Y tanto encogió, que ya podía pasar por la abertura de la alcancía de Mari-Sá. Pero… la alcancía de Mari-Sá guardaba tantas monedas, que no cabía una sola moneda más. Y tampoco cabía allí Bambú.

Y ya faltaba menos para que saliera el Sol.

-¡Achícate otro poco¡-exclamó Mari-Sá –.Así podré esconderte detrás de la piedrecita de mi anillo. Aquí el Sol no te encontrará.

Así el elefantito negro se achicó un poco más. Entonces Mari-Sá lo tomó en su mano y lo escondió detrás de la piedrecita de su anillo.

Escondido, Bambú estuvo quieto, muy quieto. Y entretanto, el día, hora a hora, se fue gastando, y llego la Noche.

A la Noche, el elefantito salió del anillo. Creció primero un poco y luego todo de una vez, hasta que recobró su tamaño. Y cuando recobró su tamaño, dijo a la nena:

-Mari-Sá, por favor, ayúdame a encontrar a la luna. Si encuentro a la Luna, encontraré a mis papás, a la señora Noche y a todos mis tíos elefantes.

-¡Yo sé adónde va la Luna a lavarse la cara!- exclamo Mari-Sá-. ¡Vamos Bambú!

Bambú y Mari-Sá dejaron la casita del señor Pipilán y, caminando por una vereda de piedra, cruzaron el parque y llegaron al río. Allí, sí, en el río, estaba la Luna, lavándose la cara. La señora Noche, con los guantes puestos y envuelta en su chal, paseaba entre los juncos de la orilla. Y los elefantes negros, con sus largas trompas, rozaban el agua del río.

-¡Papá!… ¡Mamá!…-gritó Bambú, corriendo hacia sus papás.

Era tiempo de que se reuniera con ellos. Porque ya la señora Noche dejaba la orilla del río y echaba a andar camino del alto cielo. Para recorrerlo, de una punta a otra, con sus elefantes negros.

-¡Adiós, Bambú!- gritó la nena del señor Pipilán.

-¡Adiós, Mari-Sá!- gritó el elefantito negro.

Y Mari-Sá creyó no verlo más. Pero lo veía, sí, lo veía, si miraba bien, allá arriba, en el cielo alto. Como una sombrecita más, su cuerpo de terciopelo negro. Como dos estrellitas, sus ojitos brillante

LunaSolERNESTOLunaSol

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Yolanda
    Ago 26, 2009 @ 09:55:13

    bonito cuento , siempre me gusta lo que escribes. un saludo de …..lunita…para su amigo el sol

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: