LETRAS DE CANCIONES __Chayanne

Letra de Después De Todo – Chayanne

Hoy te siento como la primera vez

y es lo mismo cada vez que vuelvo a ti

luz de luna que descubre tu perfil,

nos da la noche para ser feliz.

Palpitando entre mis manos, vas a recordar.

Porque la vida sabe que tú y yo nacimos para amarnos

que nuestro destino estaba escrito antes de llegar.

Ves que la distancia no ha podido separarnos

porque siempre vuelvo a ti de cualquier modo

estaré a tu lado antes y después de todo.

Veras, aquí las horas no tendrán final

será, la noche para darlo todo

voy cruzando el cielo hasta tu piel

infiel, hoy te vuelvo a descubrir

Palpitando en el silencio, vuelvo a comprender.

Porque la vida sabe que tú y yo nacimos para amarnos

que nuestro destino estaba escrito antes de llegar.

Ves que la distancia no ha podido separarnos,

 porque siempre vuelvo a ti de cualquier modo,

estaré a tu lado antes y después de ir, y volver,

 y entender lo que siento, que mi vida no existe sin ti.

Ves que la distancia no ha podido separarnos

porque siempre vuelvo a ti de cualquier modo

a tu lado antes y después de todo.

Porque la vida sabe que tú y yo nacimos para amarnos

ya ves que el destino estaba escrito antes de llegar.

porque la distancia no ha podido separarnos

siempre vuelvo a ti de cualquier modo

estaré a tu lado antes y después de todo.

Letra de Fuiste un trozo de hielo en la escarcha – Chayanne

Fuiste un trozo de hielo en la escarcha

Una parte de mí que se marcha

Con la frialdad que tuviste al decirme adiós

Fuiste tiempo de amor por las noches

Y hay que reconocer que lo hacías bien

Era llegar con la espada hasta la pared

Fuiste tantas cosas a la vez

Que me cuesta creer que hoy no seas nada

Sobre todo porque no es verdad

No consigo olvidar

Esa mirada, que aún me hace estremecer

Fuiste amiga de mis enemigos

Todos ellos antiguos amigos

Ya sé, que no se puede evitar

Lo de ser mujer

Fuiste mucho y fuiste muy poco

Así son las historias de locos

Son cortas y anchas con forma de corazón

Fuiste tantas cosas a la vez

Que me cuesta creer que hoy no seas nada

Sobre todo porque no es verdad

No consigo olvidar esa mirada

Que aún me hace estremecer

Fuiste un trozo de hielo en la escarcha

Que no llegó a abril

Que no llegó a abril

Letra de Un siglo sin ti – Chayanne

Mil y una historia me he inventado

Para estar aquí aquí a tu lado…

Y no te das cuenta que

Yo no encuentro ya que hacer.

Se que piensas que no he sido sincero

Se que piensas que ya no tengo remedio

Pero quien me iba decir que sin ti no se vivir…

Y ahora que no estas aquí

Me doy cuenta cuanta falta me haces….

Si te he fallado te pido perdón de la única forma que se..

Abriendo las puertas de mi corazón

Para cuando decidas volver

Porque nunca habrá nadie que pueda llenar

El vacio que dejaste en mi….

Has cambiado mi vida me has hecho crecer

Es que no soy el mismo de ayer

Un día es un siglo sin ti…

Mil y una historia me he inventado

Para demostrarte que cambiado

Ya lo que paso paso

Rescatemos lo que nos unió…

Que todos aprendemos de nuestros errores

Solo yo te pido que ahora me perdones…

Pero quien me iba decir

Que difícil es vivir…..

Y ahora que no estas aquí

Me doy cuenta cuanta falta me haces…..

Si te he fallado te pido perdón de la única forma que se

Abriendo las puertas de mi corazón

Para cuando decidas volver

Porque nunca habrá nadie que pueda llenar

El vacio que dejaste en mi….

Has cambiado mi vida me has hecho crecer

Es que no soy el mismo de ayer

Un día un siglo sin ti…..

Ooooh

Porque nunca habrá nadie que pueda llenar

El vacio que dejaste en mi

Has cambiado mi vida me has hecho crecer

Es que no soy el mismo de ayer…

Cuanta falta me haces…

(Coro)

Si te he fallado te pido perdón de la única forma que se

Abriendo las puertas de mi corazón

Para cuando decidas volver

Porque nunca habrá nadie que pueda llenar

El vacio que dejaste en mi….

Has cambiado mi vida me has hecho crecer

Es que no soy el mismo de ayer

Un día un siglo sin ti…..

Ooooh

Abriendo las puertas de mi corazón

Para cuando decidas volver…

Si te he fallado te pido perdón de la única forma que se

Abriendo las puertas de mi corazón

Para cuando decidas volver.

Letra de Yo te amo – Chayanne

En palabras simples y comunes yo te extraño

En lenguaje terrenal mi vida eres tú

En total simplicidad sería yo te amo

Y en un trozo de poesía tu serás mi luz, mi bien,

el espacio donde me alimento de tu piel que es bondad

La fuerza que me mueve dentro para recomenzar

y en tu cuerpo encontrar la paz

Si la vida me permite al lado tuyo

crecerán mis ilusiones no lo dudo,

Y si la vida la perdiera en un instante

que me llene de ti

Para amar después de amarte, vida

No tengas miedos ni dudas, (que este amor es demasiado bueno)

que tú serás mi mujer (yo te pertenezco todo, entero)

Mira mi pecho, lo dejo abierto

Para que vivas en él

Para tu tranquilidad me tienes en tus manos

Para mi debilidad, la única eres tú

Al final tan solo sé que siempre te he esperado

Y que llegas a mi vida y tú me das la luz, el bien

ese mundo donde tus palabras hacen su voluntad

La magia de este sentimiento que es tan fuerte y total

Y tus ojos que son mi paz

Si la vida me permite al lado tuyo

crecerán mis ilusiones no lo dudo,

Y si la vida la perdiera en un instante

que me llene de ti

Para amar después de amarte, vida

006 mis sombreros ERNESTO__________LunaSol

BAMBÚ EL ELEFANTE NEGRO

La señora Noche vivía allá arriba, muy arriba, en una esquina del cielo. La señora Noche se pasaba el día sentada en un sillón, escondida en su alta casa, oculta en el alto cielo. Pero en cuanto desaparecía el Sol, la señora Noche se calzaba los guantes, se envolvía en su chal y salía de paseo.

Pero no paseaba sola, no. La señora Noche paseaba con todos sus elefantes negros, andando de una punta a otra del cielo.

La gente levantaba los ojos y decía: -¡Cuánta sombra… y cuántas estrellas!-. La gente decía así porque no sabía que estaba mirando los elefantes negros de la señora Noche y sus ojitos brillantes como chispas de luz.

A la señora Noche jamás se le había perdido un elefante. Ni un elefante grande, ni un elefante chico, aunque los paseaba de una punta a otra del cielo. Pero una vez…

Una vez un elefante chiquito se perdió.

El elefantito se llamaba Bambú. Y aunque era apenas un elefante bebé, cuando se vio solo, justo en la mitad del cielo, no se asustó. ¡Qué va! El elefantito negro sacudió las orejas suaves, estiró la larga trompa y llamó: -¡Papá!… ¡Mamá!…

Bambú confiaba en que sus papás lo escucharían y en seguida correrían a reunirse con él.

Pero los papás de Bambú, el elefantito negro, ya estaban muy lejos, y por más q Bambú llamara y llamara, no podían escucharlo. Entonces Bambú se dijo: -Tendré que arreglarme solo. Mi papá, mi mamá, todos mis tíos elefantes y la señora Noche siempre van para el lado de la Luna. Miraré con mis ojitos donde está la Luna redonda y blanca, y me iré para allá.

Y así Bambú miró y miró, para arriba y para abajo y para aquí y para allá, pero en ningún lado veía a la Luna redonda y blanca.

Y miró otra vez; entonces descubrió algo redondo y blanco, y lleno de alegría gritó: -¡Allí está la Luna!… ¡Corro para el lado de la Luna!…

Con sus patitas de terciopelo negro, y sus orejas al viento, Bambú corrió y corrió.

Pero cuando llegó hasta aquello que él creía la Luna, no encontró la Luna. Se encontró con un sombrero redondo y blanco. El sombrero que el señor Pipilán había olvidado en su patio sobre una silla. El elefantito negro, perplejo, miraba el sombrero del señor Pipilán. Entonces Mari-Sá, la nena del señor Pipilán. Se asomó por una ventana:

 -Elefante negro- le preguntó a Bambú -, ¿qué estás haciendo en mi patio?

-Estoy buscando a mi papá y a mi mamá- le contestó Bambú.

-Yo te ayudaré- le dijo Mari-Sá-. Los buscaremos cuando sea de día. Ya falta poco para que salga el Sol.

-¡No, no! –exclamó asustado Bambú- . Cuando salga el Sol, tendré que esconderme. Yo no puedo tomar el Sol, porque me destiño todo.

Y decía la verdad. Porque los elefantes de la señora Noche, si se exponen al Sol, se aclaran, se aclaran… ¡ Y se quedan color celeste! ¿ Y a qué elefante, grande o chico, le va a gustar ser un elefante desteñido?

-No te aflijas- dijo la nena-, te esconderé mientras esté el Sol. Y cuando llegue la Noche, entre los dos buscaremos a tus papás.

Mari-Sá hizo pasar al elefantito por la ventana y, cuando Bambú estuvo dentro de la casa, le dijo: -Escóndete en mi ropero.

Pero… en el ropero ya estaba la ropa de Mari-Sá, y no había lugar para Bambú.

-¿Dónde te esconderé?-se preguntaba la nena.

-¿Dónde me esconderé?-se preguntó Bambú.

Porque ya faltaba poco para que saliera el Sol, y el Sol seguramente revisaría toda la casa, buscando al elefantito para desteñirlo.

Entonces Mari-Sá dijo a Bambú:

-Achícate un poco, y podré esconderte dentro de mi alcancía.

Bambú, el elefantito negro, se apretó, se apretó… Y tanto encogió, que ya podía pasar por la abertura de la alcancía de Mari-Sá. Pero… la alcancía de Mari-Sá guardaba tantas monedas, que no cabía una sola moneda más. Y tampoco cabía allí Bambú.

Y ya faltaba menos para que saliera el Sol.

-¡Achícate otro poco¡-exclamó Mari-Sá –.Así podré esconderte detrás de la piedrecita de mi anillo. Aquí el Sol no te encontrará.

Así el elefantito negro se achicó un poco más. Entonces Mari-Sá lo tomó en su mano y lo escondió detrás de la piedrecita de su anillo.

Escondido, Bambú estuvo quieto, muy quieto. Y entretanto, el día, hora a hora, se fue gastando, y llego la Noche.

A la Noche, el elefantito salió del anillo. Creció primero un poco y luego todo de una vez, hasta que recobró su tamaño. Y cuando recobró su tamaño, dijo a la nena:

-Mari-Sá, por favor, ayúdame a encontrar a la luna. Si encuentro a la Luna, encontraré a mis papás, a la señora Noche y a todos mis tíos elefantes.

-¡Yo sé adónde va la Luna a lavarse la cara!- exclamo Mari-Sá-. ¡Vamos Bambú!

Bambú y Mari-Sá dejaron la casita del señor Pipilán y, caminando por una vereda de piedra, cruzaron el parque y llegaron al río. Allí, sí, en el río, estaba la Luna, lavándose la cara. La señora Noche, con los guantes puestos y envuelta en su chal, paseaba entre los juncos de la orilla. Y los elefantes negros, con sus largas trompas, rozaban el agua del río.

-¡Papá!… ¡Mamá!…-gritó Bambú, corriendo hacia sus papás.

Era tiempo de que se reuniera con ellos. Porque ya la señora Noche dejaba la orilla del río y echaba a andar camino del alto cielo. Para recorrerlo, de una punta a otra, con sus elefantes negros.

-¡Adiós, Bambú!- gritó la nena del señor Pipilán.

-¡Adiós, Mari-Sá!- gritó el elefantito negro.

Y Mari-Sá creyó no verlo más. Pero lo veía, sí, lo veía, si miraba bien, allá arriba, en el cielo alto. Como una sombrecita más, su cuerpo de terciopelo negro. Como dos estrellitas, sus ojitos brillante

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