POR NO VERSE BIEN LA PÁGINA DEL MES DE FEBRERO, AÑO 2006, Y COMO A MI ME GUSTAN LAS COSAS BIEN, Y SOY UNA PERSONA MUY METICULOSA LOS VUELVO A REPETIR.

UN HOMBRE ANDA BAJO LA LUNA

 Pena de mala  fortuna

 que cae en mi alma y la llena.

 Pena.

 Luna.

 Calles blancas, calles blancas.

 Siempre ha de haber luna cuando

 por ver si la pena arranco,

 ando

 y ando.

 Recuerdo el rincón oscuro

 en que lloraba en mi infancia.

 -Los líquenes en los muros.

 -Las risas a la distancia.

 Sombra. Silencio. Una voz

 que se perdia.

 La lluvia en el techo. Atroz

 lluvia  que siempre caía,

 y mi llanto, húmeda voz

 que se perdía.

 Se llama y nadie responde.

 Se anda por seguir andando.

 Andar, andar. ¿hacia donde?

 ¿y hasta cuando?

 Amor perdido y hallado

 y otra vez la vida trunca.

 Lo que siempre se ha buscado

 no debiera hallarse nunca.

 Uno se cansa de amar.

 Uno vive y se ha de ir.

 Soñar. ¿para que soñar?

 Vivir. ¿para que vivir?

 Siempre ha de haber calles blancas

 cuando por la tierra grande

 por ver si la pena arranca

 ande y ande.

Ande en noches sin fortuna

 bajo el vellón de la luna,

 como las almas en pena.

 Pena de mala fortuna

 que cae en mi alma y la llena.

 Pena.

 Luna

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TU SABES…

 Tu sabes como es esto:

  si miro

  la luna de cristal, la rama roja

  del lento otoño en mi ventana,

  si toco

  junto al fuego

  la impalpable ceniza

  o el arrugado cuerpo de la leña,

  todo me lleva a ti,

  como si todo lo que existe,

  aromas, luz, metales

   fueran pequeños barcos que navegan

  hacia las islas tuyas que me aguardan.

  Ahora bien,

  si poco a poco dejas de quererme

  dejare de quererte poco a poco.

  Si de pronto me olvidas

  no me busques

  que ya te habre olvidado.

  Si consideras largo y loco

  el viento de banderas

  que pasa  por mi vida

  y te decides

  a dejarme a la orilla

  del corazon en que tengo raices,

  piensa

  que en este dia,

  a esa hora

  levantare los brazos

  y saldran mis raices

  a buscar otra tierra.

 Pero

  si cada dia,

  cada hora

  sientes que a mi estas destinada

  con dulzura implacable.

  Si cada dia sube

  una flor a tus labios a buscarme,

  ay amor mio, ay mia,

  en mi todo ese fuego se repite,

  en mi nada se apaga ni se olvida,

  mi amor se nutre de tu amor, amada,

  y mientras vivas estara en tus brazos

  sin salir de los mios.

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 CIEN SONETOS DE AMOR

 Antes de amarte, amor, nada era mío:

 vacilé por las calles y las cosas:

 nada contaba ni tenía nombre:

 el mundo era del aire que esperaba.

 Yo conocí salones cenicientos,

 túneles habitados por la luna,

 hangares crueles que se despedían,

 preguntas que insistían en la arena.

 Todo estaba vacío, muerto y mudo,

 caído, abandonado y decaído,

 todo era inalienablemente ajeno.

 Todo era de los otros y de nadie,

 hasta que tu belleza y tu pobreza

 llenaron el otoño de regalos.

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 LLÉNATE DE MÍ

 Llénate de mí.

  Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.

 Pídeme.  Recógeme, contiéneme, ocúltame.

 Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora,

 Soy el que pasó saltando sobre las cosas,

 el fugante, el doliente.

 Pero siento tu hora,

 la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,

 la hora de las ternuras que no derramé nunca,

 la hora de los silencios que no tienen palabras,

 tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,

 tu hora, medianoche que me fue solitaria.

 Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

 Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.

 Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.

 No, no quiero ser esto.

 Ayúdame a romper estas puertas inmensas.

 Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.

 Así crucificaron mi dolor una tarde.

 Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.

 Mi corazón no debe callar hoy o mañana.

 Debe participar de lo que toca,

 debe ser de metales, de raíces, de alas.

 No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,

 no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.

 No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.

 Entonces gritaría, lloraría, gemiría.

 No puede ser, no puede ser.

 Quién iba a romper esta vibración de mis alas?

 Quién iba a exterminarme?  Qué designio, qué‚ palabra?

 No puede ser, no puede ser, no puede ser.

 Libértame de mí.  Quiero salir de mi alma.

 Porque tú eres mi ruta.  Te forjé en lucha viva.

 De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.

 Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.

 Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.

 Vamos juntos.  Rompamos este camino juntos.

 Ser‚ la ruta tuya.  Pasa.  Déjame irme.

 Ansíame, agótame, viérteme, sacrificarme.

 Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.

 Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,

 inundando las tierras como un río terrible,

 desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos,

 destrozando,

 quemando,

 arrasando

 como una lava loca lo que existe,

 correr fuera de m¡ mismo, perdidamente,

 libre de mí, Curiosamente libre.

 Irme,

 Dios mío,

 irme!

POEMAS_ PABLO NERUDA.

Pena.

 Luna. ERNESTO

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YBV

15 febrero 13:30

(http://spaces.msn.com/star7317star1973/)

cada dia   es  mejor  me gusta  ver  las  bellas poesias q  tienes 

  sigue asi amigo sol  saludos de  tu lunita

Ver espacio

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LA_NOVIA

15 febrero 11:00

(http://spaces.msn.com/lanoviaguerrera/)

QUERIDO AMIGO

 

ENTRO PARA INVITARTE A QUE CONOZCAS MI SPACE.

 

EN EL ENCONTRARAS DE TODO UN POCO:PENSAMIENTOS,

POESIA,DISEÑOS CREADOS POR MI…

ESPERO QUE TE GUSTE.

TIENES UN SPACE MUY BELLO

FELICIDADES!!

MI ESPADA CONTIGO

MIL ROSAS

«§»}¦{«[ La_Novia_en_La_Oscuridad]»}¦{«§»

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Romance de aquel hijo que no tuve contigo. RAFAEL DE LEÓN

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.
Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo un ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.
Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo,
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto,
y a mí… tal vez que saliera
en lo triste y en lo lírico,
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con cuatro estaciones,
un barco, un pájaro, un nido,
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
¿Te acuerdas de aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: — ¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo! ?
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban en tu delirio.
Yo te escuchaba, distante,
entre mis versos perdido,
pero sentí por la espalda
correr un escalofrío…
Y repetí como un eco:
“¡Cuando tengamos un hijo!…”
Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
Yo, arquitecto de ilusiones
levantaba un equilibrio
una torre de esperanzas
con un balcón de suspiros.
¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!
En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre azucena y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes,
qué sin gracia los vestidos,
qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!
Tu velo blanco de novia,
por tu olvido y por mi olvido,
fue un camino de Santiago,
doloroso y amarillo.
Tú te has casado con otro,
yo con otra hice lo mismo;
juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.
Ahora bajas al paseo,
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a… la levita
que se pone tu marido.
Te llaman doña Manuela,
llevas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.
Nos saludamos de lejos,
como dos desconocidos;
tu marido sube y baja
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana,
de un modo triste y ridículo.
Pero yo no me doy cuenta
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio.
Y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
un jazmín entre los dientes,
de color como el del trigo
y aquella voz que decía:
“¡Cuando tengamos un hijo!…”
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
“¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!…” 

ernestotituloLunaSol
 

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