POEMAS

 
Una Rosa Sin Espinas
Por Nelson Calderón
Cómo decirte que te quiero
si eres lo que más anhelo.
Has quitado de mi la tristeza.
con la sonrisa de tu belleza.
Son tus besos lo que más deseo
haciéndote mía con mis labios.
Y tu cuerpo desnudo y terso
sentirlo gozoso entre mi brazos
Amarte siempre hasta el cansancio
con tus gemidos y con tu silencio.
Sientiéndote mía a cada instante.
Hacerte feliz es lo más importante.
Nada de amarguras y llantos;
sólo risas, romance y cantos.
Para ti siempre tendré en mi vida
un poema y una rosa sin espinas.

MartínezNelson Calderón

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Amores de Amores

Hay amores de amores,

que pasan por la vida,
dejando aquella huella,
que nadie borrará.
Ni el tiempo ni el olvido,
Porque jamás se olvidan,
esos grandes amores que
latente estan.
Amores Tan inmensos,
Tan setidos,tan fuerte,
y ala vez tan sublimes,
que pudieran crear,
una inmensa cadena,
que los una en la muerte,
la misma que en la tierra,
los unio hasta el final
Hay amores de amores,
de esos que por sus signos,
la gente habla de ellos,
porque dejaron huellas.
amores que perduran,
a través de los siglos,
porque hicieron historias
fascinantes, y bellas.
Hay amores,los hubo,
seguirán existiendo.
mientras dos,que se amen,
unan sus corazones.
Para darse la vida,
y en ella compartiendo,
la dicha que comparten,
los amores de amores;

Por: Aurora García
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Pena y alegría del Amor
 
 

    Mira cómo Se me pone
     La piel,cuando te recuerdo
     Por la garganta me sube
     un río de sangre fresco,
     de la herida que atraviesa,
     de parte a parte mi cuerpo.
     Tengo clavos en las manos,
     y cuchillos en los dedos,
     y en la sien, una corona
     hecha de alfileres negros. 
          Mira cómo se me pone
     la piel cuando recuerdo
     que soy un hombre casado…
     !Y sin embargo, te quiero! 
          Entre tu casa y mi casa
     hay un muro de silencio;
     de ortigas’y de chumberas,
     de cal de arenas y de viento,
     de madreselvas oscuras
     y de vidrios en acecho.
     Un muro para que nunca
     lo pueda saltar el pueblo,
     que anda rondando la llave
     que guarda nuestro secreto.
     Y yo bien se que me quieres,
     y tu sabes que te quiero,
     y lo sabemos los dos,
     y nadie puede saberlo… 
          !Ay, pena, penita, pena
     de nuestro amor en silencio!
     !Ay, que alegria, alegria
     quererte como te quiero!
          Cuando por la noche a solas,
     me quedo con tu recuerdo,
     derribaria la pared
     que separa nuestro sueño.
     Romperia con mis manos
     de tu cadenza los hierros
     con tal de verme a tu vera,
     tormento de mis tormentos,
     y te estaría besando
     hasta quitarte el aliento.
     Y luego… !que se me da
     quedarme en tus brazos, muerto! 
          !Ay, que alegria y que pena
     quererte como te quiero!
     Nuestro amor es agonia,
     luto, angustia, llanto, miedo,
     muerte, pena, sangre, vida,
     luna, rosa, sol y viento.
     Es morirse a cada paso
     y seguir viviendo, luego,
     con una espada de punta
     siempre pendiente del techo. 
      Salgo de mi casa al campo
     sólo con tu pensamiento,
     por acariciar a solas
     la tela de aquel pañuelo
     que se te cayó un domingo
     cuando venias del pueblo,
     y que no te he dicho nunca,
     mi vida, que yo lo tengo;
     y lo estrujo entre mis manos
     lo mismo que un limón nuevo,
     y miro tus iniciales,
     y las repito en silencio
     para que ni el campo sepa
     lo que yo te estoy queriendo… 
        Ayer, en la Plaza Nueva,
     vida, no vuelvas a hacerlo
     te vi besar a mi niño,
     a mi niño, el mas pequeño,
     y cómo lo besarias,
     ay, Virgen de los Remedios!
     que fue la primera vez
     que a mí distes un beso.
     Llegué corriendo a mi casa
     alcé mi niño del suelo
     y, sin que nadie me viera,
     como un ladrón en acecho,
     en su cara de amapola
     mordió mi boca tu beso. 
     !Ay, que alegria y que pena
     quererte como te quiero! 
          Mira: pase lo que pase,
     aunque se hunda el firmamento,
     aunque tu nombre y el mío
     lo pisoteen par el suelo,
     y aunque la tierra se abra,
     aun cuando lo sepa el pueblo
     y pongan nuestra bandera
     de amor a los cuatro vientos,
     !sígueme queriendo asi
     tormento de mis tormentos! 
          !Ay, que alegria y que pena
     quererte como te quiero!
     
     Rafael de Leon
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ERNESTO

 

_____Luna________________Sol_______
 
Mi sueño.
24 marzo 1:41
(http://xn--Mi sueo-9za.)
gracias cosita mia, un besito mi cosita.
Ana.
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YBV

23 marzo 19:28

BONITA POESIAS   LA Q TIENES   PUESTA  SIGUE ASI  ME  GUSTA  VERLAS   LAS VEO  SIEMPRE Q  ENTRO   UN SALUDO DE  TU AMIGA LA LUNITA BESOS   MI SOL

 

  
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El Hada Azul

22 marzo 12:02

                                                                                          (http://spaces.msn.com/elhadaazul1982/)
Los géminis tienen un buen gusto para todo.
Géminis te dirá te amo, de cien maneras
diferentes, como no podría hacerlo nadie
más en el mundo.
¿Hablaba en broma cuando dijo que te amaba?
¿Estaria saliendo con otra?
Los poemas me gustan mucho,quiero que veas mi espacio y me des tu opinión, para mi significaría mucho señor nacido en las tinieblas.
Un beso de Alba (tu hada azul).
 comentarios:3
ESTO ES DEL MES DE MARZO,Y AÑO 2006.
POR NO VERSE BIÉN LOS VUELVO A REPETIR.

La doncella Maleen.

 

La doncella Maleen

Érase una vez un rey, cuyo hijo aspiraba a casarse con la hija de otro poderoso monarca. La doncella

 se llamaba Maleen y era de maravillosa hermosura. Sin embargo, le fue negada su mano, pues su padre

 la destinaba a otro pretendiente. Como los dos se amaban de todo corazón y no querían

 separarse, dijo Maleen a su padre:

– No aceptaré por esposo a nadie sino a él.

Enfurecido el padre, mandó construir una tenebrosa torre, en la que no penetrase un solo rayo

 de sol ni de luna, y, cuando estuvo terminada, le dijo:

– Te pasarás encerrada aquí siete años; al término de ellos, vendré a ver si se ha quebrado tu terquedad.

Llevaron a la torre comida y bebida para los siete años, y luego fueron conducidas a ella la

 princesa y su camarera, y amurallaron la entrada, dejándolas aisladas del cielo y la tierra.

 En plenas tinieblas, no sabían ya cuándo era de día o de noche. El príncipe rodeaba con gran

 frecuencia la prisión, llamando en alta voz a su amada, pero sus gritos no podían atravesar

 los espesos muros. ¿Qué otra cosa podían hacer las cuitadas sino quejarse y lamentarse?

 De este modo fue discurriendo el tiempo, y, por la disminución de sus provisiones, pudieron darse

 cuenta de que se acercaba el fin de los siete años. Pensaban que había llegado el momento

 de su liberación; pero no se oía ni un martillazo, ni caía una piedra de los muros; parecía como si

 su padre la hubiese olvidado. Cuando ya les quedaban poquísimas provisiones

y preveían una muerte angustiosa, dijo la doncella Maleen:

– Hemos de hacer un último intento y ver si conseguimos perforar la muralla.

Cogiendo el cuchillo del pan, púsose a hurgar y agujerear el mortero de una piedra, y, cuando se sintió

 fatigada, relevóla la camarera. Tras prolongado trabajo lograron sacar una piedra, luego una segunda y

una tercera, y, al cabo de tres días, el primer rayo de luz vino a rasgar las tinieblas. Finalmente, la abertura

 fue lo bastante grande para permitirles asomarse y mirar al exterior. El cielo estaba sereno, y soplaba una fresca

 y reconfortante brisa; pero, ¡qué triste aparecía todo en derredor! El palacio paterno era un montón de

ruinas; la ciudad y los pueblos circundantes, hasta donde

 alcanzaba la mirada, aparecían incendiados; los campos, asolados, y no se veía un alma viviente.

 Cuando el boquete fue lo suficientemente ancho para que pudiesen

deslizarse por él, saltó, en primer lugar, la camarera, y luego, la princesa Maleen. Pero, ¿adónde ir?

 El enemigo había destruido todo el reino, expulsado al Rey

 y pasado a cuchillo a los habitantes. Pusiéronse en camino en busca de otro país, a la ventura; pero en

ninguna parte encontraban refugio ni persona alguna que

 les diese un pedazo de pan; y, así, su necesidad llegó a tal extremo, que hubieron de calmar el hambre

 comiendo ortigas. Cuando, al cabo de larga peregrinación,

 llegaron a otro país, ofrecieron en todas partes sus servicios, pero siempre se vieron rechazadas, sin que

 nadie se compadeciera de ellas. Al fin llegaron a una

 gran ciudad, y se dirigieron al palacio real. Tampoco allí las querían, hasta que el cocinero las admitió

en la cocina como fregonas.

Y resultó que el hijo del Rey del país donde había ido a parar, era precisamente el enamorado de la

 doncella Maleen. Su padre le había destinado otra novia, tan fea de cara como perversa de corazón.

 Estaba fijado el día de la boda, y la prometida había llegado ya.

 Sabedora, empero, de su extrema fealdad,

 se mantenía alejada de todo el mundo, encerrada en su aposento,

 y la doncella Maleen le servía la comida. Al llegar el

día en que hubo de presentarse en la iglesia con su novio, avergonzóse de su fealdad y temiendo

 que, si se exhibía en la calle, la gente se burlaría de ella, dijo a Maleen:

– Te deparo una gran suerte. Me he dislocado un pie y no puedo andar bien por la calle; así, tu te

 pondrás mis vestidos y ocuparás mi lugar. Jamás pudiste esperar tal honor.

Pero la doncella se negó, diciendo:

– No quiero honores que no me correspondan.

Fue también inútil que le ofreciese dinero; hasta que, al fin, le dijo, iracunda:

– Si no me obedeces, te costará la vida. Sólo he de pronunciar una palabra, y caerá tu cabeza.

Y, así, la princesa no tuvo más remedio que ceder y ponerse los magníficos vestidos y atavíos de la novia.

Al presentarse en el salón real, todos los presentes se asombraron de su hermosura, y el Rey dijo a su hijo:

– Ésta es la prometida que he elegido para ti y que has de llevar a la iglesia.

Sorprendióse el novio, pensando: «Se parece a mi princesa Maleen. Diría que es ella misma.

 Mas no puede ser. Habrá muerto o continuará encerrada en la torre».

Tomándola de la mano, la condujo a la iglesia y, encontrando en el camino una mata de ortigas, dijo ella:

«Mata de ortigas.

mata de ortigas pequeñita,

¿qué haces tan solita?

Cuántas veces te comí,

sin cocerte ni salarte,

¡desdichada de mí!».

– ¿Qué dices? -preguntó el príncipe.

– Nada -respondió ella-, sólo pensaba en la doncella Maleen.

Admiróse él al ver que la conocía, pero no replicó. Al subir los peldaños de la iglesia, dijo ella:

«Escalón del templo, no te rompas,

yo no soy la novia verdadera».

– ¿Qué estás diciendo?- preguntó otra vez el príncipe.

-Nada -respondió la muchacha-; sólo pensaba en la doncella Maleen.

– ¿Acaso conoces a la doncella Maleen?

– No -repuso ella-. ¿Cómo iba a conocerla? Pero he oído hablar de ella.

Y, al entrar en la iglesia, volvió a decir:

«Puerta del templo, no te quiebres,

yo no soy la novia verdadera».

– ¿Qué es lo que dices? -inquirió él.

– ¡Ay! -replicó la princesa-. Sólo pensaba en la doncella Maleen.

Entonces el príncipe sacó una joya preciosa, se la puso en el cuello y cerró el broche.

 Entraron en el templo y, ante el altar, el sacerdote unió sus manos y los casó. Luego, él la acompañó

 de nuevo a palacio, sin que la novia pronunciase una palabra en todo el camino. Ya de regreso, corrió

 ella al aposento de la prometida y se quitó los vestidos y preciosos adornos, poniéndose su pobre blusa

gris y conservando sólo, alrededor del cuello, la joya que recibiera del príncipe.

Al llegar la noche y, con ella, la hora de ser conducida la novia a la habitación del príncipe, cubrióse el rostro

con el velo, para que él no se diera cuenta del engaño. En cuanto se quedaron solos, preguntó el esposo:

– ¿Qué le dijiste a la mata de ortigas que encontramos en el camino?

– ¿Qué mata de ortigas? -replicó ella-. Yo no hablo con ortigas.

– Pues si no lo hiciste, es que no eres la novia verdadera ­repuso él.

La prometida procuró salir de apuros diciendo:

«Preguntaré a mi criada,

que de todo está enterada».

Salió y, encarándose ásperamente con la doncella Maleen, le preguntó:

– Desvergonzada, ¿qué le dijiste a la mata de ortigas?

– Sólo le dije:

«Mata de ortigas,

mata de ortigas pequeñita,

¿qué haces tan solita?

Cuántas veces te comí,

sin cocerte ni salarte,

¡desdichada de mí!».

La prometida entró nuevamente en el aposento y dijo:

– Ya sé lo que le dije a la mata de ortigas -y repitió las palabras que acababa de oír.

– Pero, ¿qué dijiste al peldaño de la iglesia, al subir la escalinata? -preguntó el príncipe.

– ¿Al peldaño? -replicó ella-. Yo no hablo a los peldaños.

– Entonces, tú no eres la novia verdadera.

Repitió ella:

«Preguntaré a mi criada,

que de todo está enterada».

y, saliendo rápidamente, increpó de nuevo a la doncella:

– Desvergonzada, ¿qué le dijiste al peldaño de la iglesia?

– Sólo esto:

«Escalón del templo, no te rompas,

yo no soy la novia verdadera».

– ¡Esto va a costarte la vida! -gritó la novia, y, corriendo a la habitación, manifestó:

– Ya sé lo que le dije al escalón -y repitió las palabras.

– Pero, ¿qué le dijiste a la puerta de la iglesia?

– ¿A la puerta de la iglesia? -replicó ella-. Yo no hablo con las puertas de las iglesias.

– Entonces tú no eres la novia verdadera.

Salió ella y preguntó furiosa a la doncella Maleen:

– Desvergonzada, ¿qué dijiste a la puerta de la iglesia?

– Sólo esto:

«Puerta del templo, no te quiebres,

yo no soy la novia verdadera».

– ¡Lo pagarás con la cabeza! -exclamó la novia, fuera de sí por la rabia; y, corriendo al aposento, dijo:

– Ya sé lo que dije a la puerta de la iglesia -y repitió las palabras de la princesa.

– Pero, ¿dónde tienes la alhaja que te di en la puerta de la iglesia?

– ¿Qué alhaja? -preguntó ella-. No me diste ninguna.

– Yo mismo te la puse en el cuello; si no lo sabes, es que no eres la novia verdadera.

Apartóle el velo del rostro y al ver su extrema fealdad, retrocediendo asustado exclamó:

– ¿Cómo has venido aquí? ¿Quién eres?

– Soy tu prometida, y he tenido miedo de que la gente se burlase de mí si me presentaba en público,

y mandé a la fregona que se pusiera mis vestidos y fuese a la iglesia en mi lugar.

– ¿Y dónde está esa muchacha? -dijo él-. Quiero verla. ¡Ve a buscarla!

Salió ella y dijo a los criados que la fregona era una embustera, y les dio orden de que la bajasen

 al patio y le cortasen la cabeza. Sujetáronla los criados, y ya se disponían a llevársela, cuando ella

prorrumpió en gritos de auxilio, y el príncipe, oyéndolos,

 salió de su habitación y ordenó que la dejasen en libertad. Trajeron luces, y el príncipe vio

 que llevaba en el cuello el collar que le había dado en la puerta de la iglesia.

– Tú eres la auténtica novia -exclamó-, la que estuviste conmigo en la iglesia. Ven a mi cuarto.

Y, cuando estuvieron solos, le dijo:

– En la entrada de la iglesia pronunciaste el nombre de la doncella Maleen, que fue mi amada

 y prometida. Si lo creyera posible, diría que la tengo ante mí, pues tú te pareces a ella en todo.

Respondió ella:

– Yo soy la doncella Maleen, que por ti vivió siete años encerrada en una mazmorra tenebrosa;

 por ti he sufrido hambre y sed, y he vivido hasta ahora pobre y miserable; pero hoy vuelve a brillar

el sol para mí. Contigo me han unido en la iglesia, y soy tu legítima esposa.

Y se besaron y fueron ya felices todo el resto de su vida. La falsa novia fue decapitada en castigo de su maldad.

La torre que había servido de prisión a la doncella Maleen permaneció en pie mucho tiempo todavía,

 y, cuando los niños pasaban por delante de ella, cantaban:

«Cling, clang, corre.

¿Quién hay en esa torre?

Pues hay una princesa

encerrada y presa.

No ceden sus muros,

recios son y duros.

Juanillo colorado,

no me has alcanzado».

LOS HERMANOS GRIMN.

DEL MES DE MARZO.AÑO 2006.

ERNESTO .________LunaSol________________

COMENTARIO:1

YBV

18 marzo 5:49

(http://spaces.msn.com/star7317star1973/)

 mi sol , me gusta mucho  tu espacio  siempre me gusto,

eres el sol el que  estas  siempre a mi lado como un angel ,pero eres el sol el q cuida 

 de su lunita,  por q soy tu lunita ? igual q tu eres  el  sol no ay otro    para

 lunita  tu eres  su sol  siempre lo seras  kieras o no kieras .

lunita la que  tiene  el sol mas  bonito  con ella!

lunita .

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