POEMAS.

A Una Mujer Poema

Es difícil que las mareas
te digan en sueños mis palabras,
avatares dormidos,
ciénagas desterradas con destellos.
Es difícil no amar tu nocturnidad,
aún en las orillas de las madrugadas
que imagino y reconstruyo
por tan solo un indicio.
Soy el mismo truhán que te amó en silencio
un treinta y uno de enero
con tu madre a las espaldas,
con los poemas de púlpito
buscando a tientas el oído atento,
menesterosos.
El mismo inventando transparencias
que la piel incita.
Por eso sangrar de sólo un dedo
o de toda el alma
es lo mismo.
Yo te convoco
para que no aparezcas, ataviada,
recóndita o frutal.
Soy el más cobarde de todos tus amantes
y por eso dejo a los amigos
que te busquen hasta herirte o coronarte.
Hoy ante el fuego que vestigian
tus ojos,
no me atrevo
a promulgar mi sed de centinela
enamorado.
Por eso
te doy mis manos sin espadas,
dóytelas sin venenos, sin pantanos,
con magnolias el cuello te rodeo,
te doy el abrazo suave en la jornada,
el consuelo ante la muerte inhóspita,
y recibo tu voz de fragua
ardiendo en los metales, las almohadas,
hasta doblar la noche, sola,
desde el dolor más hondo que te hizo
humanamente azul y posesiva.
Azul, azul como la punta de toda llama
inmolada en el amor.

(Ronald Bonilla)

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No Sé En Qué Momento…

No sé en qué momento,
en qué;
estoy,
nunca sé dónde estoy,
porque soy fugaz,
estrella,
cuenco de agua reposando manos.
Nunca supe de dónde vengo,
si subo a la nube
si flagelo la luna
de luz
o mediasombra.
Siento correr el aire entre mis venas
y la altitud conmueve mis sentires,
el río me canta sin sueños
y sueño morirme cada madrugada
y siento estarme quieto
reposando medio muerto
vivo
entre la hierba alada.
No sé,
si tu cielo mueve tormentas en el alma,
o la luna lunera humedece mi espalda.
No sé,
predico y digo y juro en mil palabras que no lo sé.
Salto en la plaza, la que reposamos los cuerpos
como niños vestidos
reídos de cien historias
cuando tu saco fue cuna de mi espalda dolorida.
¡No sé porqué te ví llorar tanto!
ante mi fuga torpe,
la fuga de los libros teñidos de sueños locos.
No sé porqué la retina me miente
de las glicinas
y el espejo de la habitación
que dormía plácida hasta que llegamos
despiertos o mudos, o dormitando
sin dormirnos sudados
incansables…
Juro que no sé, señora
si le cuento que no fue mi ángel,
fue su ángel triste que enamoró mi alma,
fue su tierna mirada,
y su soledad solitaria y vagabunda en los caminos
sin rumbos.
Rejuro señora
que entre tanto alboroto de poemas,
mis uñas rasgan el último verso
de luna perseguida,
y no decapitaban en la noche
a la vuelta los relojes absurdos
de ese calor incontrolable…
Juro que, mediando entre el tiempo y la nostalgia,
entre el borde de mi río, entre sus barrancas
que sueñan verdades de mis absurdas preguntas,
baño mi espalda del sol naranja,
ese que con nuestras manos
cerramos inquietos cuando venia de la noche,
porque éramos:
uno.

(Ricardo Mastrizzo)

 

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____________ERNESTO
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