LO QUE UNA CHICA TE DICE SIN PALABRAS:

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LO QUE UNA CHICA TE DICE SIN PALABRAS:

Cuando una chica esta callada,

millones de cosas dan vueltas por su cabeza.

Cuando una chica no esta discutiendo,

esta pensando detenidamente

Cuando una chica te mira con ojos llenos

de preguntas, se esta preguntando por

cuanto tiempo estarás cerca.

Cuando una chica te responde “estoy bien”

tras unos pocos segundos,

no esta para nada bien.

Cuando una chica te mira fijamente,

esta deseando que seas suyo para siempre.

Cuando una chica quiere verte todos los

dias, quiere que la mimes.

Cuando una chica dice “te quiero”,

eso es exactamente lo que quiere decir.

Cuando una chica te dice “te echo de menos”

nadie en este mundo puede

añorarte mas que ella.

ERNESTO

LunaSol

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IGNORANCIA

Sólo hay un bien: el conocimiento. 

Sólo hay un mal: la ignorancia. 

Sócrates La ignorancia puede ser curada 

pero la estupidez es eterna. 

Matt Artson 

El ignorante afirma, 

el sabio duda y reflexiona. 

Aristóteles 

La estupidez tiene un cierto 

encanto del que la ignorancia carece.

Frank Zappa

La ignorancia es la madre 

de todos los crímenes. 

H. de Balzac 

Una buena educación no la puede

tener todo el mundo, pero todo el mundo debería

tener buenos modales.

El que seamos ignorantes no nos da licencia para ser brutos.

V.Pisabarro 

Un día del hombre erudito es más 

largo que un siglo del ignorante. 

Posidonio

El conocimiento lleva a la unidad, 

como la ignorancia a la diversidad. 

Ramakrishna 

La enfermedad del ignorante 

es ingorar su propia ignorancia. 

Amos Bronson Alcott 

El hombre esta siempre dispuesto 

a negar aquello que no comprende.

Luigi Pirandello 

Los sabios tienen las mismas ventajas 

sobre los ignorantes que los 

vivos sobre los muertos. 

Aristóteles

No hay mayor señal de ignorancia 

que creer imposible lo inexplicable.

S. Bilard

No hay nada más fecundo que 

la ignorancia consciente de sí misma. 

José Ortega y Gasset

Lo poco que sé, se lo debo 

a mi ignorancia. 

Platón 

Es imposible refutar 

al ignorante en una discusión. 

Kant 

La felicidad está en la 

ignorancia de la verdad. 

Giacomo Leopardi 

Sólo es posible 

afirmar en geometría. 

Voltaire 

Lo peor no es cometer un error, 

sino tratar de justificarlo, en vez 

de aprovecharlo como aviso providencial 

de nuestra ligereza o ignorancia. 

Santiago Ramón y Cajal

Aconseja al ignorante, 

te tomará por su enemigo. 

Proverbio árabe

El primer paso de 

la ignorancia es presumir 

de saber, y muchos 

sabrían si no pensasen 

que saben.

Baltasar Gracian

Se necesita un gran conocimiento 

sólo para darse cuenta de la 

enormidad de la propia ignorancia.

Thomas Sowell

Hacer amistad con el ignorante, 

es tan tonto como discutir 

con el borracho. 

Gibram

El saber y la razón hablan, 

la ignorancia y el error gritan.

Arturo Graf

Por la ignorancia nos equivocamos, 

y por las equivocaciones aprendemos.

Proverbio Romano 

La Educación es el descubrimiento de nuestra

propia ignorancia.

Will Durant

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Final Fantasy: Now We Are Free (Relaxing)

http://www.youtube.com/watch?v=THVseMIMcw0

ERNESTO_______________________

POEMAS.

A Una Mujer Poema

Es difícil que las mareas
te digan en sueños mis palabras,
avatares dormidos,
ciénagas desterradas con destellos.
Es difícil no amar tu nocturnidad,
aún en las orillas de las madrugadas
que imagino y reconstruyo
por tan solo un indicio.
Soy el mismo truhán que te amó en silencio
un treinta y uno de enero
con tu madre a las espaldas,
con los poemas de púlpito
buscando a tientas el oído atento,
menesterosos.
El mismo inventando transparencias
que la piel incita.
Por eso sangrar de sólo un dedo
o de toda el alma
es lo mismo.
Yo te convoco
para que no aparezcas, ataviada,
recóndita o frutal.
Soy el más cobarde de todos tus amantes
y por eso dejo a los amigos
que te busquen hasta herirte o coronarte.
Hoy ante el fuego que vestigian
tus ojos,
no me atrevo
a promulgar mi sed de centinela
enamorado.
Por eso
te doy mis manos sin espadas,
dóytelas sin venenos, sin pantanos,
con magnolias el cuello te rodeo,
te doy el abrazo suave en la jornada,
el consuelo ante la muerte inhóspita,
y recibo tu voz de fragua
ardiendo en los metales, las almohadas,
hasta doblar la noche, sola,
desde el dolor más hondo que te hizo
humanamente azul y posesiva.
Azul, azul como la punta de toda llama
inmolada en el amor.

(Ronald Bonilla)

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No Sé En Qué Momento…

No sé en qué momento,
en qué;
estoy,
nunca sé dónde estoy,
porque soy fugaz,
estrella,
cuenco de agua reposando manos.
Nunca supe de dónde vengo,
si subo a la nube
si flagelo la luna
de luz
o mediasombra.
Siento correr el aire entre mis venas
y la altitud conmueve mis sentires,
el río me canta sin sueños
y sueño morirme cada madrugada
y siento estarme quieto
reposando medio muerto
vivo
entre la hierba alada.
No sé,
si tu cielo mueve tormentas en el alma,
o la luna lunera humedece mi espalda.
No sé,
predico y digo y juro en mil palabras que no lo sé.
Salto en la plaza, la que reposamos los cuerpos
como niños vestidos
reídos de cien historias
cuando tu saco fue cuna de mi espalda dolorida.
¡No sé porqué te ví llorar tanto!
ante mi fuga torpe,
la fuga de los libros teñidos de sueños locos.
No sé porqué la retina me miente
de las glicinas
y el espejo de la habitación
que dormía plácida hasta que llegamos
despiertos o mudos, o dormitando
sin dormirnos sudados
incansables…
Juro que no sé, señora
si le cuento que no fue mi ángel,
fue su ángel triste que enamoró mi alma,
fue su tierna mirada,
y su soledad solitaria y vagabunda en los caminos
sin rumbos.
Rejuro señora
que entre tanto alboroto de poemas,
mis uñas rasgan el último verso
de luna perseguida,
y no decapitaban en la noche
a la vuelta los relojes absurdos
de ese calor incontrolable…
Juro que, mediando entre el tiempo y la nostalgia,
entre el borde de mi río, entre sus barrancas
que sueñan verdades de mis absurdas preguntas,
baño mi espalda del sol naranja,
ese que con nuestras manos
cerramos inquietos cuando venia de la noche,
porque éramos:
uno.

(Ricardo Mastrizzo)

 

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____________ERNESTO
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SUEÑOS

 

SUEÑOS

El mundo está en las manos de aquellos que tienen el valor de soñar

y correr el riesgo de vivir sus sueños.”

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Sin pretender que te quedes para siempre…

Te invito a permanecer a mi lado.

Sin incitarte a que firmes un contrato de permanencia…

Te invito a que me acompañes en mi viaje de sueños.

Sin que te sientas obligada a seguir soñando conmigo…

Te invito a mirar el sol ocultándose en un atardecer.

Sin pretender que te mojes con el mismo rocío…

Te invito a desplegar las alas de la fantasía…..

Sin que ello te obligue a volar en mi misma dirección.

Te invito a cantar una canción……

Sin que esto te obligue a aprender la letra ni la melodía de memoria.

Te invito a entrar en mi corazón……

Sin que te sientas presionada a quedarte a vivir en él.

Te invito a entrar en mi memoria y recorras mi pasado…..

Sin que necesariamente me cuestiones ¿por qué no estabas ahí?

Te invito a mirar juntos el futuro con esperanza .

Sin pretender que te quedes para siempre…

SUEÑOS

“Mi sueño es una insinuación de mi misterio interior,

no una solución a mis problema.

Mis sueños son y no son yo.

Me pertenecen en cierto sentido y, sin embargo,

ellos son más dueños de mí de lo que soy yo yo de ellos mismos.

(

” Cita de Thomas Moore en su libro “El placer de cada día”)

ESTAS MUY BIEN EN ESTA FOTO.

Bueno, un abrazo. Dejo este espacio una temporadita,

pronto estaré por aquí.

ERNESTO______________

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 COSAS QUE HACEN QUE LA VIDA VALGA LA PENA.

Rafael de León

 

TRIGO LIMPIO

 

María Manuela, ¿me escuchas?

Yo de vestíos no entiendo,

pero… ¿te gusta de veras

ese que te estás poniendo?

Tan fino, tan transparente,

tan escaso y tan ceñío,

que a lo mejor por la calle

te vas a morir de frío.

Te sienta que eres un cromo,

pero cámbiate de ropa,

si es un instante, lo justo

mientras me tomo esta copa.

Ponte el de cuello cerrao

que te está de maravilla

y que te llega dos cuartas

por bajo de la rodilla.

Cada vez que te lo pones

te encuentro tan elegante

que dentro de mí murmuran

los duendecillos de un cante.

“La rosa que me entregaron

al pie del altar mayor

lleva las sayas cumplías

y nadie le ve el color”.

Pero antes de que te vistas

coge un poco de agua clara

y afuera los melinotes

que te embadurnan la cara;

ni más carmín, ni más cremas,

ni más tintes en el pelo;

no te aguanto más colores

que los que te puso el cielo.

Se acabó enseñar las piernas,

y los brazos, y el escote,

y el rostro no te lo pintes

ni aunque te salga bigote;

que te hizo Dios tan hermosa

como una rosa temprana

y se va a enfadar contigo

por enmendarle la plana.

Y a tu prima le devuelves

la pulsera de brillante,

son mucho lujo esas piedras

pa la mujer de un tratante.

Te quiero guapa y sencilla

como yo te conocí,

no tienes que engalanarte

pa nadie más que pa mí.

Ni más zapatos de Gilda,

Ni más turbantes de raso;

para presumir te sobra

con cogerte de mi braso;

y como un día te vea

que enciendes un cigarrillo

vas a echar, sentrañas mías,

el humo por los tobillos.

No quiero que me pregunten

“Esa gachona, ¿quién es?,

¿una secretaria de esas

que beben champán francés?”

Ni tú eres mujer moderna

ni quiero que lo aparentes

que yo te prefiero antigua

y oliendo a mujer decente.

Que con el triguito limpio

toito er mundo te compare,

que por defuera y por dentro

te parezcas a mi mare.

¿Te cambiaste ya el vestío?

Pues andando p’al teatro,

ya verás tú con qué envidia

nos contemplan más de cuatro:

“¡Vaya un marío con suerte

y una mujer bien plantá,

es una vara de nardos

con la carita lavá!”.

Y al salir yo te prometo

cantarte por alegrías,

lo mismo que te cantaba

cuando tú eras novia mía:

“Mi novia es la más hermosa

y no se pinta la cara

la tiene como una rosa

tan sólo con agua clara”

El barco de mis amores

no tiene más que una vela

remendaita y graciosa

igual que María Manuela

Se conforma mi niña con un vestío

y le basta y le sobra con un marío.

De percal que se ponga,

¡viva el salero!,

es mi María Manuela

la reina del mundo entero

__:__Rafael de León____________________________

PENA Y ALEGRÍA DEL AMOR

Mira cómo se me pone

la piel cuando te recuerdo.

Por la garganta me sube

un río de sangre fresco

de la herida que atraviesa

de parte a parte mi cuerpo.

Tengo clavos en las manos

y cuchillos en los dedos

y en mi sien una corona

hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone

la piel ca vez que me acuerdo

que soy un hombre casao

y sin embargo, te quiero.

Entre tu casa y mi casa

hay un muro de silencio,

de ortigas y de chumberas,

de cal, de arena, de viento,

de madreselvas oscuras

y de vidrios en acecho.

Un muro para que nunca

lo pueda saltar el pueblo

que anda rondando la llave

que guarda nuestro secreto.

¡Y yo sé bien que me quieres!

¡Y tú sabes que te quiero!

Y lo sabemos los dos

y nadie puede saberlo.

¡Ay, pena, penita, pena

de nuestro amor en silencio!

¡Ay, qué alegría, alegría,

quererte como te quiero!

Cuando por la noche a solas

me quedo con tu recuerdo

derribaría la pared

que separa nuestro sueño,

rompería con mis manos

de tu cancela los hierros,

con tal de verme a tu vera,

tormento de mis tormentos,

y te estaría besando

hasta quitarte el aliento.

Y luego, qué se me daba

quedarme en tus brazos muerto.

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,

luto, angustia, llanto, miedo,

muerte, pena, sangre, vida,

luna, rosa, sol y viento.

Es morirse a cada paso

y seguir viviendo luego

con una espada de punta

siempre pendiente del techo.

Salgo de mi casa al campo

sólo con tu pensamiento,

para acariciar a solas

la tela de aquel pañuelo

que se te cayó un domingo

cuando venías del pueblo

y que no te he dicho nunca,

mi vida, que yo lo tengo.

Y lo estrujo entre mis manos

lo mismo que un limón nuevo,

y miro tus iniciales

y las repito en silencio

para que ni el campo sepa

lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,

—vida, no vuelvas a hacerlo—

te vi besar a mi niño,

a mi niño el más pequeño,

y cómo lo besarías

—¡ay, Virgen de los Remedios!—

que fue la primera vez

que a mí me distes un beso.

Llegué corriendo a mi casa,

alcé mi niño del suelo

y sin que nadie me viera,

como un ladrón en acecho,

en su cara de amapola

mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,

aunque se hunda el firmamento,

aunque tu nombre y el mío

lo pisoteen por el suelo,

y aunque la tierra se abra

y aun cuando lo sepa el pueblo

y ponga nuestra bandera

de amor a los cuatro vientos,

sígueme queriendo así,

tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena

quererte como te quiero!

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PROFECÍA

Me lo dijeron ayer

las lenguas de doble filo,

que te casaste hace un mes,

y me quedé tan tranquilo.

Otro hombre en mi caso

se hubiera puesto a llorar

y yo cruzándome de brazos,

dije, que me daba igual.

Nada de pegarme un tiro,

ni liarme a maldiciones,

ni apedrear con suspiros

los vidrios de tus balcones.

Te has casado, buena suerte.

Cien años vivas contenta

y a la hora de tu muerte

Dios no te lo tenga en cuenta.

Por que si al pie de los altares

mi nombre se te borró,

te lo juro por mi mare

que no te guardo rencor.

Porque sin ser tu marío

ni tu novio, ni tu amante

soy el que mas te ha querío,

con eso tengo bastante.

“¿Que tiene el niño Malena?,

que anda como trastornao.”

“Tiene carita de pena

y el colorcito quebrao.”

“Y ya no juega a la trompa,

ni tira piedras al río,

ni se destroza la ropa

subiéndose a coger níos.”

“¿No te parece a ti extraño?.”

“¿No es cosa muy rara,

que un chaval de doce años

tenga tan triste la cara?.”

“Mira que soy perro viejo,

y tu estás demasiao tranquila.”

“¿Quieres que te de un consejo?.”

“¡Vigila mujer, vigila!.”

Y fueron dos centinelas

los ojitos de mi mare.

“Y cuando sale de la escuela

se va por los olivares.”

“¿Y que busca allí, una niña?”

“¿Tarda el mismo tiempo que el José Miguel?”

“Déjalo ya mujer, déjalo,

que esta empezando a querer.”

Mi padre encendió un pitillo.

Se enteró bien de tu nombre,

a ti te compró unos zarcillos

a mí un pantalón de hombre.

Y fue por el campanario

cuando rompimos a hablar.

“Dice mi tiita Rosario

que la cigüeña es sagrá,

y el colorín, y aquel torito valiente

que bebe agua en la fuente.”

“Todo es sagrao tierra y cielo

por que todo lo hizo Dios.”

“¿Que es lo que mas te gusta de mí?.”

“Tu pelo, que bonito te salió…

y tu mano redondita,

y tu pie fingiendo el paso

de la paloma solita”.

Y hablando de estas tonterías

que inventan las criaturas

llegamos hasta la esquina

cogíos de la cintura.

Hice un ramo de pitiminí,

… precioso.

Y luego nos retratamos

en el agüita del pozo.

Tu me dijiste: “¿Que piensas?”

Yo te dije: “Darte un beso”

Y a ti te dio una vergüenza

que te caló hasta los huesos.

Y una vez puesta la luna

nos vemos en la ventana.

“Tengo a mi hermanito en la cuna,

le estoy cantando la nana:”

“Quítate de la esquina

chiquillo loco,

que mi mare no quiere

ni yo tampoco.”

Y mientras tu ibas cantando,

yo inocente me pensé

que la nana nos casaba

como marío y mujer.

Tonterías, pamplinas, figuraciones

que se hacen los chavales

luego la vida se impone.

Tanto tienes, tanto vales.

Por eso al enterarme

que llevas un mes casá

no dije que iba a matarme

sino, que me daba igual.

Mas, como es rico tu marío,

te vendo esta profecía:

Tu por las noches en sueños

soñarás que me querías.

Y recordarás aquella tarde

que mi boca te besó

y te llamarás cobarde

igual que te llamo yo.

Y verás sueña que sueña

que no morí siendo chico,

que se llevó la cigüeña

mi corazón en el pico.

Y si el cielo te da un hijo

hermoso como una estrella,

avísame deseguida

pa cantar la nana aquella:

Quítate de la esquina

chiquillo loco,

que mi mare no quiere

ni yo tampoco.

Y pensarás que no es cierto,

pensarás que estás soñando

y allá por la madrugá

te despertarás llorando,

por el que no es tu marío

ni tu novio ni tu amante

soy el que mas te ha querío,

con eso tengo bastante.

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Romance de aquel hijo que no tuve contigo

Hubiera podido ser

hermoso como un jacinto

con tus ojos y tu boca

y tu piel color de trigo,

pero con un corazón

grande y loco como el mío.

Hubiera podido ir,

las tardes de los domingos,

de mi mano y de la tuya,

con su traje de marino,

luciendo un ancla en el brazo

y en la gorra un nombre antiguo.

Hubiera salido a ti

en lo dulce y en lo vivo,

en lo abierto de la risa

y en lo claro del instinto,

y a mí… tal vez que saliera

en lo triste y en lo lírico,

y en esta torpe manera

de verlo todo distinto.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,

amor, hubiera tenido!

Tres caballos, dos espadas,

un carro verde de pino,

un tren con cuatro estaciones,

un barco, un pájaro, un nido,

y cien soldados de plomo,

de plata y oro vestidos.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,

amor, hubiera tenido!

¿Te acuerdas de aquella tarde,

bajo el verde de los pinos,

que me dijiste: — ¡Qué gloria

cuando tengamos un hijo! ?

Y temblaba tu cintura

como un palomo cautivo,

y nueve lunas de sombra

brillaban en tu delirio.

Yo te escuchaba, distante,

entre mis versos perdido,

pero sentí por la espalda

correr un escalofrío…

Y repetí como un eco:

“¡Cuando tengamos un hijo!…”

Tú, entre sueños, ya cantabas

nanas de sierra y tomillo,

e ibas lavando pañales

por las orillas de un río.

Yo, arquitecto de ilusiones

levantaba un equilibrio

una torre de esperanzas

con un balcón de suspiros.

¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria

cuando tengamos un hijo!

En tu cómoda de cedro

nuestro ajuar se quedó frío,

entre azucena y manzana,

entre romero y membrillo.

¡Qué pálidos los encajes,

qué sin gracia los vestidos,

qué sin olor los pañuelos

y qué sin sangre el cariño!

Tu velo blanco de novia,

por tu olvido y por mi olvido,

fue un camino de Santiago,

doloroso y amarillo.

Tú te has casado con otro,

yo con otra hice lo mismo;

juramentos y palabras

están secos y marchitos

en un antiguo almanaque

sin sábados ni domingos.

Ahora bajas al paseo,

rodeada de tus hijos,

dando el brazo a… la levita

que se pone tu marido.

Te llaman doña Manuela,

llevas guantes y abanico,

y tres papadas te cortan

en la garganta el suspiro.

Nos saludamos de lejos,

como dos desconocidos;

tu marido sube y baja

la chistera; yo me inclino,

y tú sonríes sin gana,

de un modo triste y ridículo.

Pero yo no me doy cuenta

de que hemos envejecido,

porque te sigo queriendo

igual o más que al principio.

Y te veo como entonces,

con tu cintura de lirio,

un jazmín entre los dientes,

de color como el del trigo

y aquella voz que decía:

“¡Cuando tengamos un hijo!…”

Y en esas tardes de lluvia,

cuando mueves los bolillos,

y yo paso por tu calle

con mi pena y con mi libro

dices, temblando, entre dientes,

arropada en los visillos:

“¡Ay, si yo con ese hombre

hubiera tenido un hijo!…”

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ERNESTO________________________