Poemas de Amor de Francisco Arias .

Con el deseo de verte vibrar

Te he buscado

en la noche plena, augusta, silente,

cuando no eran bastantes las estrellas del cielo,

para alumbrar mi abismo, para saciar mi anhelo,

para inundar de luz mi soledad inclemente.

Te he buscado con ansia, con ilusión creciente,

con la fe del obseso, con entusiasmo y celo,

te he buscado impaciente, triunfante sobre el hielo,

con el deseo de verte vibrar, incandescente…

Mujer: Yo, en esta noche, pienso en la noche eterna

de vidas que transcurren sin fuegos pasionales,

vidas que no son vidas, sino yermos eriales.

Mujer: Yo, en esta noche, te sueño mujer tierna,

mujer dulce y sensible… Y, con el poeta, digo:

“La noche está estrellada y ELLA no está conmigo”.

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En la copa de rubíMe

pregunto, niña bella,

radiante como la rosa,

si eres mujer o eres diosa,

lucero o brillante estrella.

Eres claro amanecer

de un florido abril risueño,

mitad mujer, mitad sueño,

gozo, deleite y placer.

En cuanto tu imagen vi

hechizado me rendí

al embrujo de tus ojos;

y un dulce néctar bebí

en la copa de rubí

que forman tus labios rojos.

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El dulce sabor de los sueños

En sueños viniste a mi pecho de amor

y me pareció que tu dulce brazo

me servía de almohada.

Sentí que me abrazabas,

que disfrutamos del amor

y la vigilia de los amantes.

Creí besar tus labios,

tu cuello, tu nuca y tus mejillas

y que alcanzaba la meta de tu amor.

Si no me visitara de noche tu imagen

jamás podría conocer

el dulce sabor de los sueños.

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He soñado contigo

He soñado contigo hacia la madrugada

y el amor que me hería aprovechando el sueño

me ha despertado cuando el alba en los balcones

se paraba lo mismo que un pájaro perdido.

Tú no sabrás qué sueño me despertó en la noche

ni por qué misterioso paisajes fuimos juntos.

No sabrás nunca el grave encanto que hacia el alba

me despertó a la vida otra vez suspirando.

¿Pues quién sabe por qué extraños caminos

sin que sepamos nada puede ir el amor?

¿Quién sabe por qué tiernos senderos todavía?

¿Quién sabes por qué prados ni por qué primaveras?

La lluvia azota mis cristales. (Son la siete.)

Tal vez te haga pasar la mañana en tu casa.

Piensa que yo he mirado largamente la sierra

y que he dicho tu nombre casi sin darme cuenta.

Y después he sentido una vaga tristeza

al ver sobre las verdes montañas y sus árboles

la belleza sombría de la luna y el viento,

una tristeza no demasiado grande,

casi risueña, casi alegre, inexpresable,

pero tan íntima y aguda que los días

no me podrán curar con sus cielos azules

de su encanto suave y agridulce,

oh amor, oh amargo amor, amor lejano,

siempre amor, siempre lejano, muy lejano,

oh amor lejano como el olor de las palmiras,

oh amor que siento más cerca cada día.

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Cuando caiga la noche

Cuando caiga la noche

espera mi visita:

sé que su oscuridad

es quién mejor encubre los secretos.

Siento un amor por tí

que si tuvieran los astros

que moverse con la misma fuerza,

no brillaría el sol

ni saldría la luna,

ni las estrellas aparecerían

en medio de la noche.

Si no me visitara tu imagen

cuando cae la noche

jamás podría conocer

el dulce sabor de los sueños.

Su cara de luna llena

resplandece en medio de la noche.

En la oscuridad su negro pelo florece

mientras brillan los luceros de sus ojos.

Mis manos se pasearon por su cuerpo,

bajando al valle de su cintura

y subiendo al monte de sus pechos.

Al acariciarla vibraba

como un junco de arena,

mientras besaba su rostro de sol naciente.

______________ERNESTO___________________

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