POEMAS DE AMOR Y DESAMOR

Mirando ya por la noche 
la luz de las estrellas, 
me parece que brilla ella 
y que su susurro se oye… 
Creo que es la que más destella 
de entre las del horizonte, 
y con su luz lo recorre buscando 
lo que para ella es de más importe:
busca para ella…¡otra estrella! 

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Prefiero un buen corazón 
a cualquier cara bonita, 
pero es que tú…¡qué delicia! 
tienes mucho de los dos. 

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En la esfera de tus ojos 
una cárcel me soñé; 
en el color de tus labios, 
unos besos de miel. 

En el oro de tu pelo 
un ídolo fabriqué; 
en tu silencio, el amor, 
que nunca podré tener. 

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Cariño, sigues siendo para mí 
como el rosado vino de una cena 
romántica, de suave placer llena; 
de dulce sabor, cálido y francés. 

Me sigues pareciendo aún, así, 
a pesar de que traes siempre penas 
a mi penosa vida, pues si queda 
en mí alegría, sólo es por tí. 

Hoy recuerdo aquel día en que pensé 
que tu amor me daría mis deseos, 
y no me vuelvo atrás de tal querer. 

Aún sigues siendo para mí, ese fuego 
que alimenta a mi alma, como ayer, 
y a mi pesar, te sigo queriendo. 

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No pienses que un silencio 
siempre quiere decir un olvido: 
uno y otro no es lo mismo, 
pues aún te recuerda el alma. 

Tú no me has escrito 
y yo tampoco; 
ambos hemos seguido 
el mismo camino: 
callar, y no olvidar 
en lo más hondo.  

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Mujer… 
¡qué lejos queda 
el sol cuando anochece 
y no lo ves en la luna! 

Sueño, y siempre apareces 
en el cielo de mi vida, 
sin embargo, estás tan lejos 
que quizás nunca amanezca de nuevo 
y despierte en una noche 
de oscuridad eterna. 

Mujer, 
¡qué lejos queda 
el sol cuando anochece 
y te cansas de soñar! 

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No sé volver a estar 
sin tí, tras haber pasado 
aquel poco tiempo juntos 
cuando nos reencontramos. 

Mis horas llenaste 
con un soplo delicado, 
y ahora es esa brisa 
la que mueve, muy despacio, 
los segundos en un tic-tac 
casi eterno, descuidado, 
haciéndome perder la paciencia, 
haciéndome sentir olvidado 
por la alegría de estar contigo; 
dejándome en tristes manos. 

Vuelvo a estar sin tí… 
aún recuerdo la despedida 
fría y triste aquella noche, 
y ha pasado toda una vida 
que sin tí, no supe llenar. 

No sé volver a estar 
sin tí, tras haber pasado 
juntos lo mejor de mi vida; 
sólo tú eres real entre las mentiras
de un mundo desquiciado, 
y no quisiera verte morir 
enterrada entre ellas 
como una más. 

Quiero que seas para mí, 
y hagas que olvide mis penas; 
nunca te quiero olvidar. 

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Siempre fuí feliz a tu lado, 
riendo cuando reías, 
callando cuando callabas 
y en tus labios la sonrisa 
quedaba muda y olvidada. 

He sido feliz aún y cuando 
yo creía olvidarte, 
o pretendía intentar 
algo como ello, tan absurdo: 
estabas en mí al tropezar 
en cada chica que al mirar 
creía descubrir un mundo… 
estabas en mí al soñar, 
y despierto, cada minuto. 

Pero sé que para ser feliz 
debo a veces escapar 
de tu lado, para luego 
descubrir que mi corazón 
aún está en tus manos; 
sé que debo sentirme libre 
y nunca, a tí encadenado; 
sé que debo seguir conociendo 
caminos equivocados… 

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Amando sin ser amado, 
y sabiendo que ama 
a otro en mi lugar, 
mi recuerdo le pertenece: 
mi vida y mis sueños 
me ha quitado su sonrisa 
en un soplo. 

Pensar en ella me enloquece; 
no sé callar el deseo 
que me hace oírla en la brisa: 
si…¡la oigo! 
susurra que me quiere, 
y cuando lanza sus besos 
siento que mi alma se agita 
y estoy loco… 

Veo su cara sonriente 
brillar ante mi espejo, 
y sé que es mentira 
en el fondo; 
la quiero, y soy consciente 
de que su amor fué un juego 
en el que perdí la vida. 

Caí en un pozo 
del que no puedo 
y no quiero salir; 
en el que quisiera morir 
si no es su llave 
la que abra mis cadenas. 

Mi vida y mis sueños 
son sólo suyos: 
vivo del deseo 
hacia ella, de amarla, 
de soñar recorrer su cuerpo 
desnudando con mis labios 
cada parte de su piel, 
y quizás nunca pueda 
volver a tenerla entre mis brazos. 

Mi recuerdo le pertenece 
como ella a mí, en el ayer; 
no hay sitio en el corazón 
para otro asunto que su amor: 
la quiero sin esperar su querer. 

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Todo esto es nada 
para lo que tú te mereces: 
la luna, el sol, 
el mundo entero a tus pies; 
mil poetas que te escriban, 
o uno sólo que te quiera 
como te quiero yo… 

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Cuando pienses que estás sola 
piensa en mí; 
cuando pienses si yo te quiero 
piensa que te quiero, 
y cuando no me comprendas 
compréndeme en silencio. 

Nunca estás sola, 
nunca estoy solo; 
estamos siempre juntos, 
solos y juntos, tú y yo. 

Nunca dudes que te quiera 
pues yo no dudo ni un segundo: 
somos nuestro propio mundo; 
dos solitarias estrellas. 

Y cuando no me comprendas 
compréndeme en silencio 
sin dudar… 
a veces no entiendo esos sentimientos: 
comprende que no entienda 
y sigue queriéndome igual.  

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Me pides que te olvide
aunque me sigas queriendo,
y no sufra mi corazón
por el amor que yo siento;
que sea feliz sin tí
aunque seas mi mayor deseo;
me pides que no respire
pero que siga viviendo…! 

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Vendería mi alma al diablo
por ser el dueño de tu corazón,
mas ni tú ni él me haceis caso…
¿estareis de acuerdo los dos ?  

 ERNESTOLunaSol

 

¿CUERDO? ¿LOCO?

POESÍA.¿Cuerdo?, ¿loco?, es un misterio.
¿Quien puede decir con acierto,
que por cierto siempre se tenga,
a quien no domina su cerebro?
¿Ofreciendo sus pensamientos,
sin razón aparente, que sostenga
ninguno de sus razonamientos?
¿O cuerdo, al que va manteniendo,
por ser lo que los demás piensan,
que la razón que él va ofreciendo,
es la verdad, aunque esté sabiendo
la necedad que el mundo acuerda,
para que nos estemos creyendo
la mentira que estamos viviendo?

Loco o cuerdo, ¿hay quien sepa,
cual de los dos es el más correcto?,
Si el que ve el mundo tan derecho,
o el que, yendo por tortuosa senda,
llega, bien por otro camino directo,
al mismo sitio de su encuentro,
teniendo sus mismas ideas locas.

Crucigrama que no está resuelto,
el loco dice que él es el perfecto,
que ya el cuerdo perdió su cabeza,
que su vida es ya un desacuerdo,
volviendo todo lo blanco en negro,
y triste es el porvenir que le espera,
en este mundo, ya tan deshecho.

Y el cuerdo, ve al loco tan fresco,
hablando de sus pocos recuerdos,
viéndole reírse, de forma somera,
de los errores que va cometiendo.
El, que se dice estar bien cuerdo
y diciendo que, locos, les falta sesera.
El cuerdo debería estar en encierro.

 

 

  ERNESTO.LunaSol

 

 

 

Otra hermosa leyenda sobre la Rosa azul

Un poderoso emperador de la China, sabio y bondadoso, se sentía muy feliz en su palacio: su pueblo era dichoso bajo su gobierno y su hogar, un paraíso de amor y paz. Pero algo había que le preocupaba en grado sumo. Su única hija, tan bella, como inteligente, permanecía soltera, y no demostraba mayor interés en casarse.
El emperador quiso encontrar un pretendiente digno de ella, para lo cual hizo proclamar su deseo de casar a la princesa. Los aspirantes a la mano de la joven fueron muchos; por lo menos, ciento cincuenta. Pero la inteligente muchacha, encontró un modo de burlar la disposición que había tomado su padre. Dijo que estaba dispuesta a casarse para obedecer al emperador, pero muy sutilmente, pidió una sola condición para aceptar marido: quien hubiera de casarse con ella, debería traerle una rosa azul.

Los pretendientes se desalentaron ante ese pedido. Nadie había visto nunca una rosa azul. ¿ En qué jardín del mundo florecería esa maravilla? Y con la seguridad de que hallar la rosa azul era una empresa imposible, la mayoría de ellos renunció a casarse con la bella princesa. Solamente tres persistieron: un rico mercader, un valiente guerrero y un alto jefe de justicia. El mercader no era un soñador, sino un hombre muy sensato. De modo que, muy sensatamente, se dirigió a la mejor florería de la ciudad, donde, con toda seguridad, debía hallar lo que buscaba. Se equivocó. El florista no había visto jamás una rosa azul en todos sus años de comerciante. Pero el rico mercader ofrecía una fortuna a cambio de esa extraña flor, y el florista prometió ocuparse de buscarla. Por su parte, el pretendiente guerrero, que había conocido tierras maravillosas en sus campañas, optó por dirigirse hacia el país del rey de los Cinco Ríos. Sabía que era un soberano riquísimo, en cuyo reino desbordaban los tesoros. El guerrero partió acompañado de cien soldados, y aquella comitiva armada y deslumbrante, causó una profunda impresión en el rey de los Cinco Ríos, que temiendo un ataque, ordenó a sus servidores que corriera a traer la rosa azul para ofrecerla al caballero que la pedía. Volvió el criado trayendo en sus manos un estuche afelpado. Cuando lo abrió, el guerrero quedó deslumbrado. Dentro del estuche había un hermoso zafiro tallado en forma de rosa.

Sin duda era un presente real, y el guerrero, seguro de su triunfo, regresó con la joya a su país. Pero la princesa movió la cabeza al contemplar la joya. El presente del guerrero no era más que eso, una piedra preciosa, no una flor verdadera. Aquel regalo no correspondía a la condición exigida. Poco tardó el mercader en saber que su rival había fracasado, y volvió a urgir a su florista para que le consiguiera la rosa azul. El comerciante se desesperaba sin resultado alguno, hasta que un día, su esposa, mujer llena de astucia, creyó encontrar la solución. Nada más fácil que teñir de azul una rosa blanca, y con ello, el mercader lograría la mano de la princesa y ellos una cuantiosa fortuna. Imposible describir la alegría del rico mercader cuando el comerciante de flores le hizo saber que ya había encontrado lo que necesitaba. Corrió a la florería, tomó la flor de pétalos azules y no demoró un segundo en llegar al palacio. Y cuando todos creían que el mercader había alcanzado su premio, la inteligente princesa movió su bella cabeza y dijo: —Eso no es lo que yo quiero. Esta rosa ha sido teñida con un líquido venenoso que causaría la muerte a la primer mariposa que sobre ella se posara. No acepté la joya del guerrero ni acepto la rosa falsa del mercader.

Yo quiero una rosa azul. A su vez, el alto jefe de Justicia, que había asistido al fracaso de sus dos rivales, vió que el campo quedaba libre para él. Pensó mucho tiempo en la forma de hallar la rosa azul que la princesa quería, y por fin, una idea feliz surgió en su mente. Visitó en su taller a un exquisito artista, y le pidió que hiciera un vaso de porcelana fina, donde debía pintar una rosa azul. El artista se esmeró en su obra, y cuando se la presentó al alto jefe de justicia, no dudó éste ni un momento que el triunfo era ya suyo. Con esta seguridad se presentó ante la princesa. La joven quedó realmente admirada ante aquel trabajo. Nadie había visto nunca un vaso de porcelana tan bello y transparente, y la rosa azul en él pintada, lo convertía en una verdadera obra de arte. Pero aunque admitió el regalo y lo agradeció con gentil gesto, tuvo que confesar que no era una rosa pintada lo que ella quería. Mucho lo lamentaba, pero tampoco el alto jefe de justicia había encontrado lo que ella pedía para conceder su mano. La ingeniosa princesa se había salido con la suya, sin que su padre pudiera hacerle el menor reproche. Y desde entonces ya nadie volvió a hablar del casamiento de la princesa, ni se presentó ningún otro pretendiente a aspirar su mano, con gran regocijo de la joven.

Pero poco después, ocurrió algo que debía hacerle lamentar su ingeniosa treta. Comenzó a hablarse en el palacio de un joven trovador que recorría el país entonando dulces canciones. Y una noche la bella princesa se paseaba con una de las doncellas por el jardín del palacio, llegó a sus oídos una dulce melodía. No dudó que se trataba del trovador de que tanto le habían hablado, y rogó a su doncella que los llamara. El trovador saltó el muro, y aquella noche cantó para ella sus mas hermosas canciones. La princesa y el trovador se enamoraron, y el joven volvió otras noches a cantar bajo sus ventanas. Cada vez mas grande fue su amor, y el trovador quiso presentarse ante el soberano para pedir la mano de la princesa. Entonces fue cuando la hermosa joven advirtió que la astucia que había empleado para alejar a sus pretendientes, impedirían que pudiera casarse con el trovador. Su padre le exigiría también a él que trajera la rosa azul. Y ella sabía que eso era imposible. Pero su enamorado la tranquilizó. Su amor todo lo podría. Gran revuelo se produjo en la corte cuando se supo que un nuevo pretendiente se sometía a la prueba de hallar la rosa azul y que se presentaría con ella. El trovador atravesó por entre la fila de cortesanos y damas, y llegó hasta la princesa. Tendió la mano, y le ofreció una hermosa rosa blanca que momentos antes arrancara de su jardín. La princesa sonrió feliz, y con el consiguiente asombro de todos, manifestó que esa era exactamente la roza azul que ella quería. Un murmullo de sorpresa y de indignación corrió por el salón, y hasta el mismo emperador miró a su hija, como si creyera que se había vuelto loca. Pero la vio tan dichosa, que comprendió todo, cortó de inmediato las hablillas diciendo que la princesa era quien había exigido tal condición, y que si ella, tan inteligente como todos los sabios de la corte, admitía que la rosa que le presentaban era azul, nadie podía dudarlo. Así triunfó el amor de la princesa china

ERNESTOLunaSol